Rodeiro, el concello con sesenta jamones por cada vecino

Este municipio pontevedrés tiene la mayor cabaña porcina de Galicia: casi 81.000 cerdos


RODEIRO / LA VOZ

Según los últimos datos del padrón, en el municipio pontevedrés de Rodeiro viven casi 2.600 personas. Y según el último censo agrario en ese mismo concello habitan 80.973 cerdos. Alrededor de treinta por cada habitante. Si todos esos animales fuesen consumidos donde son criados, cada rodeirense tendría a su disposición 60 jamones y otros tantos lacones. Y es que en este ayuntamiento de la comarca del Deza tienen la mayor cabaña porcina de Galicia, seguidos por Silleda y Lalín.

«Todo comezou cando elaboramos o plan xeral do 2009. Reducíronse as distancias ás que se tiñan que instalar as explotacións con respecto aos núcleos rurais e nos anos seguintes aumentou o número de granxas» explica el alcalde, Luís López. Agilizar todo lo posible las licencias y acondicionar las vías de acceso a las instalaciones son los otros apoyos que el Concello ofrece a los ganaderos.

Algunos vecinos se sorprenden cuando les decimos que no hay ningún otro ayuntamiento gallego que les gane en número de cerdos. «Sempre houbo moitas granxas de vacas e porcos, pero pensei que habería máis en Xinzo ou por aí» comenta un vecino. «Dalgo hai que vivir, aínda que xa podía ser doutra cousa porque dan algo de cheiro» dice entre risas otro.

Lo cierto es que desde el centro de Rodeiro es imposible adivinar que a pocos kilómetros se multiplican las granjas llenas de estos olorosos animalillos. «Agás algunha vez que pasa algún camión de purín non nos enteramos», nos confirman. Pequeñas incomodidades que se compensan con la vida que la actividad porcina da al pueblo. «A este sector incorpórase moita xente nova, e moitas mulleres. Sen dúbida contribúe enormemente a fixar poboación no rural e por iso Rodeiro é dos concellos aos que máis mozos se incorporan», explica orgulloso el regidor.

Isabel García y Marcos Rodríguez son un buen ejemplo. Este matrimonio de poco más de treinta años cambió sus trabajos por cuenta ajena por una explotación de vacas de leche y otra de cría porcina que estrenaron el pasado mes de agosto. «Gustábanos traballar no campo, a min encántame traballar coas vacas» dice Marcos. Su mujer explica, sin embargo, que se trata de un trabajo con poca recompensa: «Aquí a maioría dos que puxemos cochos foi por escapar das vacas. Dan moito traballo e apenas che deixan cartos. O diñeiro vai quedando arredor, nos intermediarios, e ti apenas cobras custes. Ademais precisan moita man de obra, para os porcos chegamos meu home e máis eu, pero para ampliar a granxa de vacas xa teriamos que contratar a alguén».

Toni Maceira y su esposa también optaron por el porcino aunque provenían de familias ligadas al vacuno de carne y leche. «Isto permíteche compaxinar mellor a vida familiar e laboral. Aquí apañas con vir unhas horas á mañá e outro par delas á tarde. E se non podes vir nun momento, vés noutro, algo que non podes permitirte se tes que muxir, por exemplo». De hecho, el día que los visitamos ella está disfrutando del festival escolar de sus hijos y él sale corriendo de la granja en cuanto nos atiende para subirse al camión de reparto que conduce. Y es que las explotaciones que tienen, con casi mil animales cada una, no son suficientes para vivir, por lo que Toni trabaja a media jornada como transportista. Eso sí, de cerdos.

Pavos y conejos, otras opciones

Esas 2.000 cabezas de ganado son el tamaño medio de las explotaciones rodeirenses. De hecho, rara es la que baja de mil ejemplares. La más grande del municipio tiene capacidad para 5.000. Aquí se ceban animales para otras provincias como Salamanca y se crían con castañas los cerdos más selectos del grupo gallego Coren. «Supoño que a Coren lle interesa esta zona porque non queda lonxe e os cochos danse ben nela» aventura Isabel. «É unha zona aireada, que non é moi calorosa en inverno nin tan fría como outras nas que xea no inverno. A oscilación térmica é máis controlada e iso é bo para os animais» apostilla su marido.

A pesar del denso olor que reina en el interior de la nave, Marcos pasea entre sus cerdos con tranquilidad comprobando que todo esté en orden. Que no falte pienso ni agua y vigilando si alguno está enfermo para separarlo de los demás y curarlo. El momento más delicado es cuando aún son pequeños. «Os leitóns son moi sensibles a calquera corrente de aire» explica, mientras controla en un panel la temperatura de la porqueriza. De momento no han pensado en seguir diversificando sus explotaciones pero en Rodeiro ya hay quien opta por otras alternativas al vacuno. Las granjas de conejos y pavos se suman a las avícolas. El objetivo fundamental, no poner todos los huevos en el mismo cesto.

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