El mayor estudio genético del alzhéimer revela cinco nuevas variantes de riesgo

En el estudio, con participación gallega, se analizó el ADN de 94.000 personas


redacción / la voz

El alzhéimer sigue siendo un misterio. Pese a décadas de investigación sobre la principal causa de demencia en el mundo, su origen biológico, aunque se apuntan distintas aproximaciones, sigue sin desentrañarse, lo que dificulta el hallazgo de una terapia curativa o mismo preventiva. Es una enfermedad compleja, en la que la genética es un elemento más en su desarrollo y aparición. Pero aunque no es determinante, los estudios del ADN de los pacientes y su comparación con el de personas sanas sí ayudan a entender mejor la patología y abren una vía para encontrar posibles dianas terapéuticas. Y esto es precisamente lo que se ha conseguido en el mayor análisis que jamás se haya realizado sobre el alzhéimer, en el que se analizaron las variantes genéticas de 94.437 personas.

Realizado dentro del Proyecto Internacional de Alzhéimer Genómico, en el que participan dos consorcios de Estados Unidos y uno europeo, la investigación, publicada en Nature Genetics, ha identificado cinco nuevos genes de riesgo para la enfermedad y ha confirmado otros 20 conocidos. Gracias a este ingente trabajo se ha comprobado por primera vez que las mutaciones en genes específicos de tau, una proteína característica de la enfermedad, pueden desempeñar un papel más temprano en su desarrollo de lo que se pensaba originalmente.

«Es el mayor esfuerzo que nunca se haya realizado en este campo. Para hacerse una idea basta con decir que se han analizado 90.000 millones de variantes genéticas, una barbaridad», explica Ángel Carracedo, que ha participado con su grupo de la Universidade de Santiago y de la sede del Centro Nacional de Genotipado en Compostela, a cargo de Inés Quintela, del análisis de los 10.000 casos españoles aportados por el consorcio nacional Degesco, especialmente gracias al trabajo realizado por Agustín Ruiz y Pascual Sánchez.

Carracedo precisa, sin embargo, que el hecho de que se hayan identificado nuevas variantes de riesgo de sufrir la enfermedad y constatado otras no significa que este hecho sea un factor decisivo, ya que intervienen muchos otros elementos ambientales y biológicos que aún se desconocen.

Entender mejor la enfermedad

«Para lo que sí nos ha valido este trabajo -explica- es para entender un poco mejor la enfermedad y comprender sus mecanismos». En todo caso, los genes asociados con el alzhéimer también podrían constituirse en el futuro en dianas terapéuticas hacia las que dirigir fármacos para tratar el mal degenerativo. «Nos permiten -advierte el genetista- distinguir causas y avanzar hacia una medicina personalizada». Pero aún habrá que esperar.

Pero quizás lo más relevante del trabajo lo supone el hecho de que los genes de riesgo están asociados principalmente con cuatro rutas biológicas que están implicadas en el sistema inmunológico, con el metabolismo de los lípidos, con las proteínas Tau y con la proteína precursora amiloidea. «Esto nos hace pensar -advierte el genetista- que los fármacos que problemas no se dirijan hacia genes específicos, sino hacia estas rutas biológicas, ya que es muy previsible que sean las dianas terapéuticas». Harán falta, sin embargo, más investigaciones para comprender la función de los genes identificados y más análisis de ADN para confirmar los resultados e identificar nuevas variantes relacionadas con el alzhéimer que ayuden a definir con precisión los mecanismos moleculares que influyen en la aparición y progresión de la que es la principal causa de demencia.

«Tener más y más muestras es como agregar más y más píxeles a una fotografía: ayuda a los investigadores a ver detalles que de otra manera no verían y les ayuda a decidir dónde centrar más los estudios», apunta en este sentido Marilyn Miller, directora del programa de Genética del Alzhéimer del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA) de Estados Unidos, institución que ha financiado en parte el trabajo. Pero el análisis ahora presentado supone ya un antes y un después. «El tamaño de este estudio proporciona claridad adicional sobre los genes que priorizar a medida que continuamos entendiendo mejor y buscando formas de tratar y prevenir esta enfermedad devastadora», destaca Richard J. Hodes, director del NIA.

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