Lo que trae el mar en la Costa da Morte, desde impresoras a bidones sospechosos

Los vecinos de esta zona mantienen la tradición de los recolectores de crebas, restos que llegan a la orilla; el último episodio es el de las botellas de aceite de girasol en Camariñas


carballo / la voz

En 1884, el párroco de Tallo (Ponteceso) le escribió al arzobispo para saber qué debía aconsejar a los raqueros que se le presentaran en el confesionario. Se habían producido poco antes dos naufragios en la zona y los vecinos habían acudido a recoger las crebas (los restos que el mar lleva a la costa) y el sacerdote no tenía claro si debía dejarles disfrutar de lo conseguido o ponerles la restitución como penitencia.

Frente a la Costa da Morte pasan todos los días centenares de embarcaciones. No por nada existe un corredor para la navegación y donde hay buques, hay crebas, unas más interesantes que otras. El lunes aparecieron en la costa miles de objetos de plástico. Los que contenían aceite en su interior fueron recogidos por camariñáns e incluso laxenses, pero todos los demás, centenares y centenares de tapones, han quedado para que los voluntarios de la asociación Mar de Fábula los recolecten el sábado. 

Sofás de piel

Hace poco más de un año, en enero del 2018, el MSC Eloane perdió entre 34 y 40 contenedores frente a la Costa da Morte. Las playas de la zona se llenaron de todo tipo de objetos. Desaparecieron los botes de leche en polvo que tenían buen aspecto y los sofás de piel, además de centenares de cartones de tabaco rubio americano. La propia directora xeral de Calidade Ambiental, Cruz Ferreira, tuvo que reconocer que cajetillas habían aparecido muy pocas. Fue en respuesta a un reproche del BNG por dejar en manos de voluntarios el grueso de la retirada de carga. Entre las cosas que retiró Tragsa había sofás de tela estropeados, trozos de contenedores y su aislante y los botes abiertos o en mal estado. Esas crebas se extendieron desde Fisterra a Laxe, con lo que los beneficios quedaron muy repartidos.

 

Impresoras

Nada que ver con lo que ocurrió a finales de febrero del 2006 en la costa de Carballo. Quizá la imagen más potente de ese día sea la de una mujer muy mayor y enlutada transportando una impresora del trinque en la cabeza. El contraste del blanco con el negro sobre el fondo verde de la costa de Rebordelos tenía algo de poético y mucho de filosófico porque emparentaba la tradición de las crebas (o del pillaje) con la modernidad.

Un contenedor caído de un barco embarrancó junto a la playa de Leira. Transportaba aparatos electrónicos que fueron debidamente rapiñados, a pesar de la presencia de la Guardia Civil.

También tuvo bastante interés, aunque anecdótico, la aparición en la playa de Traba de Laxe de al menos medio centenar de pequeños clíper (un tipo de embarcación de tres mástiles) realizados en madera y destinados a la decoración. Probablemente se trataba de una carga para tiendas de chinos. Fue también en el 2006, en febrero. 

Bidones

Quizá las crebas más llamativas o que dieron más que hablar fueron las de Casón. A principios de diciembre de 1987 el buque embarrancó frente a Fisterra. Murió buena parte de la tripulación, hubo diplomáticos chinos intentando evitar que se conociera el cargamento, explosiones y la evacuación masiva de la población de la zona, además de una revuelta por el traslado de los bidones que quedaban en el barco por el miedo a que contuvieran sustancias contaminantes. A pesar de todo eso, hubo vecinos que se llevaron a sus casas esos toneles que, según se decía, podían contener sustancias radiactivas. Alguno llegó a guardarlos años. 

El Art

A principios de septiembre del 2005, la historia negra de la Costa da Morte resurgió en la punta do Boi. Un yate de lujo alemán embarrancó junto a la playa de Trece y atrajo a una multitud. Solo dos días después del accidente, la embarcación, que era accesible desde tierra comenzó a ser desmantelada. Hubo cinco personas denunciadas e investigadas que terminaron por devolver los objetos rapiñados. Además, la embarcación fue objeto del conocido como turismo de naufragios, que en este caso incluía un paseo por el inmaculado interior, para saber cómo vivía ese dueño de un club de Primera División que lo había comprado. Años después, en la misma zona varó la gabarra ucraniana Prima, que fue desmantelada allí mismo por una empresa de Vigo. Durante el tiempo en que estuvo allí también recibió constantes visitas y atención por parte de los vecinos. 

Goma, plástico y Man

Pero lo habitual en la zona es que las crebas sean de goma o plástico. En abril del 2016 aparecieron decenas de suelas de zapatillas y neumáticos en Caión y Man, el alemán de Camelle, logró convertir en arte botellas que el mar llevó hasta su casa.

El mar abastece de aceite de girasol la costa de Camariñas

Cristina Viu

Vecinos de Camelle y Arou recogieron cientos de botellas que llegan desde el domingo a las playas

«Primeiro voulles fritir uns bistés ao can e máis ao gato. Se non morren xa o tomo eu», dice completamente en serio una vecina de Arou a la que el mar regaló 40 botellas de lo que parece aceite de girasol. Los supermercados de la zona estarán mucho tiempo sin vender este producto, siempre que las mascotas de esta o otros residentes en la costa camariñana hayan logrado sobrevivir al festín del que ayer disfrutaron.

Cientos de botellas de plástico, con el tradicional tapón amarillo y llenas de un líquido de aspecto oleoso y color pajizo empezaron a arribar a las playas y coídos el domingo, pero entre el lunes y este martes llegaron la mayor parte. No fueron muchos los que consiguieron reunir 40 litros, pero sí los que cargaron con 12 o 15. A José Manuel Barros, de la entidad ecologista Mar de Fábula, le parecía inverosímil que la gente fuera a consumir un producto cuya procedencia se desconoce, porque venía sin etiqueta, pero Camelle y Arou son pueblos de larga tradición en cuanto a las crebas, que son restos que deja el mar, se refiere. 

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