Lo que trae el mar en la Costa da Morte, desde impresoras a bidones sospechosos

Cristina Viu Gomila
Cristina Viu CARBALLO / LA VOZ

SOCIEDAD

JOSE MANUEL CASAL

Los vecinos de esta zona mantienen la tradición de los recolectores de crebas, restos que llegan a la orilla; el último episodio es el de las botellas de aceite de girasol en Camariñas

21 mar 2019 . Actualizado a las 09:53 h.

En 1884, el párroco de Tallo (Ponteceso) le escribió al arzobispo para saber qué debía aconsejar a los raqueros que se le presentaran en el confesionario. Se habían producido poco antes dos naufragios en la zona y los vecinos habían acudido a recoger las crebas (los restos que el mar lleva a la costa) y el sacerdote no tenía claro si debía dejarles disfrutar de lo conseguido o ponerles la restitución como penitencia.

Frente a la Costa da Morte pasan todos los días centenares de embarcaciones. No por nada existe un corredor para la navegación y donde hay buques, hay crebas, unas más interesantes que otras. El lunes aparecieron en la costa miles de objetos de plástico. Los que contenían aceite en su interior fueron recogidos por camariñáns e incluso laxenses, pero todos los demás, centenares y centenares de tapones, han quedado para que los voluntarios de la asociación Mar de Fábula los recolecten el sábado. 

Sofás de piel

Hace poco más de un año, en enero del 2018, el MSC Eloane perdió entre 34 y 40 contenedores frente a la Costa da Morte. Las playas de la zona se llenaron de todo tipo de objetos. Desaparecieron los botes de leche en polvo que tenían buen aspecto y los sofás de piel, además de centenares de cartones de tabaco rubio americano. La propia directora xeral de Calidade Ambiental, Cruz Ferreira, tuvo que reconocer que cajetillas habían aparecido muy pocas. Fue en respuesta a un reproche del BNG por dejar en manos de voluntarios el grueso de la retirada de carga. Entre las cosas que retiró Tragsa había sofás de tela estropeados, trozos de contenedores y su aislante y los botes abiertos o en mal estado. Esas crebas se extendieron desde Fisterra a Laxe, con lo que los beneficios quedaron muy repartidos.