Europa financia la investigación de un gallego para desvelar cómo se creó la materia justo después del «big bang»

Carlos Salgado, del Instituto Galego de Física de Altas Enerxías, es el segundo científico que trabaja en Galicia en acceder al elitista programa Advanced Grant


redacción

Piense en un dedo, una silla, un frigorífico o en cualquier objeto animado o inanimado que se encuentre a su alrededor. Y ahora imagínese que se pudieran fundir a una temperatura 100.000  veces superior a la que se genera en el interior del Sol. Se obtendría una especie de sopa, un plasma líquido formado por quarks y gluones que constituye el material primigenio que se formó en el universo un micro instante después del «big bang».

Esta simulación es hoy por hoy imposible, pero sí existe la posibilidad de recrearlo mediante el choque de núcleos de plomo que se realiza en el Gran Colisionador de Hadrones de Ginebra (LHC). Es lo que ha permitido conocer varias de las propiedades de este plasma del que surgió todo lo que vemos y conocemos. Pero queda pendiente una gran interrogante, un misterio que sigue intrigando a los físicos: cómo se formó. Averiguarlo equivale a conocer cómo se formó el cosmos. Y es la pregunta a la que intentará responder el físico gallego Carlos Salgado, director del Instituto Galego de Física de Altas Enerxías de la USC, gracias a una ayuda del elitista programa Advanced Grant del Consejo Europeo de Investigación (ERC), destinado a financiar proyectos en la frontera del conocimiento que permitan romper las barreras de la ciencia y dirigido a investigadores excelentes.

De hecho, Carlos Salgado es el segundo científico gallego que trabaja en la comunidad que ha obtenido este reconocimiento, que le supone una financiación extra de 2.5 millones de euros para realizar su trabajo. El primero fue José Luis Mascareñas, director del Ciqus, también de la USC. Con anterioridad lo había recibido Luis Liz Marzán cuando trabajaba en la Universidade de Vigo, pero poco después fue fichado por el Gobierno vasco para dirigir el Centro de Investigación Cooperativa en Biomateriales CIC BiomaGune de San Sebastián, donde trabaja actualmente.

«Nós podemos recrear o plasma primitivo ca colisión de partículas, coñecer incluso as sús propiedades, pero non sabemos explicar cómo se fixo, por que se creou», explica Carlos Salgado, que dedicará los próximos cinco años a intentar resolver uno de los secretos mejor guardados del universo. Es un proyecto arriesgado, mucho más aún que el que le valió hace años un Starting Grant, concedido también por el Consejo Europeo de Investigación. «O normal é que cando te fas maior -advierte- os proxectos sexan menos arriscados, pero este non é o caso. É máis arriscado aínda».

Para comprender no sólo cómo empezó todo, sino cómo se formó todo lo conocido hay que retrotraerse en el tiempo. En concreto entre tres y cinco yoctosegundos, la unidad del tiempo más pequeña que existe, después del «big bang». Mucho menos que un suspiro. Para ponerse en situación piense que la luz tarda tres yoctosegundos, una bilonésima de una billonésima parte de un segundo, en atravesar un protón. O imagine también que si un segundo fuese tan grande como toda la edad del universo, ese tiempo sería un millón de veces más rápido que el parpadeo de un ojo. Algo totalmente ínfimo, pero suficiente, o al menos eso se cree, para conocer como en ese micro instante se creó la materia. Pero para ello es necesario medir ese tiempo, lo que ya de por sí supone un enorme desafío. «O que tes que facer é calibralo para poder medilo», explica Salgado.

Es la puerta para identificar el mecanismo físico que describe la creación de la materia primigenia constituida a partir del plasma de quarks y gluones. El proyecto YoctoLHC propone utilizar de manera novedosa un tipo de sondas, los jets o chorros de partículas producidos a alta energía, para realizar una imagen temporal de los primeros diez yoctosegundos de la colisión y entender, de esta forma, cómo se generó lo conocido. La investigación se llevará a cabo en el Instituto Galego de Altas Enerxías.

La física gallega brilla en el mundo

R. Romar

El instituto de altas energías de Santiago, el único centro gallego de investigación con un sello de excelencia nacional, cimenta su éxito en la internacionalización

El despegue de la física en Galicia tiene su origen en un despacho de apenas cinco metros cuadrados. Fue el que le asignaron en 1979 a Carlos Pajares, el impulsor de la física de partículas. Hoy, casi cuatro décadas después, la comunidad es un auténtico referente internacional en el área. Y esta historia de éxito se resume en la suma del esfuerzo de varias generaciones de científicos que consiguieron traspasar los muros del pequeño habitáculo para erigir el Instituto Galego de Física de Altas Energías (Igfae), de la Universidade de Santiago, el único centro gallego que cuenta con el sello a la excelencia científica María de Maetzu, otorgado por el Ministerio de Economía tras superar la evaluación de un comité científico internacional.

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