Las casas de Quindous se calentarán con la leña de O Caroco

Los vecinos se repartieron ramas y tronco del roble del Catálogo de Árbores Senlleiras que se desplomó por la nieve


lugo / la voz

Los vecinos de Quindous, en Cervantes, se repartieron las ramas y troncos de O Caroco, el roble centenario cuya copa se desplomó con la inesperada nevada del pasado mes de octubre. Casi todos los habitantes de esta pequeña aldea de Os Ancares se llevaron a sus casas la parte que les tocó, para usarla como leña. Otros recogieron bellotas para sembrarlas y tratar de obtener descendencia. Raquel López, la vecina de la casa más próxima al emblemático árbol, que figura en el Catálogo de Árbores Senlleiras de Galicia, confiesa que lloró cuando se levantó por la mañana y vio al que fue compañero de juegos de varias generaciones en el suelo. «Ao principio choraba pola casa -las ramas taponaron la fachada de su vivienda, salvo la puerta-, pero, cando vin que non pasou nada, e que foi por casualidade, porque caeu repartido coma se non quixese facer dano, chorei por el. Téñolle cariño. Era precioso e enorme. Deu leña para todos os veciños. Abriu coma se fose un libro».

Raquel López no recogió bellotas de O Caroco, el nombre con el que bautizaron los vecinos al roble, el más fuerte de la plaza de Quindous pero que no logró resistir el envite de la nevada a destiempo.

O Caroco era uno de los cinco carballos de la plaza de Quindous, que en tiempos acogió las ferias de ganado que se celebraban el día 28 de cada mes. Dejaron como herencia tres bares en una aldea que, según los vecinos, llegó a ser el centro comercial de la zona. En cada casa había una tienda. Hoy muchas de las viviendas solamente son usadas como segunda residencia. «O declive -cuenta un vecino- empezou cando fixeron a praza. Algo debeu pasar na terra porque secaron dúas rebolas, que deberían podar porque xa caeron pólas, unha delas nun coche».

El árbol lo usaron como parque de juegos varias generaciones de niños del pueblo

La plaza fue el patio de recreo de la escuela hasta que la cerraron, hace algo más de 30 años. Los niños jugaban dentro del árbol, que entonces tenía un hueco más grande que el actual, con entrada y salida, y que rellenaron con tierra. Dice una vecina que los escolares llegaron a prender una hoguera dentro. Horacio Doral fue uno de los niños que pasó algunas horas jugando con sus compañeros de escuela en el árbol. Ayer comprobó, ayudado por Inés Álvarez, quien regenta un bar en la plaza, que su circunferencia supera los siete metros.

«Fastidióusenos a sombra», lamentó Mercedes Quindós, que lleva 50 años viviendo en Quindous, donde se casó y tuvo a sus hijas. Las dos pasaron horas jugando en el interior del árbol, en el que después se refugió su nieta, que ahora tiene 12 años.

El roble, según los vecinos, escuchó hace décadas los lamentos de una mujer maltratada. «Cando caeu -comenta una persona del pueblo-, alguén dixo que un día que ía ás castañas atopou unha muller chorando dentro porque lle pegara o seu home». Otra había escuchado una historia parecida, pero el protagonista en este caso era un hombre al que su mujer no había dejado dormir en la casa que compartían.

Los vecinos dicen que fue refugio de una noche para personas víctimas de malos tratos

Dos metros de tronco de O Caroco y sus raíces siguen en la plaza. El temporal de nieve se llevó la copa, pero, según Amadeo, uno de los vecinos de la plaza, no está todo perdido.

Es probable que algunas ramas que le quedaron sigan vivas y puedan rebrotar.

Todos los vecinos coinciden en que es urgente podar las copas de los carballos que siguen en pie, sobre todo las de los dos que están enfermos y secos. «Son un perigo», comentaba una cuadrilla de cazadores.

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