David Bueno: «Tenemos que formar cerebros adaptables y optimistas»

El doctor en Biología y profesor de genética señala que la educación en negativo multiplica por diez las posibilidades de tener depresión en la edad adulta


redacción / la voz

Educar a través de la sorpresa: cómo aprende el cerebro es el título de la charla que forma parte del ciclo Educación siglo XXI, organizado por la Obra Social de ABANCA, que se imparte hoy en A Coruña y mañana en Ourense.

-En pleno siglo XXI y todavía se educa memorizando conceptos.

-La memoria sigue siendo tan necesaria como siempre. Pero lo importante es que ahora las cosas se racionalizan, se analizan críticamente para después saber cómo aplicar esos conocimientos a nuestro entorno real.

-¿Hemos superado la etapa de los castigos?

-Hay que reconocer la gran labor que están haciendo los maestros de cambiar la educación hacia un enfoque positivo. La educación en negativo multiplica por diez las probabilidades de tener depresión en la edad adulta.

-¿Las tecnologías ayudan?

-No son ni buenas ni malas. Lo importante es usarlas cuando haga falta y enseñar a gestionar su uso. Una tecnología jamás debe ser el sustituto de un juego cara a cara.

-¿Hacia dónde va la educación?

-La educación debe ir a formar cerebros plásticos y adaptables. Estamos educando personas para realidades que ni siquiera podemos imaginar cuáles van a ser. Se necesitan cerebros críticos, analíticos, creativos y optimistas para afrontar los cambios con ilusión y no con miedo.

-Pero las cifras de fracaso no son optimistas.

-La gran pregunta es: ¿fracaso respecto a qué? Si es respecto a algunos aspectos del sistema educativo actual, el problema es del sistema educativo. No existen las personas fracasadas, existen personas que no consiguen encontrar su motivación en unas formas de enseñanza que no les llevan hacia el futuro.

-¿Pero hay medios para una educación personalizada?

-Una educación personalizada no es incrementar el coste, es flexibilizar las exigencias. Si hay alumnos que no aprenden a leer hasta los seis o siete años no pasa nada. El problema no es que lean a los cinco, es que cuando sean adolescentes les guste leer.

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