Unicef y la Xunta reconstruyen en Cuba las escuelas arrasadas por el huracán «Irma»

El 21 % de los círculos infantiles sufrieron desperfectos, y en abril todos estarán en funcionamiento


redacción / la voz

«Hacer de los niños mejores personas con más educación y más cultura». Este es el objetivo de la labor de Unicef en Cuba. Pero no puede haber educación si la escuela está arrasada. Por eso, con la colaboración de la Xunta de Galicia, la entidad se ha puesto manos a la obra para reconstruir tres círculos infantiles, arrasados por el huracán Irma, que azotó Cuba en septiembre de 2017 y que ocasionó graves daños en el 21% de las escuelas del país, dejando a muchos niños y niñas sin acceso a la educación.

En uno de los círculos -que suponen un nuevo concepto de cuidado y atención a hijos de madres trabajadoras de uno a seis años de edad- ya han podido reiniciar las clases, el resto lo harán antes del 10 de abril. Según explica Irene Marín, coordinadora de Unicef en el comité gallego, «en los círculos las niñas y niños reciben una formación integral de calidad a cargo de personal cualificado sobre salud, alimentación, educación, protección, afecto o comunicación. También desarrollan hábitos y habilidades, sentimientos y cualidades que los preparan para su ingreso en la educación primaria y para la vida».

Aimée Betancourt, oficial de educación de Unicef Cuba, asegura que estas escuelas «tienen un impacto clave en la vida de las familias en Cuba, ya que, además de proporcionar una educación de calidad para los niños y niñas, permiten la conciliación efectiva de las familias».

Las propias madres lo reconocen. Irene Martín explica que ellas mismas le contaron «cómo la existencia del círculo permite el desarrollo integral de sus hijos, además de facilitar que ellas pueda trabajar para proporcionarles la mejor vida posible».

La ubicación de la isla la coloca en una situación de riesgo constante, sobre todo en la época de los huracanes. Odalys Rodríguez, oficial de Salud y Nutrición en UNICEF Cuba, asegura que de junio a noviembre viven con el corazón en un puño, con temor a los ciclones tropicales y la actividad sísmica que generan, año tras año, graves pérdidas económicas y sociales. Según Marín, «dada su ubicación geográfica y el impacto del cambio climático, la isla es especialmente propensa a los desastres naturales».

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