La Eurocámara se prepara para dar la estocada al cambio de hora estacional

La institución vota su informe para poner fin al baile de manecillas en el 2021 a más tardar

Cambio de hora
Cambio de hora

BRUSELAS

Cuando los europeos se levanten el próximo domingo, sus relojes digitales les habrán arrebatado una hora de sueño. Lo habitual en estas fechas del año. Nada ha cambiado. La promesa del presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, de poner fin al cambio de hora estacional el 31 de marzo ha caído en saco roto. Españoles, portugueses o franceses tendrán que seguir adelantando y atrasando sus relojes como muy pronto hasta el año 2021 porque no hay consenso entre las capitales.

La Eurocámara, como la Comisión, insiste en sacar adelante la iniciativa. El hemiciclo tomará posiciones mañana. Está claro que hay una mayoría a favor de desterrar el baile de manecillas bianual. Es lo de dejaron entrever hoy al debatir sobre el expediente del cambio de hora. Los argumentos no son nuevos: El margen de ahorro energético es irrelevante y el impacto en la salud de las personas es negativo.

«El sistema de cambio de hora es artificial y debería pasar a la historia», sostuvieron los socialdemócratas. «No cambiar la hora es mucho mejor. De lo contrario, seguirán aumentado los accidentes de tráfico y los ataques al corazón», justificaron los Verdes. Sin embargo, los especialistas consultados por Bruselas aseguran que los resultados de los estudios «no son concluyentes».

«La propuesta carece de una evaluación exhaustiva. No se pueden tomar decisiones de forma tan precipitada, pueden acabar generando barreras y fronteras horarias donde no existen», se quejó el socialista gallego, José Blanco, durante una sesión donde se puso más el foco en responder a la ansiedad ciudadana que en profundizar sobre sus efectos.

«Es lo que más eco ha generado entre los ciudadanos europeos», se justificaba la responsable del informe, Marita Ulvskog. Los populares pusieron el foco en los problemas que podrían emerger en el mercado interior si se produce un mosaico de horarios. Y es que cada Estado miembro podrá decidir si se quedan en horario de verano (con tardes más largas) o el horario de invierno (mañanas más soleadas) antes del 2021.

La Eurocámara ha puesto esa fecha límite para dar tiempo a la industria a adaptarse. Las aerolíneas y aeropuertos, por ejemplo, tienen que planificar sus franjas horarias con años de antelación.

¿Qué posición tienen los países?

El Consejo está bloqueado. Suecia, Finlandia y Alemania quieren apurar los trámites. Pero países como Holanda, Bélgica e Irlanda se oponen. En España los trabajos se han torcido. La comisión de expertos encargada de evaluar las ventajas y los inconvenientes de poner fin al baile de manecillas no llegó a ninguna resolución concluyente. Expertos médicos y biólogos sostienen que el cambio de hora altera el bioritmo del cuerpo humano, provocando todo tipo de síntomas, desde el agotamiento físico y a la pérdida de concentración hasta los problemas cardíacos y de peso.

Los físicos, por el contrario, se inclinan mayoritariamente por mantener el estatus quo porque es la forma más eficaz de ajustar nuestros horarios al ciclo solar natural. La línea entre lo beneficioso y perjudicial es tan estrecha que los gobiernos no tienen claro cómo posicionarse. Algunos, como el portugués, lo tuvieron claro desde el principio: Se opondrán al fin del cambio de hora porque así lo recomiendan sus científicos, no el oportunismo político. El debate en otros países está en pañales y no hay apetito en el Consejo para dejar listos los deberes antes del 2021.

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