George Pell, antiguo número 3 del Vaticano, espera entre rejas su condena por pederastia

Pasa su primer día detenido mientras espera a que un tribunal dicte condena por haber violado a un niño y haber cometido otros abusos sexuales; será sentenciado el 13 de marzo


Redacción

El cardenal George Pell, que hasta hace unos días ocupó el tercer puesto en la jerarquía vaticana, pasa hoy su primer día detenido, mientras espera a que un tribunal dicte condena por haber abusado sexualmente de varios menores hace dos decenios. El extesorero del Vaticano, que hasta ahora ha mantenido su inocencia y que llevó puesto un alzacuellos durante todo el proceso judicial, será sentenciado el próximo 13 de marzo, confirmaron a Efe fuentes judiciales.

Hoy se celebró una vista de su juicio en la que se presentaron los argumentos finales previos a la sentencia y en la que el fiscal, Mark Gibson, aseveró que los cinco cargos que pesan contra Pell son graves y acarrean cada uno una pena de diez años de prisión, es decir, medio siglo en total. «El reo no ha mostrado ningún remordimiento ni reflexión sobre su ofensa», enfatizó Gibson al referirse a Pell.

El abogado defensor, Robert Richter, por su parte, presentó diez cartas con referencias, entre ellas la del exprimer ministro John Howard, para respaldar el buen carácter de su cliente. Richter argumentó que los delitos de Pell «no son más que un simple caso de penetración sexual convencional en el que el niño no participa voluntaria ni activamente», una polémica frase por la que la prensa le preguntó a la salida del tribunal y el abogado respondió: «no sé de qué me están hablando».

El defensor también adujo que el incidente solo duró unos minutos y no fue premeditado, sino producto de un impulso, a lo que el juez Peter Kidd respondió que se trataba de una «ofensa cruel y descarada» y recordó que no existen registros médicos que prueben que Pell sea un hombre con perturbaciones mentales.

El juez explicó que «hubo un elemento de brutalidad en esta agresión, fue un ataque» y precisó que el delito «implica una violación de la confianza y una sensación de impunidad. ¿De qué otro modo iba a pensar que podría salirse con la suya?».

Durante el largo proceso, se supo que Pell, tras oficiar una misa a finales de diciembre de 1996, violó oralmente a uno de los menores, el demandante, y le ordenó que se bajase los pantalones para después acariciarle los genitales y masturbarse durante unos minutos, todo ello después de haber abusado de un amigo del menor, que entonces tenía 13 años.

Semanas después, Pell, a la sazón arzobispo de Melbourne, volvió a encontrarse con el demandante en los corredores de la iglesia de St Patrick, donde le empujó contra la pared y le agarró con fuerza los genitales.

En la vista de hoy también se presentaron dos declaraciones sobre el impacto de los abusos sobre las víctimas, la primera de ellas del demandante, que ha pedido permanecer en el anonimato. El otro documento fue presentado en nombre de la segunda víctima, que murió en el 2014 de sobredosis de heroína sin haber hablado nunca de los abusos que había sufrido, ni siquiera a su familia, y cuyo padre ya ha anunciado que tiene la intención de demandar a Pell o a la iglesia católica.

El jurado de un tribunal de Melbourne emitió su veredicto el 11 de diciembre pasado, pero el juez impidió que se hiciera público para evitar que influyera en otro proceso contra Pell por un acto de pederastia supuestamente cometido en la década de los años setenta.

La Fiscalía retiró el martes los cargos de este segundo caso, por lo que el juez levantó las restricciones legales en el primer caso contra Pell, el más alto cargo de la jerarquía eclesiástica declarado culpable de agresión sexual a menores. Tras conocerse el veredicto, el Vaticano anunció anoche que Pell ya no ocupa el cargo de prefecto de Economía y que tiene prohibido el ejercicio público del ministerio sacerdotal y el contacto, en cualquier modo y forma, con menores de edad.

Los abogados de Pell, quienes hoy retiraron una petición para extender la libertad bajo fianza de la que gozaba Pell hasta ahora, han presentado una apelación con tres argumentos, entre ellos que el veredicto del jurado no fue razonable.

 Una víctima: «He luchado por sobrevivir»

George Pell (Ballarat-Australia, 1941) ofrece una imagen de hombre duro y con escasa empatía. Un carácter quizás forjado por su padre, un excampeón de boxeo de fe anglicana, y por su afición al rugbi. Fue, de hecho, un prometedor deportista, al que le ofrecieron un contrato profesional, pero renunció por su vocación religiosa. Ingresó entonces en un seminario, en 1960, y tres años más tarde se marchó a Roma a continuar sus estudios.

Desde entonces inició una fulgurante carrera que lo llevó a convertirse en el hombre más fuerte de la Iglesia australiana, tras ser ordenado primero arzobispo de Melbourne y luego de Sídney. Llegó a sonar incluso como papable. Hasta que el pasado se cruzó en su camino. En el 2015, una de sus víctimas, que permanece en el anonimato, lo denunció ante la policía. Ayer respiró más aliviado, pero no olvida. «Como muchos supervivientes, he experimentado la vergüenza, la soledad, la depresión y he luchado por sobrevivir», dijo en un comunicado tras la sentencia.

Hablan las víctimas del horror de los abusos sexuales de los curas: «Aborté en tres ocasiones porque él no quería un preservativo»

Kelly Velásquez

Sus voces se escucharon en la primera cumbre antipederastia convocada por el papa

Nunca, como este jueves, el Vaticano había reunido a los representantes de las conferencias episcopales de todo el mundo para debatir y encontrar una solución al escándalo de los abusos sexuales protagonizados por clérigos que ha sacudido los cimientos de la Iglesia Católica en los últimos años. Y nunca como este jueves se dio voz a las víctimas, en la primera e histórica cumbre contra la pederastia. El testimonio de sus horrores retumbó como el chasquido de un látigo en los salones de la Santa Sede y en la conciencia de los religiosos.

Sus nombres no fueron revelados por respeto, aunque el relato de sus historias tiene como objetivo sacudir las conciencias de los obispos para que asuman el combate contra la pederastia con firmeza y responsabilidad. Estas fueron sus voces:

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