Envases plásticos biodegradables creados a partir de mondas de patata

El nuevo material, desarrollado por el centro tecnológico de Ecoembes, también se puede reciclar y compostar

Los envases plásticos biodegradables a partir de residuos vegetales se presentaron este jueves en Logroño
Los envases plásticos biodegradables a partir de residuos vegetales se presentaron este jueves en Logroño

logroño / enviado especialsantiago / la voz

Mondas de patatas en descomposición, pieles de fruta, restos de zanahoria. ¿Basura orgánica? En teoría sí, pero lejos de ser un desperdicio que en el mejor de los casos se reaprovecha mediante un proceso de compost como abono agrícola, este tipo de residuos están en disposición de alcanzar una segunda vida para transformarse en un nuevo e innovador producto: un plástico para la fabricación de todo tipo de envases que se puede reciclar, compostar y que se biodegrada al cabo de unos seis meses en la naturaleza y en el entorno marino. Es la alternativa largo tiempo buscada a los plásticos derivados del petróleo, que tardan cientos o miles de años en descomponerse, aunque en principio no está pensado como sustituto de las bolsas, ya que existen o se están desarrollando otras soluciones para este problema específico.

El prototipo del innovador material, pionero en el mundo y que podría llegar al mercado en un plazo de cinco años, fue creado por los investigadores de TheCircularLab, el centro de innovación abierta en economía circular promovido por Ecoembes y que tiene su base en Logroño. A diferencia de otras propuestas, es un plástico sostenible que se ha desarrollado en colaboración con el centro de investigación valenciano Ainia y que proviene de materia 100 % orgánica en descomposición.

El ejemplo es simple. A medio plazo es más que probable que las botellas de la leche, de detergentes o de prácticamente cualquier envase, incluida el agua, puedan estar fabricadas a partir de residuos vegetales. «El escalado industrial podríamos lograrlo en un año, pero necesitamos también el permiso de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria y los fabricantes tendrían que adaptar sus líneas de producción, por lo que no contamos con que el producto pueda estar en el mercado hasta dentro de cinco años», avanza Óscar Martín, consejero delegado de Ecoembés.

Este plástico vegetal podría ser, además, una alternativa para tratar los residuos procedentes de los mercados municipales y otras instalaciones en las que se generan grandes cantidades de este tipo de alimentos. De esta forma se contribuiría también no solo a que sean reciclados, sino también a aminorar el volumen actual de desperdicios alimentarios.

El nuevo material, denominado PHVB y que está en fase de prototipo, se obtiene tras triturar el residuo vegetal y extraer la glucosa del mismo, lo que a su vez sirve de alimento para un microorganismo que se encarga de producir el biopolímero con el que se fabrica.

Puede usarse para el envasado de productos de alimentación y bebidas, pero, a diferencia de los actuales, además de reciclarse se puede compostar y biodegradar en el medio. Esta última ventaja, sin embargo, no supone una invitación a que se pueda tirar en la naturaleza. «No hay que confundir el hecho de que sea biodegradable con pensar que lo podemos tirar donde nos dé la gana», advierte Jorge García, especialista en innovación de Ecoembes.

Por lo demás, presenta las mismas ventajas que cualquier otro envase plástico, salvo que hasta el momento aún no se ha conseguido que pueda ser transparente.

Contenedores conectados, la tecnología que permitirá pagar menos al que separe mejor 

El nuevo material plástico, que se ha desarrollado en un tiempo récord de seis meses, es el mayor avance logrado hasta el momento por el TheCircularLab en sus apenas año y medio de vida, pero no es la única innovación que prepara. En la actualidad tiene abiertos, en colaboración con universidades, estudiantes y empresas tecnológicas, en torno a 100 proyectos de los 160 que ha iniciado desde su inicio. «Apostamos por la innovación como palanca para crear una economía y una sociedad circular», explica Óscar Martín, consejero delegado de Ecoembes, que avanzó que el próximo año la inversión en el laboratorio sumará 10 millones desde su puesta en marcha.

Prototipo de contenedores de residuos interconectados
Prototipo de contenedores de residuos interconectados

Otro de los proyectos relevantes son los contenedores conectados, que incluyen el pesaje de las bolsas de residuos y una pantalla a la que cada usuario accede por un código de información personal para introducir sus datos. De esta forma se sabe qué tipo de desperdicios deposita, cuándo lo hace y su peso. Y, lo que puede ser más importante, la identificación permitirá saber si el usuario ha hecho una buena separación en origen de los residuos. Si es óptima, en el futuro podría tener una rebaja en la factura. Al menos es una de las alternativas que se barajan y que solo serán posibles con tecnologías como la presentada ayer en Logroño. Y es solo un pequeño ejemplo de un futuro que facilitará el reciclaje a los ciudadanos.

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