Rosa Arroyo: «Soy una romántica»

Es la primera mujer en el Consejo General del Colegio de Médicos


El tiempo vuela con Rosa Arroyo (Berna, 1962), a quien no conocía de nada antes de esta entrevista y acabé contándole cosas que no le cuento a nadie. Hablamos en la sede del Colegio Oficial de Médicos de A Coruña, desde donde esta oftalmóloga de sonrisa luminosa intenta cambiar algunas cosas en una profesión que se ha feminizado sustancialmente.

-¿Berna? Yo pensaba que era de Madrid.

-No, mis padres son de Madrid y de Toledo, emigraron y yo nací en Berna. Pero de pequeña ya nos trasladamos a Madrid. El año pasado volví con mi madre para ver la maternidad en la que nací.

-Es usted la primer mujer en el Consejo General de Colegios Médicos. ¿Qué es eso?

-Es la institución que representa a los colegios médicos provinciales y se ocupa de darles visibilidad. Somos unos 250.000 colegiados y velamos por los intereses de los profesionales y del profesionalismo, o sea, de los ciudadanos.

-¿Cuántos miembros son en el consejo?

-Seis. En España hay siete mujeres que presiden colegios provinciales. De 52 provincias, contando Ceuta y Melilla.

-Y eso que las mujeres empiezan a ser mayoría en la profesión.

-Ahora mismo, colegiadas, somos más del 50 %. Y en las universidades, el 65 % Esta feminización va en una progresión geométrica.

-Hace falta un doce largo en selectividad para entrar en la facultad.

-Sí. Las mujeres somos más perseverantes. Los hombres tienen otras capacidades. Aquí, en A Coruña, hemos tenido juntas paritarias, pero es cierto que hay una invisibilidad del colectivo, por una parte respecto a las cúpulas directivas y por otra a nosotras mismas, que también tenemos unos prejuicios culturales heredados. Y otros valores, también. Tenemos que incorporarnos a las organizaciones, pero no para imitar los roles, sino para cambiar las dinámicas. Conseguir que te valoren, no por lo que ganas, sino por lo que eres. Eso solo lo aportamos nosotras. Me gustaría cambiar algunas cosas, introducir más valores humanos.

-Más allá de la cuestión de género, ¿qué problemas diría que tiene la profesión?

-En la pública, la saturación y la presión asistencial. En la privada, la presión de las aseguradoras y el abaratamiento de los servicios.

-El médico, sin embargo, sigue muy arriba en la pirámide social.

-Hemos perdido prestigio. Somos los más valorados, pero no nos sentimos reconocidos.

-Es usted oftalmóloga, ¿cómo tenemos los ojos?

-Andamos casi todos con fatiga visual porque somos adictos a las pantallas. Se nos olvida parpadear y solemos trabajar en ambientes cerrados. Y menos mal que en Galicia hay alguna humedad en el ambiente. De vez en cuando hay que parar y desenfocar para relajar el músculo. E hidratar el ojo.

-¿Cómo vino a parar a Galicia?

-Por amor. Es que soy una romántica. Y no me arrepiento de nada. Aquí perdí el amor pero gané un país. Recuerdo en mis primeras consultas a una paciente que me decía: «Teño un toxo no ollo», y yo no entendía nada, ja, ja. Enseguida hice los cursos de gallego y debo decir que me encanta que en Galicia el idioma no se haya convertido en una barrera.

-¿Cómo le explicaría Galicia a alguien que no lo conozca?

-Es la tierra más acogedora que conozco. Hay dos cosas que me encantan: la suavidad del trato y la gastronomía.

-Ahora, autodefínase en pocas palabras.

-Mmm... Soy muy vehemente e idealista. Mi hijo dice que soy una optimista patológica. Siempre pienso que todo puede cambiar a mejor.

-¿Celta o Dépor?

-No soy nada futbolera, pero tendría que preguntarme más bien: ¿Real o Atleti?

-Pues, ¿Real o Atleti?

-Atleti.

-Es usted un poco rebelde, ¿no?

-Siempre lo he sido; siempre he hecho lo que he creído.

-¿De qué se arrepiente?

-De no haber sido más valiente a la hora de tomar decisiones.

-¿Tiene algún lugar favorito?

-La playa de Doniños. Pero sin meterme en el agua. Allí hay unas puestas de sol que, si cierro los ojos, puedo visualizar ahora mismo.

-¿Qué se le da mejor?

-Aprender, soy una apasionada del conocimiento.

-¿Y peor?

-El deporte. Y reflexionar. A veces no pienso las cosas lo suficiente.

-¿Cocina?

-Nada. No sé hacer nada. Además, soy muy austera en la comida.

-Dígame una canción para la lista.

-Aquellas pequeñas cosas, de Serrat.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-El amor.

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