María de la Fuente: «Llegué a culpabilizarme por no trabajar mucho en mis bajas por maternidad»

La investigadora gallega se convirtió en un referente nacional en la lucha por la igualdad de las mujeres científicas


redacción / La voz

María de la Fuente Freire (As Pontes, 1978) se ha convertido en un icono nacional en la lucha por la igualdad de las mujeres en la ciencia. Su lucha por conseguir que las embarazadas no sean penalizadas en su carrera profesional, tanto en los procesos de selección como de evaluación, la ha convertido en un referente, aunque en su caso particular la situación aún no ha cambiado. Continúa con la misma categoría, a pesar de que en el último año -el que pidió que también se le evaluase tras estar 13 meses de baja por la maternidad de sus dos hijos- ha acumulado méritos más que suficientes para subir de categoría. Ha registrado dos patentes y conseguido siete proyectos de investigación, uno de ellos europeo. Y es que, desde la Unidad de Nano-oncología que dirige en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago, también se ha convertido en un referente en esta área. De ello, de La Medicina, un mundo pequeño con grandes perspectivas, hablará hoy (19.30 horas) en la Domus en una charla organizada por la Fundación CorBi.

-El 8-M su cara apareció en un mural de la Gran Vía de Madrid, junto con el de otras tres mujeres elegidas como referentes en la lucha por la igualdad. ¿Qué siente?

-Me hace mucha ilusión porque prueba que las batallas que en principio parecen perdidas no lo son tanto y que cualquier mujer anónima, puede lograr sus objetivos con esfuerzo. Lo que tenemos que hacer es unirnos y reivindicar de manera colectiva.

-Usted ha conseguido que no se penalice a las mujeres investigadoras por ser madres. ¿Queda mucho aún por lograr?

-Bueno. Se consiguió empezar a visibilizar el problema. La gran batalla ganada es que se está hablando de un tema del que no se hablaba, que había una serie de conductas discriminatorias muy normalizadas, como asumir que teníamos que trabajar durante las bajas, que si teníamos vocación debíamos hacer sacrificios personales, que hay que hacer renuncias constantes, que no podemos parar un minuto... Yo cuando empecé a trabajar me sentía culpable de no haber trabajado mucho durante las bajas, porque había un sentimiento común de que era algo que teníamos que hacer, cuando no es para nada normal.

-Pero sí que se ha conseguido algo más que visibilizar la situación de las investigadoras.

-El Gobierno central, a través del Instituto de Salud Carlos III, cambió la convocatoria de la acción estratégica de salud incorporando muchas medidas para evitar que la maternidad penalice a los investigadores, además de otros supuestos muy importantes. Lo cambió en todas las convocatorias para la selección y evaluación de personal. También se aprobó el real decreto que lleva medidas para garantizar la igualdad de oportunidades. Pero sigue habiendo un problema muy importante, porque las competencias están transferidas y los investigadores biomédicos dependemos de las comunidades.

-¿Qué hay que hacer en Galicia?

-Pues lo mismo, porque las comunidades son los órganos contratantes y, si no se suman al movimiento, pues no hay nada que hacer. Por ejemplo, yo sigo con un contrato inferior al de mis compañeros y esto nadie lo revisa. Creo que para garantizar la igualdad de oportunidades aún hay que hacer mucho. Primero, visibilizar; segundo, legislar y luego comprometerse.

-Harán falta otras reformas.

-Sí, una cosa muy importante es la precariedad laboral de los científicos y científicas. Los investigadores del ámbito biomédico estamos casi todos con contratos temporales, y esto no puede ser. En estas condiciones de precariedad casi siempre somos las mujeres las más perjudicadas, porque somos las que paramos cuando tenemos bajas por maternidad.

-Sobre su trabajo. ¿La nanotecnología también es una revolución en el cáncer?

-La nanotecnología ha supuesto una revolución en todas las áreas y en la biomedicina también. Podemos utilizar nanopartículas tanto para el diagnóstico como para terapias. Tienen un tamaño muy pequeño y, por eso, tienen la capacidad de poder acumularse en tumores. Si las cargamos con fármacos conseguimos que estos vayan de manera preferente a las células tumorales y metastásicas, con lo que logramos una mayor eficacia y una menor toxicidad. Ya hay nanomedicamentos que se utilizan en clínica y muchos que están siendo evaluados.

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«Me llamo María, tengo 39 años, soy científica y madre de dos niños. Como tantas mujeres, he sido penalizada en mi trabajo debido a mi maternidad». Así de contundente se expresaba hace diez meses la científica gallega María de la Fuente Freire en la campaña que inició en Change.org para pedir al Instituto de Salud Carlos III, del Ministerio de Sanidad, que «deje de fomentar la discriminación por maternidad». Fue solo una de las iniciativas que puso en marcha en una lucha, que había iniciado un año antes, para conseguir que en los procesos de evaluación en los contratos públicos de investigación no se compute el tiempo que las mujeres están de bajas por maternidad, de tal modo que en la valoración de méritos puedan competir en igualdad de condiciones con los demás candidatos. De la Fuente Freire, directora de la Unidad de Nanooncología del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS), se reunió con portavoces de todos los partidos, que le expresaron su apoyo, así como con representantes de la Administración y del Congreso para exponer su demanda y hace unos meses reactivó su campaña junto con otras investigadoras que se encontraban en una situación parecida, como Carmen Agustín, Diana de la Iglesia y Ana González. Quería visibilizar que su lucha era en favor de todas las mujeres, pretendía que no tuvieran que pasar lo que le ocurrió a ella, que no pudo acceder a un contrato de la máxima categoría Miguel Servet porque estuvo 13 meses de baja para atender a sus dos hijos. Su causa la dio por perdida, pero no la de sus compañeras.

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