«Os nenos daban moita peniña»

Dos enfermeras narran su experiencia en el campo de refugiados en Bangladés donde miles de personas sobreviven tras ser expulsadas de su país por su religión


redacción / la voz

Los rohinyás son una minoría perseguida, sin amigos y sin tierra. Acosados y masacrados en Birmania, donde vivieron durante generaciones, protagonizaron un éxodo masivo en el 2017 para huir de la persecución por su religión, musulmana, en un país de mayoría budista. Llegaron a Bangladés a millares, y se instalaron en campos de refugiados donde todavía hoy, viven olvidados por el resto del mundo.

Cruz García e Iria Souto, dos enfermeras gallegas pertenecientes a Médicos Sin Fronteras (MSF), tuvieron la oportunidad de atenderlos en esos campos, en diferentes momentos. Una experiencia que no olvidan. Cruz llegó en Navidades del 2017, unos meses después de que comenzaran los primeros desplazamientos. «Llegaban miles de personas al día. Aparte de las heridas físicas, venían en condiciones de malnutrición bastante pobres, el trauma y las necesidades de salud mental son muy evidentes, por lo que han sufrido recientemente y la situación de la que vienen».

En Kutupalong, el campo de refugiados más grande del mundo, así como en otros muchos más pequeños, MSF se encargaron de instalar servicios de salud, agua y saneamiento, porque muchas enfermedades están relacionadas con la falta de higiene. Unos meses más tarde, Iria Souto pudo comprobar esta realidad con sus propios ojos. «Cando cheguei vivían nunhas condicións moi penosas, con falta de todo -explica-. Eran familias moi grandes vivindo en sitios moi pequeniños, casiñas feitas con paus de bambú ou cos materiais que tiñan». La falta de agua potable o letrinas favorecían todo tipo de enfermedades. «Había moitas infeccións respiratorias. A chuvia e as condicións en que se amoreaban favorecían todo isto. Tamén enfermidades da pel, que son as que indican a calidade de hixiene que pode haber. Tiñamos moito medo a un brote de cólera e estivemos preparando centros de atención especializados».

Iria recuerda con tristeza la situación de los niños. «Coas chuvias do monzón case non se podía saír á rúa, pero os nenos daban moita peniña, andaban descalzos e tiñan que ir camiñando polos campos para conseguir comida. Tamén eran moi vulnerables os anciáns».

Para Iria, lo más difícil fue volver. «Ir vas con moitas ganas, e a xente motívate moito, ver aos pacientes é como o teu motor. Sacas a forza de onde faga falta para estar aí. Pero volver é duro, ver que a vida segue coma se tal e que moita xente non sabe nin de qué estás falando cando dis Bangladés. Psicoloxicamente vaise levando, pero deixa marca».

Para que la gente se ponga realmente en la piel de los rohinyás, hoy se inaugura en A Coruña la exposición O éxodo rohingya, con fotografías y testimonios que muestran a personas que sufrieron las consecuencias del exilio forzoso: falta de atención sanitaria, de refugio y de derechos básicos. Además, los participantes podrán acercarse realmente a la experiencia mediante un novedoso sistema de vídeos en 360°.

«Ojalá les llegue el mensaje -asegura Cruz García-, la idea de la exposición es que los visitantes vean los testimonios de las propias personas, que ellos cuenten su historia. Está bien que se conozcan las cifras, pero queremos que conozcan que detrás de las cifras hay personas. Historias hay muchas, y nosotros nos venimos siempre con la maleta llena de historias positivas y negativas o tristes. Las historias en las que están involucrados niños, o las relacionadas con violencia sexual te afectan y se quedan en tu mente».

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