España gasta 400 veces menos que Francia en ensayos clínicos de cáncer

Las dos principales asociaciones científicas denuncian el escaso apoyo público


redacción / la voz

Imagínese que un médico de un hospital sospeche que un fármaco ya existente que se utiliza para una enfermedad podría tener un efecto beneficioso para otra enfermedad. O que crea que el que se receta es innecesario porque ya no tienen ningún efecto. O que un investigador haya descubierto una diana terapéutica para tratar a un subtipo de cáncer que afecta a un grupo pequeño de población o que haya hecho lo mismo para una patología rara por la que ninguna gran farmacéutica esté interesada. En todos estos casos, tanto clínicos como científicos tendrían que realizar un ensayo clínico en pacientes para verificar su hipótesis. Pero, ¿qué ocurre? Que sin financiación privada, y en estos casos a los laboratorios no les interesan financiar los proyectos por el bajo rédito que les generan, no podrían hacerlo, porque en España no existe en la actualidad ningún programa público específico para financiar este tipo de actividades.

O, lo que es lo mismo, salvo que el programa sea sufragado por una asociación de pacientes, las posibilidades de que un médico pueda iniciar un ensayo clínico son prácticamente nulas. Es lo que han denunciado la Asociación Española de Investigación sobre Cáncer (Aseica) y la Sociedad Española de Oncología Médica (Seom) con motivo del Día de la Innovación en Cáncer. El ejemplo que han expuesto para denunciar la situación es lo suficientemente gráfico: mientras que Francia ha dedicado en el período 2012-2017 120 millones de euros a la promoción de ensayos clínicos independientes, sustentados por la financiación pública, España solo ha aportado en el mismo período 300.000 euros. Dicho de otra forma, la Administración española invierte 400 veces menos en este concepto que la gala.

«Tanto en Francia, como en outros países como Holanda, Gran Bretaña, Alemaña ou Italia, o 50 % dos ensaios clínicos son iniciados polos propios investigadores, aínda que logo sexan apoiados polos laboratorios, mentres que en España a porcentaxe redúcese ao 20 %», constata el padronés Xosé R. Bustelo, presidente de la Asociación Española de Investigación contra el Cáncer.

«Estamos a falar -añade- de ensaios que se fan na maioría dos casos con fármacos xa existentes para probar outras indicacións ou de terapias dirixidas a un grupo pequeno de xente, polo que non interesan as grandes farmacéuticas, pero que si axudan a mellorar a calidade de vida dos nosos pacientes».

Financiados por la industria

Tanto Bustelo como Ruth Vera, presidenta de la SEOM, coincidieron en la necesidad de impulsar la innovación y mejorar las condiciones de la investigación en cáncer para acelerar aún más la traslación de los avances científicos a los enfermos. Vera explicó que en la actualidad en España hay más de 800 ensayos clínicos, pero matizó que «la gran mayoría han sido financiados por la industria». Señala en este sentido que «debería estar más balanceado con estudios académicos que respondan a preguntas necesarias y fundamentales para los pacientes».

La cuestión no es que en España no haya profesionales capacitados para liderar un ensayo clínico. Más bien todo lo contrario. Lo que ocurre simplemente es que no pueden hacerlo porque carecen de financiación específica para ello. Hace años existía un programa, pero ya no está en vigor. Este desajuste lo explica de forma gráfica con una metáfora Xosé Bustelo. «Aos investigadores españois -dice - pásalles como a Fernando Alonso. Son moi bos, pero non teñen máquina, o seu automóbil non é competitivo para gañar carreiras». Y, como recuerda, lo que ocurre con los ensayos clínicos es solo la punta del iceberg.

Tanto Bustelo como Vera resaltaron la necesidad de acortar los tiempos en que las innovaciones se trasladan a los pacientes. De hecho desde que un laboratorio de investigación básica se hace un descubrimiento -como identificar una diana terapéutica o desarrollar un inhibidor molecular- hasta que eso se convierte en un nuevo tratamiento para los pacientes hay que esperar diez o quince años.

Ese tiempo es «insoslayable» para muchos pacientes, pero existe «un margen de mejora» para reducir los tiempos en cada momento del proceso, desde identificar dianas con datos de genómica de cáncer o identificar nuevas combinaciones de dianas terapéuticas, hasta identificar los mejores protocolos químicos de tratamiento y los grupos de pacientes de los ensayos clínicos. Pero ningún avance será útil si el Gobierno no pone los recursos necesarios para ayudar a los grupos de investigación.

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