¿Dejar subir al escenario al intolerante?

El bailarín Sergei Polunin ha sido vetado en París, tras conocerse sus declaraciones homófobas y contra los obesos. Programadores gallegos opinan sobre la decisión

El bailarín  Sergei Polunin en los premios BAFTA
El bailarín Sergei Polunin en los premios BAFTA

Redacción / la voz

A Sergei Polunin le molesta que en el ballet haya hombres afeminados. «Insto a los bailarines a comportarse como hombres. Ya hay bailarinas en escena, no hay necesidad de más», dijo. Tampoco le gustan las personas con sobrepeso. «Hay que abofetear a los gordos, no respeto su pereza», añadió. Y plantea una visión de la relación doméstica entre hombres y mujeres en los siguientes términos: «Los hombres son lobos, son leones. Los hombres son los líderes de la familia».

Este tipo de comentarios le han valido que la Ópera de París, en donde iba a representar en febrero El lago de los cisnes, haya decidido vetar su presencia. La directora de la institución, Aurélie Dupont considera que van contra los valores que defienden. El artista, que lleva en el pecho tatuado el rostro de Vladímir Putin, no podrá bailar allí. La decisión se comprende en Galicia. «Estoy totalmente de acuerdo con ella», señala Carlota Ojea.

«Vivimos un momento de cambio en el que hay que asumir responsabilidades ante estas cosas»

Ojea es actualmente la directora de programación del Auditorio do Mar de Vigo. Tiene una amplia trayectoria contratando espectáculos de música y danza con artistas como Julio Bocca, Tamara Rojo, Joaquín Cortés o la Compañía Nacional de Danza. «Como promotora y como mujer no podría consentir algo así -dice tajante-. Vivimos un momento de cambio en el que hay que asumir responsabilidades ante estas cosas».

En una línea muy parecida se sitúa Xosé Paulo Rodríguez, director del Teatro Rosalía de Castro de A Coruña, un espacio que precisamente practica una discriminación positiva para potenciar la danza. «Aquí ten que imperar a lóxica e o sentido común -reflexiona-. Unha cousa é unha postura concreta dentro dun espectáculo que nós debemos favorecela como teatro público. Pero outra moi diferente é cando se ataca a dereitos fundamentais, como é este caso. Eu doulle a razón totalmente á directora da Ópera de París».

Para Rodríguez no caben ahí las medidas tintas: «Non se pode transixir con este tipo de declaracións de ningunha maneira. Nin contra os baixos, nin contra os altos, nin contra os negros, nin contra os gais, nin contra os rumanos, nin contra nada». Carlota Ojea, además, recalca que hay que evitar caer en el argumento de escudarse en la libertad de expresión: «La lectura que hay que hacer no es que se censura un artista, sino que este rebasa los límites lo aceptable», reflexiona.

Cancelaciones en Galicia

En Galicia el humorista Jorge Cremades vio cómo los espectáculos que tenía previsto ofrecer el año pasado en Vigo y A Coruña se cancelaban al trascender declaraciones suyas como «Hay más violaciones a hombres que a mujeres». En el caso coruñés incluso se anunció que se iban a «auditar» con carácter previo los espectáculos que se desarrollasen en recintos municipales.

El director general del Auditorio de Galicia en Santiago, Xaquín López, reconoce que le cuesta imaginar una hipótesis similar. «Traballar sobre iso é arriscado. Hai que verse no caso real para tomar unha decisión», dice. «Dende o punto de vista institucional público debe entenderse que un espectáculo non debe ferir a sensibilidade de ningún colectivo. A partir de aí cada caso é diferente», explica.

 «Es muy importante que no permitamos este tipo de descalificaciones sexistas y homófonas».

En el mundo de la música pop surgen a menudo polémicas debido a las letras y declaraciones de los artistas. Susana Laya, codirectora del Atlantic Fest de A Illa de Arousa, piensa que ambas cosas van de la mano. «Creo que la persona va vinculada al artista que contratas, por lo que lo habitual es que esa persona tenga unos valores e ideas afines al evento», sostiene. «Es muy importante, si queremos una sociedad equilibrada e igualitaria, que no permitamos este tipo de descalificaciones sexistas y homófonas. Pero ya no es una cuestión artista, es una cuestión moral».

En ese sentido, Paulo Rodríguez cree que ha cambiado mucho la actitud del público y los programadores. «Certas cousas que antes se permitían aos creadores, agora non se toleran. E non so é tarefa dos programadores, senón tamén do público, non asistindo».

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