Café de la Muerte: hablando sin tapujos

No es una terapia, sino una charla en la que se aborda uno de los temas socialmente más incómodos

La actividad se prolongó durante dos horas en las que los participantes pueden entrar y salir cuando consideren
La actividad se prolongó durante dos horas en las que los participantes pueden entrar y salir cuando consideren

Redacción / La Voz

La fórmula no puede ser más sencilla. Quince desconocidos de perfiles personales y profesionales totalmente opuestos se sientan en torno a una mesa para hablar de algo tan natural como incómodo: la muerte. En esta sala no hay terapeutas, ni procesos de duelo. Todo es espontáneo, cada uno aporta lo que puede y quiere y, como suele suceder en ambientes sin presión, los temas, inquietudes y sentimientos brotan a borbotones. Este encuentro se llama el Café de la Muerte, o Death Café. Es conocido a nivel mundial y se acaba de celebrar en el Impact Hub de Vigo. Su anfitrión, como se denomina en este formato al promotor de la charla, es Raúl Davila, un hombre que de haber estado cerca de la muerte sabe bastante.«Tú entras al café con una opinión preconcebida de lo que es la muerte y sales enriquecido. Las otras personas te aportan otros puntos de vista complementarios que pueden ser totalmente opuestos al tuyo». Raúl Davila es consultor y conferenciante. Una de esas personas que lo tenía todo. Su vida se paró en el 2011. Sufrió un ictus y con él borró una década de su vida. Su cerebró se borró y en esa nebulosa no reconocía ni a sus hijos. No recordaba lo que les quería. «Todo el mundo cree que esa experiencia me hizo cambiar mi idea de la muerte. Apenas podía moverme y la recuperación fue muy dura, pero no es así. A mí lo que me marcó en la vida fue la muerte de mi madre. No pude estar con ella y, por circunstancias familiares, todo fue un shock. No lo pude gestionar en el momento así que me aporta mucho compartir con otros lo que sentí y siento».

En este Café de la Muerte se ponen sobre la mesa temas que algunos no quieren ver ni de lejos como es el testamento vital. «El tema surge porque nos da miedo decidir cómo queremos morir. Lo cierto es que le estás resolviendo un asunto muy importante a tu familia. Yo lo firmé hace unos meses. Tengo claro que si vuelvo a estar como estuve cuando sufrí el ictus, quiero paliativos y nada más. Entre las personas que asisten, vienen muchos familiares con enfermos que están cerca del final. Buscan compartir con otros lo que no se atreven a decirle a los suyos». Y es que en Galicia se da una paradoja. La muerte y sus ritos forman parte de la cultura. Otra cosa es decirlo y analizarlo con todas las letras. «Aquí la gente es introvertida, pero con un trasfondo mágico y una gran espiritualidad. La muerte se ha llevado a un plano negativo, cuando toda esa riqueza cultural se podría haber utilizado para afrontar de forma positiva el tema». Lo dice la zaragozana Noemi Morte, médico forense del Imelga. Para ella, la muerte es su día a día. «Es parte de mi trabajo, pero forma parte de la visa de todos. En estas actividades veo a personas muy diferentes que se atreven a hablar de la muerte como algo normal, aunque les dé miedo. Es un ambiente de una gran generosidad: cuentas lo que no puedes compartir con nadie y menos con tu entorno. Y te aseguro que a la gente le da tanto miedo hablar de su muerte como de la de sus allegados».

Además de esta forense, en esta charla viguesa hay quien quiere montar un negocio de funerales al margen de cualquier religión. También un padre y una hija. A ella le delata el acento canario. «Estamos en Galicia por un tema familiar complicado, por una enfermedad, y nos animamos a venir». Ella es Silvia Oliveros y trabaja como psicóloga en la AECC de Tenerife. «Mi padre y yo tenemos mucha confianza, pero por el momento no vamos a compartir lo que hemos vivido aquí con la familia. En muchos sitios no podríamos hablar de esta experiencia abiertamente. Muchas veces es más fácil preguntarle ciertas cosas a un desconocido». Ella lo vive de cerca. Asegura que a la asociación llegan cada vez más personas jóvenes que han enfermado de cáncer. Le llama la atención el caso de los niños. «Las familias les protegen mucho, pero ellos son conscientes de que se pueden morir. ¿Sabes a quién se lo preguntan? A sanitarios y voluntarios. Y esa situación es muy difícil». Sara aborda este asunto porque es uno de los temas estrella de la tarde: los niños y adolescentes y su educación sobre la muerte. El tema lo ponen sobre la mesa dos profesionales de la educación. «Cuando son mayores se encuentran con situaciones muy difíciles de gestionar porque siempre se les evitó el tema de pequeños», dice Noemi Morte. «Crecemos tranquilos y, cuando nos pasa algo, nos venimos abajo», apunta Oliveiros. «Yo he llevado a mis hijos a un velatorio. A la gente le escandaliza. Tienen que ver que la muerte es un paso dentro de la vida», sentencia Raúl Davila.

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