El ajedrez de San Rosendo: donde Europa se llama Celanova

Ourense conserva ocho tallas de cristal de roca, uno de los juegos más antiguos del continente


santiago / La voz

En aquellos tiempos altomedievales, un artesano se afanaba en tallar con maestría el cristal de roca que acabaría en un monasterio que, aunque en Celanova, un rincón apartado del mundo, era el centro del mundo. Allí, en el taller del artesano, no había torres. Lo que surgía entre sus manos habilidosas era un ruhk, la palabra persa para carro. Ya había ajedrez, pero eran carros los que se movían entre los escaques para proteger al rey en esa jugada que, aunque oculto, mantiene su origen: enroque.

Uno de esos ruhk, aunque ya sin rey al que proteger, ha trascendido los siglos y desde 1958 brilla en el Museo Diocesano de Ourense sin que el mundo sea consciente de los destellos del cuarzo que, aunque arrastra los golpes del tiempo, sigue en un excelente estado de conservación. El carro forma parte del ajedrez de San Rosendo, una colección única de ocho piezas -peón, carro, alfil, caballo- que entre el siglo IX y XI salió de las manos de un artesano que hasta hace poco se pensaba egipcio, pero que la arqueología ha venido a demostrar que era cordobés. De las excavaciones en las alcantarillas del palacio de Medina Azahara que descubrieron que en algún punto de la ciudad tenía que haber un taller -y que las piezas que se conservan en España probablemente habían salido de allí, quizá de la misma mano- hablará por primera Fernando Valdés, doctor de arqueología islámica de la Universidad Autónoma de Madrid, que hoy participa, junto a Leontxo García y Anselmo López Carreira en la ICC Week de Ourense.

En el ajedrez árabe no había reinas. Fueron los españoles los que hace algo más de 500 años inventaron el ajedrez moderno, en cuya federación hay inscritos hoy 190 países. Un juego moderno que añadió la dama «probablemente como homenaje a Isabel la Católica». Lo explica el periodista Leontxo García, convencido de que el ajedrez tiene que ser marca España. ¿También Galicia? «Por supuesto. Piezas como las de San Rosendo son argumentos históricos de enorme valor, porque demuestran que los árabes trajeron el ajedrez ya en sus primeras invasiones».

Pero ay, como no está claro que el ajedrez de San Rosendo fuese realmente de San Rosendo -porque según la cronología, sería muy mayor cuando podría haberlo tenido, aunque cabe esa posibilidad-, tampoco hay seguridad de que las piezas de ajedrez se usasen para el ajedrez. El cristal se vuelve un poco opaco en este punto. No se sabe muy bien cómo llegaron las ocho piezas del segundo ajedrez más antiguo de Europa -por detrás del de San Genadio, que se conserva en el Bierzo, que por aquel entonces también era Galicia- ni tampoco para qué. «Pudieron ser decoraciones», dice Fernando Valdés. «Seguramente en algún momento alguien las usó para jugar al ajedrez, pero llegan al contexto cultural del norte y como son brillantes, parecen joyas, brillan y además están muy bien trabajadas, no se usan para jugar, sino como decoraciones de las arcas de las reliquias de los santos más venerados de los sitios».

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