Ryanair afronta este martes el primer día de huelga: veinte vuelos están en el aire en Lavacolla

Exigen a la aerolínea de bajo coste irlandesa que cumpla con la legalidad laboral vigente en España

Avión de la aerolínea de bajo coste Ryanair
Avión de la aerolínea de bajo coste Ryanair
Agencias
Redacción

La tripulación que acompaña a los pasajeros de Ryanair sigue en pie de guerra y emprenderá esta semana una nueva huelga durante tres días, que se secundará este martes, el jueves y el domingo. La movilización está convocada por los sindicatos USO y Sitcpla, para exigir a la aerolínea de bajo coste irlandesa que cumpla con la legalidad laboral vigente en España. Esta nueva convocatoria de protestas se suma a las huelgas secundadas por este colectivo de Ryanair los pasado días 25 y 26 de julio y el 28 de septiembre, no sólo en España, sino también y de forma simultánea en otros países europeos como Portugal, Italia, Bélgica u Holanda. Veinte vuelos de Lavacolla están en el aire. 

El personal de la base de Santiago ya ha anunciado que se sumará al parón para hacer oír «nuestras justas reivindicaciones, siendo la más relevante que la compañía cumpla con la legislación española en nuestro país». Mañana, coincidiendo con el primer día de servicios mínimos, han convocado una manifestación en la puerta principal del aeropuerto compostelano, en la de salidas, a las 10.30 horas.

 ¿Cómo afectará esto a los pasajeros? De entrada, la compañía mantiene programadas todas las operaciones habituales, a pesar de la huelga. Esto supone que, en teoría, están garantizados los servicios mínimos con creces, aunque los más de 20 despegues previstos desde Lavacolla en esas tres jornadas están, en la práctica, en el aire. Los vuelos de esos días estarán sujetos retrasos, cuando no a cancelaciones, puesto que dependen en gran parte de que no haya plantón por parte del personal en esta o en otras bases nacionales, de las que llegan aviones que luego salen de aquí.

A diferencia de lo que sucedió este verano en la última huelga de la tripulación de cabina de Ryanair, cuando la aerolínea irlandesa canceló cerca del 50 % de los vuelos, en esta ocasión se mantienen los mismos que habría cualquier otra semana sin protesta laboral.

La huelga afectará a diez destinos, ocho nacionales y dos internacionales. Madrid es el más operado, con cinco vuelos programados en estas tres jornadas. En la primera de ellas, hay seis conexiones peninsulares previstas: dos con la capital (por la mañana y por la noche) y una con Barcelona, Málaga y Palma; a estas se suma el trayecto de la tarde extrafronterizo, a Londres.

El jueves el parón podría repercutir también en el vuelo al Reino Unido, así como en otros cinco nacionales: dos con rumbo a Madrid y uno a Palma, Tenerife Sur y Valencia. Aunque la jornada más expuesta a cambios de última hora es la del domingo, pues hay casi una decena de operaciones programadas. Además de una salida vespertina al extranjero, a Milán, hay dos a Barcelona y una a Lanzarote, Madrid, Palma, Sevilla, Valencia y Tenerife Sur.

En julio del año pasado, aún bajo mínimos, la falta de personal de cabina durante la huelga obligó a Ryanair a recurrir a trabajadores de bases extrajeras, causando varios retrasos en los vuelos de Lavacolla, que tuvieron que esperar a que se movilizase el personal disponible para poder embarcar.

En esta ocasión los servicios mínimos decretados incluyen todas las operaciones que hubieran sido programadas antes del inicio de la huelga y cuya llegada prevista sea durante la misma. Además, la compañía tiene la obligación de garantizar el 100 % de los vuelos con los territorios no peninsulares y el 57 % de los servicios domésticos sin alternativas de transporte inferiores a cinco horas, así como internacionales, y el 35 % en el resto de las operaciones. Así ha quedad fijado por el Ministerio de Fomento.

Los motivos que han unido de nuevo a los trabajadores de Ryanair son prácticamente los mismos que motivaron las protestas de julio. Entre ellos, destacan: «No tenemos mutua de accidentes laborales. Si caemos enfermos y no podemos trabajar, no cobramos. La mayoría no tenemos una asistencia médica normalizada como cualquier español, aunque vivimos y trabajamos aquí. Si no avasallamos con ventas a los pasajeros, nos expedientan. Vivimos en un régimen disciplinario de terror. Mis delegados sindicales no están reconocidos por Ryanair y solo pueden trabajar en sus días libres. No podemos pedir una hipoteca en Irlanda para comprar una vivienda en España. Y nos retienen de la nómina entre 40 y 50 euros al mes por el rescate de los bancos de Irlanda».

Entre sus exigencias están que la compañía irlandesa cumpla con la legislación española y las sentencias de la UE, que «acabe con la discriminación del personal subcontratado por empresas de su propiedad» y que todos los tripulantes que volamos en el mismo avión tengan las mismas condiciones salariales y laborales. Y, por descontado, exigen «respeto» por parte de Ryanair hacia sus trabajadores.

Los tripulantes de cabina de Santiago pelean por un segundo avión en su base

Ven en la ampliación una forma de mejorar sus «precarias» condiciones salariales y el propio servicio

P. C.

Más allá de las reivindicaciones comunes que han motivado la huelga en España, los tripulantes de cabina de Santiago tienen su propia lucha, por un segundo avión en su base, que actualmente cuenta solo con uno. Con ello, asegura, podrían dar un salto en sus «precarias» condiciones salariales (en algún caso rondan los 800 euros al mes y están sujetas a una doble tributación), al tiempo que se mejorarían las conexiones para los pasajeros.

En la base compostelana, con 27 tripulantes, hay tres tipos distintos de contratos, explica Luis García, portavoz sindical: «Están los contratos antiguos, que cotizan y tributan en Irlanda y esa persona no tiene seguridad social española. En este caso estaría menos de la mitad del personal, aquellos que firmaron con la compañía antes del 2013, año en el que se aprobó una ley que obliga a que todo tripulante cotice en el país. En segundo lugar están los contratos nuevos, que tributan en Irlanda y cotizan en España que, obviamente, tienen una doble tributación al residir aquí. Y la modalidad de contratos más reciente se corresponde con las últimas incorporaciones en Santiago. Se establece un salario base, de unos 700 euros y pico y da igual las horas de vuelo que hagan. Si estás enfermo cobras menos de ese salario. Y algo parecido pasa con los otros contratos nuevos salvo contados casos, donde cobramos por hora y la media mensual ronda los 800 euros por hacer unas 50 horas, de media un mínimo de dos vuelos diarios».

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