Desmontando el «antiniñismo»

El sociólogo César Rendueles rebate los argumentos que se suelen usar para justificar los vetos a menores de edad

UNA NIÑA JUGANDO EN LA INSTALACIÓN DE UN PARQUE INFANTIL
UNA NIÑA JUGANDO EN LA INSTALACIÓN DE UN PARQUE INFANTIL

redacción / la voz

«Las ciudades están pensadas para adultos sanos, con trabajo y con poder adquisitivo». Cualquier experiencia de vida que se salga de ese esquema, sea la de los niños o la de los ancianos sin ese poder de gasto, «se ve opacada, infravalorada y ninguneada». Ese es el planteamiento de César Rendueles, profesor de Sociología de la Universidad Complutense. Explica el florecimiento de lo que él denomina antiniñismo. «Nos hemos ido desacostumbrando a los niños. Cada vez es más habitual ver a gente que no sabe cómo son», explica antes de contradecir los argumentos habituales de quienes justifican los vetos y el distanciamiento de los pequeños.

«Los niños molestan»

¡Pues claro que molestan! Además es muy importante que lo hagan. Si no, se morirían sin que le hiciésemos caso.

«Antes eran más educados»

Es mentira. Ese argumento de que ahora están desmadrados lo llevamos escuchando desde Platón. Se ve con la percepción de la delincuencia y el vandalismo adolescente. Se piensa que lo de ahora es peor, pero si ves la estadística son increíblemente estables. Estoy convencido que con los niños ocurre lo mismo. Existe esa mirada romántica de que antes era diferente, pero no es real

«No pintan nada en un bar»

¿Y quién pinta en un bar? ¿No pintan nada en un bar porque me molestan a mí? Dicho esto, hay muchas cosas que molestan. A mí, por ejemplo, algunas conversaciones en voz alta, porque me gusta leer en las cafeterías. ¿Hay que hacer bares solo para gente que quiere leer? ¿Y si hay gente mayor a la que le lleva tiempo contar las monedas para pagar y se retrasa mi café? ¿Uno solo para gente joven? Vivir en sociedad es molestarnos unos a los otros.

«No soy antiniños, soy antipadres que los maleducan»

Lo he oído muchas veces. Me suena a «no soy racista pero...». O «yo tengo muchos amigos gitanos pero...». Por supuesto que hay gente maleducada y niños maleducados. Pero creo que hay poco contacto con niño. Tienen carácter. Mucha gente piensa que tienen un botón de on/off y que los callas cuando quieras. Eso es una idiotez. Unos son más movidos y otros menos. A unos les gusta estar con extraños y otros no. Y eso no tiene nada que ver con la educación de los padres. Esa frase me parece una excusa de adultos que quieren la ciudad y el espacio social para ellos.

«No he tenido hijos, cuídalos tú»

Se dice mucho y tiene una parte de verdad, claro. En el fondo no dice que no quiera cuidar a tu hijo, sino que los cuidados en general no estén presentes en su vida. Esa negación de los cuidados es la misma que hace el mercado laboral. En nuestros empleos se nos exige que durante ocho horas nos olvidemos de todo eso, como si no tuviésemos hijos ni padres de los que cuidar. Esa gente reproduce esa lógica. Lo que quieren decir es: «Yo no quiero saber nada de que tú tengas que cuidar de tu hijo». Claro que no tienes que hacerlo, pero tienes que saber que alguien los tiene que cuidar y eso es un problema social y colectivo. No te pido que vengas a mi casa a cuidar al niño cuando se despierta, pero sí que sepas que los niños se despiertan y hacen ruido. Y con eso hay que convivir.

«Hay muchos hoteles familiares...»

Es la idea de que los cuidados son una preferencia que buscas. Y del mismo modo que si te gusta poner música a las tres de la mañana te vas a un hotel donde permitan esas cosas, si tienes hijos debes de ir a uno donde permitan esas cosas. Pero es que no son cuestiones equiparables. Cuidar a una persona es una realidad humana completamente universal e insustituible.

«Llevo mi negocio como quiero»

¿Y cuál es el límite de eso? ¿Y si no quiero que entren negros? Eso es una tontería. No puedes llevar el negocio como te da la gana a cualquier precio. No puedes hacer cosas ilegales en tu negocio. No puedes poner en marcha dinámicas que contravienen derechos civiles absolutamente básicos en la sociedad. Eso me parece aberrante.

«Nuestros clientes buscan una tranquilidad que se ve quebrada cuando hay niños»

UXÍA RODRÍGUEZ

En Galicia es difícil encontrar hoteles «solo para adultos» pero los hay

La oferta de hoteles solo para adultos ha crecido mucho en los últimos años. Según HotelsCombined, España es el tercer país del mundo con más hoteles que se promocionan así. Se calcula que hay entre 120 y 160 con ese veto específico. Maspalomas, Palma de Mallorca e Ibiza encabezan la lista pero ¿qué pasa en Galicia?

No es fácil encontrar hoteles que prohíban, específicamente, la entrada de niños. El Pazo de Bentraces, a 7 km de la ciudad de Ourense, es uno de ellos. En el apartado de sus condiciones se puede leer: «Los niños menores de 13 años no pueden alojarse en este establecimiento». ­Guillermo Vázquez, uno de los propietarios, explica los motivos. «Nuestro concepto de alojamiento comenzó en 1996 y lo hicieron mis padres. Fueron pioneros del turismo rural de calidad. Nuestro pazo tiene antigüedades, productos muy valiosos a nivel decorativo. Encajaba muy bien con un turismo que estuvo en auge en ese momento pero que se ha ido perdiendo porque el turismo rural se ha convertido en un turismo más familiar. Ni nosotros ni nuestros clientes estábamos cómodos con esa opción».

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