La eutanasia se abre paso en el Congreso de los Diputados

Dos familias realizaron una campaña en change.org para despenalizarla y entregaron 273.000 firmas en Madrid


colpisa / madrid

Cuando le diagnosticaron alzhéimer, hace 12 años, Maribel Tellaetxe tenía 63 años y habló con su familia. Quería morir cuando perdiera la conciencia y su cuerpo dejara de responder. En mente tenía a su madre. «Mi ama fue hija de una mujer con la misma enfermedad y fue su cuidadora», dice Danel, su hijo de 42 años, que lleva a cabo una campaña ciudadana para la aprobación de la ley de eutanasia en el Congreso. «Mi ama tenía muy claro cuál era el estado degenerativo al que llevaba el alzhéimer, porque mi abuela estuvo vegetal en una cama. La levantaban con grúa para limpiarla. Ella me dijo: yo voy a luchar todo lo que pueda contra esta enfermedad pero el día que me gane la batalla, yo me quiero marchar». Maribel, ahora de 75 años y sin «lucidez ni conciencia», vive en Portugalete (Vizcaya) en la casa familiar, junto a su marido, Txema. La enfermedad venció el pulso hace un año. Antes, ella logró retrasar sus efectos al agilizar la mente. Retomó los estudios de euskera, empezó clases de inglés, hizo sudokus. Durante esos años repitió su determinación a morir cuando perdiera todas sus facultades. Primero, lo habló con ellos. En 2006 les escribió una carta y una década después, cuando notaba que la invasión imparable del alzhéimer, redactó y firmó un documento de 'últimas voluntades'. En todas pedía lo mismo. «Me dijo: no quiero vivir desprovista de dignidad», recuerda Danel. «En estos momentos hay una ley que la obliga a vivir en contra de su voluntad. Mientras esté el código penal, por ley a los ciudadanos se les obliga a vivir con sufrimiento. Hace un año que pegó un bajón, que no nos conoce y no es autónoma».

Entrega de firmas

Con 273.000 firmas en varias cajas de cartón se reunieron los familiares de dos personas que manifestaron su voluntad de morir antes que la enfermedad que padecían les consumiera. A una, Maribel Tellaetxe, sus facultades mentales; al otro, Luis de Marcos, la posibilidad de vivir sin un dolor insoportable. A las puertas del Congreso de los Diputados de Madrid, la viuda de Luis, el cónyuge de Maribel y sus hijos reclamaron la despenalización de la eutanasia y el suicidio asistido, manifestado en dos largas campaña promovidas por la plataforma Change.org. La de Luis, empezó en mayo de 2017, año en que él falleció, y la de Maribel en noviembre de 2018.

Mientras Maribel aguarda aún en la neblina del alzhéimer, Luis murió torturado por los dolores de la esclerosis múltiple. Pidió la sedación extrema y le fue denegada, según mantienen sus familiares en la petición de firmas a favor de la eutanasia. Aunque Luis murió con la lentitud que quería evitar, su viuda decidió proseguir con su iniciativa. Junto a los de Maribel se plantaron hoy ante el Parlamento.

Entraron a las once de la mañana entraban, acompañados del diputado Patxi López. Veinte minutos después, salían a seguir su lucha a pie de calle. «Hemos tenido el respaldo político de la mayoría de la representación de la cámara», aseguró a el hijo de Maribel, Danel. «Nosotros venimos como familia. No venimos a representar a ningún partido». Al término del día, el marido de Maribel y dos de sus hijos dejarán Madrid para volver con su madre.

Padecer la cotidianidad

Maribel tiene asistencia paliativa, que mitiga sus dolores físicos. Sin embargo, ya no reconoce a los suyos ni puede valerse por sí misma. «No tiene recuerdos; hay que alimentarla, ducharla», dice Danel. «Al final qué estamos haciendo. ¿Mitigar el dolor, y mantener un cuerpo sin vida tumbado en una cama? Qué sentido tiene. No criticamos a la gente que quiere vivir así. Lo único que estamos pidiendo es que se nos respete a nosotros, y a mi madre. Que se respete cómo quería marcharse y hasta dónde quería vivir».

Previa a la entrega de las firmas, en la puerta del Congreso de Diputados, Danel aseguraba ante los micrófonos que la mayoría de los españoles estaban a favor de la legalización de la eutanasia. Dijo una cifra: 84%. Sin embargo, bajo la «saturación mediática» a la que han estado expuestos desde hace dos meses, en su entorno, en Portugalete, el porcentaje de gente que les apoya es mayor. «Sólo me he encontrado con una persona que me ha dicho que no está a favor de la eutanasia, que él no la aplicaría, pero que la respeta».

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