Revistas depredadoras al acecho

Se calcula que hay más de 10.000 publicaciones fantasma que se aprovechan de la presión que tienen los investigadores para difundir sus trabajos; ya pescan en Galicia


santiago / la voz

Operan a la sombra de tres palabras, de catorce letras que definen la carrera investigadora: publica o perece. Son muchas, aunque como todo lo que opera en los márgenes, se parapetan detrás de números opacos. No está muy claro cuántas son exactamente. Y también pescan en Galicia. Es lo que se conoce como revistas depredadoras, publicaciones fraudulentas que se alimentan de la presión de los científicos por publicar en un sistema lento, muy selectivo y especialmente riguroso. En las revistas de mayor prestigio, solo pasan el corte uno de cada cinco artículos. A veces ni eso. Y los que lo consiguen pueden decaer en cualquiera de las posteriores revisiones.

Así que en el sistema científico también existen personas sin escrúpulos, que buscan hacer negocio y juegan con la presión de los investigadores por publicar. «Estas revistas moitas veces diríxense ao propio investigador». Mabela Casal es la directora de la Biblioteca de la Universidade de Santiago, uno de los principales polos investigadores de Galicia. A ellos llegan las consultas de aquellos profesionales que se encuentran con un mensaje de una revista desconocida que los invita a publicar. Algo así como una llave maestra que permite abrir las puertas que suelen estar cerradas. «Moitas veces non hai mala fe por parte do investigador. Hai engano». Las revistas depredadoras, como todo fraude, se han ido perfeccionando con el tiempo: imitan cabeceras de otras publicaciones prestigiosas. Se bautizan con títulos que suenan muy científicos. Incluso incluyen nombres de investigadores de prestigio que no tienen ni idea de que pertenecen a un comité científico inexistente.

Y también son baratas. Porque publicar en una revista científica a veces tiene costes asociados, los conocidos como APC (Article Processing Charges). Tasas para los costes de revisión, o de maquetación. O porque el autor decide que quiere su artículo en abierto. «Falamos de custos que poden ser dende os 500 ata os 3.000 ou máis. É un custo que moitas veces ten que asumir o investigador, o grupo ou a institución». Un coste que además es posterior al largo proceso de aceptación del artículo de investigación, que se prolonga durante meses y que además puede exigir exclusividad. Si se solicita la publicación en una revista, no se puede acudir mientras a otras. Otra vez, las revistas depredadoras se aprovechan. Y se presentan como low cost.

Así que estas publicaciones que no cumplen con los estándares de revisión las hay de todas las áreas de investigación, desde Química a Economía, de Humanidades a Biotecnología. «Probablemente tiren máis as ciencias, porque hai máis presión e é moi difícil publicar», explica Mabela Casal. Tampoco se puede hablar de un fenómeno exclusivo de ciertos países. Se ha llegado a señalar China, India e incluso zonas de África como viveros de revistas depredadoras. Sin embargo, la directora de la Biblioteca Universitaria recuerda que algunos países en los que se asientan revistas depredadoras también tienen sistemas científicos que están creciendo con gran rapidez, como China.

La Biblioteca de la USC recibe menos de cien consultas anuales sobre este tipo de revistas, una cifra reducida teniendo en cuenta la producción científica de la USC, que según los últimos datos del informe estadístico de la Conferencia de Rectores es de alrededor de un artículo por profesor al año.

Con todo, consciente del problema, la Biblioteca ya ha empezado a atajarlo. «De momento, a incidencia non pode ser elevada», afirma Mabela Casal. Si llega alguna consulta sobre una revista desconocida -no siempre son fraudulentas, a veces son simplemente nuevas- ayudan a comprobar la calidad de la publicación. Y también informar a la comunidad científica de la existencia de este fraude y formar para evitar que puedan ser víctimas de las revistas depredadoras.

Hace tres o cuatro años «empezamos a detectar que había necesidade moitas veces de saber onde publicar con impacto», explica Mabela Casal. Así que organizaron cursos específicos para humanidades y ciencias sociales y experimentales e ingenierías para el personal investigador. Ahora, están centrados en la Escola de Doutoramento. Porque las presas más fáciles de las revistas son los investigadores más jóvenes.

Hay estudios que hablan de 10.000 pero es una cifra que está en constante cambio. Como las listas que se han ido creando. Las hay que ponen el foco en las revistas depredadoras y en las editoriales que llevan a cabo este tipo de prácticas. Suelen ser de tipo colaborativo y la más famosa, además, es anónima, porque los que la alimentan pueden sufrir consecuencias.

Las listas, mejor blancas

«Nós recomendamos máis ir a listas brancas, é dicir, recursos de calidade contrastada», explica la directora de la Biblioteca Universitaria compostelana. ¿Ciencias experimentales y de la salud? Scopus y Web of Science. Las revistas que están en esas bases de datos pasan controles rigurosos. ¿Acceso abierto? El recurso básico lleva las siglas DOAJ (Directory of Open Access Journals). ¿Ciencias Sociales y Humanidades? MIAR, una base de datos gestionada por la Universidad de Barcelona.

No solo prefiere que se consulten las listas blancas. También promueve que su capital científico pueda publicar en las revistas de calidad demostrada. Desde hace un par de años, tienen una línea de ayudas que costea los gastos que conlleva la publicación en revistas de calidad contrastada. La primera convocatoria tuvo un montante de 10.000 euros que se repartió entre once grupos. El año pasado, con la segunda convocatoria, se triplicó. Treinta ayudas y un presupuesto de 50.000 euros. Fomentar la publicación en revistas sometidas a rigurosos controles es bueno para los investigadores y es bueno para la propia institución, porque los indicadores de producción científica de los ránkings de investigación contabilizan solo los artículos que está incluidos en los índices de calidad contrastada.

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