«Aquí los niños están como en casa»

En plena época de matrícula en las escuelas infantiles, visitamos tres de los modelos de centro que se ofrecen en Galicia


redacción / la voz

Siete y media de la mañana. En la cocina de la escuela infantil municipal de Arteixo ya están listos los desayunos para los más madrugadores. Unos 150 pequeños de 0 a 3 años pasan aquí parte de su día. Su guarde es una de las algo más de 300 escuelas infantiles públicas que hay en Galicia. En este caso, el centro depende del ayuntamiento y, al igual que en los de titularidad autonómica, las familias pagan según su renta. En función de ella, los precios van desde los cero euros hasta un máximo de 230 por ocho horas de atención que incluye el servicio de comedor. El horario es inusualmente amplio. Aquí las puertas están abiertas hasta las ocho y media de la noche y los padres pueden escoger cuatro horarios distintos. Una flexibilidad que no siempre es posible cuando se opta por una escuela pública. En las Galiñas Azuis de la Xunta, por ejemplo, lo más habitual es que estén abiertas de ocho de la mañana a cinco de la tarde, aunque con excepciones.

En una de las aulas de bebés, un pequeñín disfruta de un masaje mientras sus compañeros hacen algo de gimnasia acompañados por una profe de prácticas. En la clase de enfrente, los veteranos de 2 a 3 años están guardando las tabletas en las que hace un momento resolvían puzzles. «Aquí traballamos moito as novas tecnoloxías porque temos a sorte de que o concello nos dotou de pantallas dixitais, tabletas, mesas de luz... Temos tamén pequenos robots grazas aos que empezan a familiarizarse coa robótica», explica Vanessa Martínez, directora del centro. El inglés también forma parte de su proyecto educativo, gracias a la teacher Susi, que todos los días comparte media hora de juegos y canciones en inglés con cada uno de los grupos. Tampoco faltan talleres para ponerles en contacto con la naturaleza como por ejemplo, los pequeños huertos que han empezado a plantar en el patio descubierto del que disponen. Una plantilla de 18 personas hace posible todo esto.

Casas nido para el rural

Es media mañana cuando suena el timbre en una casa de dos plantas de Begonte. Alba Ouro se encarga de abrir la puerta. Y también de todo lo demás. Ella es la responsable de la casa nido Avelaíña que en el 2016 abrió en este municipio lucense. Esta maestra de infantil vio en el entorno rural una posibilidad para desarrollar su trabajo. «As casas niño poden abrirse en concellos de menos de 5.000 habitantes que non conten con outros puntos de atención á infancia. Eu presentei o proxecto no 2016 e a Xunta aproboumo», cuenta. Así fue como ella se hizo autónoma y su casa se convirtió en un segundo hogar para cinco niños del concello. «So podo ofrecer cinco prazas porque teño que ser a única profe, non podo contratar a ninguén de apoio. De oito da mañá a catro da tarde eu atendo aos nenos, doulles a comida que lles traen os pais, deseño e desenvolvo as actividades, recibo as familias... e ao rematar tamén son a que limpa».

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Casas nido, una alternativa de conciliación en el medio rural Visitamos Avelaíña, la casa nido de Begonte y pasamos una mañana con Alba y sus cinco pequeños alumnos

Las plazas siempre han estado muy solicitadas, pero este curso todavía lo estarán más, ya que dos de ellas están ocupadas por los mellizos de Alba que acaban de cumplir seis meses. Junto a ellos, Pedro, de 16 meses, y Carla, de casi dos años, se pasean por la amplia sala de juegos como si estuvieran en su propia casa. «O esencial é precisamente que isto sexa unha extensión dos seus fogares, que non noten desapego. Aquí respectamos moito os seus ritmos, non forzamos as actividades nin os horarios», aclara mientras abre la puerta a Marcos, el último niño en llegar esta mañana. Él entra encantado y su madre, más. «En Begonte non había onde deixar aos pequenos e as garderías dos arredores estaban saturadas. Aquí todo son facilidades, danlles moitísimo cariño e está como en casa», destaca. Por si fuera poco, las familias no pagan por el servicio, que subvenciona la Xunta.

Escuelas privadas

Ya ha caído la noche cuando Diego Fariña llega a Trastes A Grela a por su hijo Leo. En esta escuela infantil privada de A Coruña el pestillo no se echa hasta las diez y media de la noche. Aquí hay niños con horario de mañana, partido, de tarde... incluso los hay que acuden a horas distintas cada semana, según el ritmo al que cambian los turnos de sus padres. «El horario extendido y la flexibilidad fueron fundamentales para nosotros. Mi mujer trabaja hasta las diez de la noche, yo también trabajo por las tardes, ninguna guardería pública se adaptaba a nuestros horarios», cuenta Diego, mientras una de las profes se despide de Leo hablándole en un perfecto inglés nativo.

En Trastes hay 14 educadoras y se suele dividir a los pequeños en grupos homogéneos de edad a intervalos de cinco meses
En Trastes hay 14 educadoras y se suele dividir a los pequeños en grupos homogéneos de edad a intervalos de cinco meses

El horario no es su único secreto para cubrir plazas y tener lista de espera todos los cursos, recibiendo incluso reservas para bebés que aún no han nacido. «Nuestro proyecto educativo es nuestro gran valor. Con los más pequeños ya se trabaja la estimulación temprana. A partir de ahí, el aprendizaje sensorial y a través de experiencias es fundamental», destaca Natalia Argibay, directora del centro. Las tarifas, eso sí, son superiores que en los centros públicos, alcanzando los 305 euros por una estancia de ocho horas y comedor.

Los peques acuden con el uniforme de la escuela
Los peques acuden con el uniforme de la escuela

Son casi las nueve de la noche. Dani, uno de los veteranos de la escuela -el año que viene se irá al «cole de mayores»- se sienta a cenar. Brécol, patata y lomo para reponer fuerzas de una jornada en la que no ha faltado el momento de disfrutar del arenero o el huerto. Bajo la atenta mirada de una de las catorce educadoras, va pinchando los trozos. Aquí todo está adaptado a su medida, desde el mobiliario hasta el baño. «Fomentamos la autonomía de los pequeños», se enorgullece Natalia. Sabe que las distintas opciones de escuelas infantiles son un recurso imprescindible para gran parte de los casi 60.000 niños menores de tres años que hay en Galicia.

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