«Nuestros clientes buscan una tranquilidad que se ve quebrada cuando hay niños»

En Galicia es difícil encontrar hoteles «solo para adultos» pero los hay


la voz

La oferta de hoteles solo para adultos ha crecido mucho en los últimos años. Según HotelsCombined, España es el tercer país del mundo con más hoteles que se promocionan así. Se calcula que hay entre 120 y 160 con ese veto específico. Maspalomas, Palma de Mallorca e Ibiza encabezan la lista pero ¿qué pasa en Galicia?

No es fácil encontrar hoteles que prohíban, específicamente, la entrada de niños. El Pazo de Bentraces, a 7 km de la ciudad de Ourense, es uno de ellos. En el apartado de sus condiciones se puede leer: «Los niños menores de 13 años no pueden alojarse en este establecimiento». ­Guillermo Vázquez, uno de los propietarios, explica los motivos. «Nuestro concepto de alojamiento comenzó en 1996 y lo hicieron mis padres. Fueron pioneros del turismo rural de calidad. Nuestro pazo tiene antigüedades, productos muy valiosos a nivel decorativo. Encajaba muy bien con un turismo que estuvo en auge en ese momento pero que se ha ido perdiendo porque el turismo rural se ha convertido en un turismo más familiar. Ni nosotros ni nuestros clientes estábamos cómodos con esa opción».

Así que, desde hace tres años, en este pazo ourensano no se alojan niños. «A nosotros nos gusta viajar y hemos vivido en diferentes partes del mundo. Por eso, vimos que ese concepto de solo adultos sí que existía pero que no había llegado a Galicia. No es un veto absoluto. Una familia con niños o un grupo puede reservar el pazo pero tiene que ser el alojamiento completo y tener claro cuáles son nuestros límites. No tenemos ni tronas, ni microondas, ni cunas, ni camas supletorias... No tenemos ningún servicio para niños. Podemos hacer una excepción pero con todo claro», asegura Guillermo. «El público que nosotros tenemos busca tranquilidad, sosiego y relajación. Nuestros clientes buscan una tranquilidad que se ve quebrada cuando hay niños», explica uno de los dueños de este alojamiento rural. 

Ahora, según confirman desde el Pazo de Bentraces, la mayoría de los huéspedes aseguran que eligen ese alojamiento, precisamente, porque no se admiten niños. «Creo que perdemos clientela porque Galicia está volcada con un turismo más familiar pero estamos más contentos porque ofrecemos lo que queremos. Antes de dejar de admitir a niños tuvimos muchas quejas», admite Guillermo Vázquez que cuenta cuál fue el desencadenante para tomar la decisión: «El punto de inflexión fue la queja de varios clientes a la vez por culpa de una familia con un bebé llorando muy intensamente durante muchas horas. Se oía por todas partes. Eso condicionó el descanso del resto de clientes».

En la Pensión Costa Caión tampoco suelen alojarse menores pero, en este caso, el gerente no está a favor ni del veto, ni de la prohibición. «Prohibir me parece excesivo. Pero si tú no adecúas un local a los niños. Al final, no vas a tener niños», confirma Xosé Vázquez. «Tenemos 11 habitaciones y todas menos una son con cama de matrimonio. El entorno tampoco lo favorece. Este fin de semana, por ejemplo, seguro que alguna de las cinco parejas alojadas tenía hijos pero los dejaron en casa para disfrutar solos». Desde este hotel aseguran que ni siquiera se han planteado la opción de regular la admisión de los menores: «Por nuestras características ya segmentamos sin vetar. Podemos seleccionar a nuestra clientela sin tener que prohibir la entrada de nadie. Pueden venir niños pero no vienen».

«Lo que está en auge es la especialización del hotel. Tanto para adultos como para familias. El mercado se está fragmentando. Sobre todo, en destinos vacacionales como Canarias o Baleares», confirman desde Kuak Viajes. «Hasta las parejas con hijos, cuando van solos, nos piden un hotel para adultos», afirman desde la agencia. Eso sí, no se habla de vetos: «Nosotros lo que vemos son recomendaciones. Si tienen solo actividades para adultos, directamente, ya no vas a esos hoteles con niños. Y al revés, si ves toboganes y actividades de niños y eres una pareja pues, probablemente, no elijas ese establecimiento. Más que vetar recomiendan.Tampoco los hoteles dirigidos a familias prohíben a las parejas. Pero yo no voy a mandar a una luna de miel a ese hotel de los toboganes y las ofertas de niños gratis».

Adultos que quieren a los niños lejos

Javier Becerra

Los sociólogos lo llaman «antiniñismo» o «niñofobia». Alertan del peligro que conlleva separar a los menores de la vida social y lo asocian con el individualismo creciente

En el campo de batalla dialéctico de las redes sociales han surgido en los últimos tiempos etiquetas que hablan por sí solas: #HotelesSinNiños, #tushijosnosonmios o #RestaurantesSinNiño. Reflejan claramente una tendencia social creciente. En ella los niños se ven como una fuente de molestias que es mejor evitar; bien sea restringiendo su acceso a establecimientos; bien sea llevando el llanto de un bebé a una reunión de la comunidad de vecinos; o bien pidiendo a un ayuntamiento acciones como restringir el uso de los parques por críos.

Esto último ocurrió en A Coruña en uno los encuentros que tiene el gobierno municipal con los vecinos para anunciar sus proyectos y recoger propuestas. En el barrio de Los Rosales una vecina demandó que se habilitase un horario sin niños para poder tener a los perros sueltos. Algo parecido ocurría recientemente en Madrid. Proponían al Ayuntamiento que acabase con el ruido que hacían los niños en el patio de un colegio. El sociólogo César Rendueles lo calificaba como «un hito del antiniñismo».

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