Carpintería de ribera: La séptima generación mantiene viva la construcción de barcos artesanales

Francisco Fra Rico regenta en San Cibrao (Cervo) una carpintería con más de dos siglos de antigüedad: «Cando os barcos de fibra leven navegado os séculos que levan os de madeira!»


En estos tiempos que tanto se reivindica la necesidad de una conciencia social ambiental y de apostar por coches menos contaminantes, las carpinterías de ribera no gozan del protagonismo que debieran tener por ser una actividad artesanal de un alto valor ecológico, como reivindica la Asociación Galega de Carpintería de Ribeira (Agalcari). A este colectivo pertenece como vocal Francisco Fra, el propietario de un negocio que se mantiene en pie en A Mariña, una comarca que es un referente en el sector pesquero y donde el náutico-recreativo sigue despuntando.

Siete generaciones han mantenido de forma ininterrumpida y durante más de dos siglos la carpintería que hoy capitanea Fra. De su pequeño astillero, una construcción de madera asentada en primera línea de la ría en San Cibrao (Cervo), han salido barcos de pesca, de vela, de cabotaje, embarcaciones para museos... Actualmente, el grueso de los trabajos que recibe Fra son restauraciones, además de algún encargo de fabricación de embarcaciones de recreo.

El de carpintero de ribera es un oficio que se lleva en la sangre. En Galicia y otras regiones es parte del patrimonio marítimo y cultural, como bien ha entendido el Gobierno vasco, que el año pasado inscribió el astillero Mutiozabal de Orio como bien cultural con la categoría de monumento en el Inventario General del Patrimonio Cultural. Nuestro carpintero de ribera mariñano reconoce que el sector no vive actualmente una de sus épocas de esplendor. Lamenta la falta de ayudas públicas y una política que en su día apostara de verdad por el mismo. «A fibra e o aceiro fóronlle comendo terreo á madeira», señala el especialista, que reitera que la madera es un material más respetuoso con el medio ambiente.

La teoría la avala un estudio del Centro de Innovación e Servizos Tecnolóxicos da Madeira, que revela que «fronte ás 110 toneladas de dióxido de carbono (CO2) que emite un barco de fibra en todo o seu ciclo de vida (construción, uso, mantemento, despezamento...), un de madeira emite só dez. Por iso a carpintería de ribeira é unha forma de vida máis respectuosa co medio ambiente», explica Fra, que heredó el negocio de su padre y su tío, que aprendió de ellos, de otros profesionales, de viajar y de conocer el oficio en otros países. Confiesa que la firma ha afrontado vaivenes y que a partir de los años 60 y 70 vivió un momento álgido con la construcción de boniteros y otras embarcaciones. Fra compagina ahora la actividad naval con la divulgación, con visitas y charlas. Además, con el objetivo de transmitir conocimientos, también organiza cursos; el último, de introducción a la carpintería de ribera, lo impartió la semana pasada, y para abril ha programado otro para enseñar a elaborar una maqueta de medio casco. Las clases se imparten en el astillero donde el documento más antiguo que se conserva es de 1806: una hoja de asiento de la construcción de un barco. Cuando se le pregunta si habrá octava generación, responde: «Véxoo difícil. É un oficio que che ten que gustar moito porque hai unha parte grande de sacrificio».

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