La memoria histórica de las ballenas

Sgún un nueva investigación, las ballenas azules se guian por el recuerdo, que les permiten reconocer las aguas más productivas del mundo, como las de Galicia

Una ballena azul en la ría de Arousa
Una ballena azul en la ría de Arousa

El animal más grande del planeta se alimenta de uno de los seres vivos más pequeños que existe. Así es la paradójica relación entre la ballena azul y el krill. El cetáceo recorre los océanos, desde los trópicos hasta los polos, en busca de ese crustáceo. Dado su tamaño, necesita unas cuatro toneladas al día para satisfacer el apetito. Sin embargo, a veces pueden pasar días e incluso semanas sin probar bocado. Una investigación publicada esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America propone que el gigante de los mares se guía por su memoria para localizar las zonas donde se encuentra la comida. «Los investigadores realizaron un seguimiento de unas sesenta ballenas durante diez años con la ayuda de satélites. Lo que hicieron después fue cruzar los datos de las observaciones de las rutas con factores ambientales», explica Bruno Díaz, biólogo jefe del Instituto para el Estudio de los Delfines Mulares, en O Grove.

El estudio se llevó a cabo en la costa de California, donde al igual que en Galicia, existe un sistema de afloramientos que nutre de vida sus aguas. «La conclusión a la que se ha llegado es que el animal visita esa zona cada año durante su larga ruta migratoria en función de su memoria, que le recuerda que históricamente esas son aguas donde hay alimento», asegura Díaz.

Hasta ahora la comunidad científica pensaba que la presencia de ballenas azules en una determinada región estaba relacionada con picos de productividad asociados con alguna anomalía ambiental, como una intensificación del afloramiento o la temperatura. «Pero en realidad no es así, se orientan por la memoria. Esto es muy interesante para nosotros porque estamos trabajando con aspectos oceanográficos que nos ayuden a entender la presencia de las ballenas azules en las aguas gallegas. Ahora sabemos que para estudiar la migración en el Atlántico debemos tener en cuenta la memoria», confiesa el investigador.

La visita de las ballenas azules a las rías gallegas no es, por tanto, algo casual. La memoria las conduce hasta aquí, porque saben que encontrarán comida, sobre todo las adultas. Pero el año pasado, los investigadores observaron además una cría que visitó la comunidad por primera vez en su vida. «Al principio lo asociamos con factores ambientales específicos. Tras este estudio, lo que debemos tratar de averiguar es si ese mismo ejemplar va a volver a Galicia en los próximos años. Esto podría ser una prueba de que efectivamente la memoria histórica es lo que guía a estos grandes animales», reconoce.

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