España se adelanta a la UE al obligar a un etiquetado frontal de alimentos

Sanidad elige la fórmula que usa Francia de modo voluntario mientras Europa consensúa un modelo


redacción /la voz

Letra más grande y legible o mayor claridad a la hora de distinguir los nutrientes que contiene cada alimento. Esas son algunas de las carencias que observan endocrinos y consumidores a la hora de valorar cómo la industria identifica el contenido de sal, grasa, azúcares u otros componentes de cada uno de sus productos. Pero España dio ayer un paso adelante en materia de etiquetado frontal de alimentos, un distintivo voluntario en la UE, tal y como recoge el artículo 35 del reglamento 11/69 del 2011. Lo anunció la ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo que, coincidiendo con la celebración del Día Mundial de la Lucha contra la Obesidad, avanzó una batería de medidas para mejorar la Estrategia Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad (Naos), entre las que está la de incluir, a partir del año que viene, un etiquetado frontal obligatorio «para aportar mejor información a los consumidores de alimentos y bebidas».

El modelo elegido será el Nutri-Score, el que ya usa de forma voluntaria Francia y que también quieren incorporar Bélgica, Portugal y una cadena alimentaria española. Con este elección, como explicó el representante ante la European Federation of the Associations of Diettians (EFAD) del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas, Manuel Moñino, España se adelanta al informe que prepara la Comisión Europea que se espera a finales del 2018 o principios del 2019 y que pretende ejercer de guía para los estados miembros de cara a implantar o desarrollar la mejor fórmula para el etiquetado frontal de los productos alimenticios.

Durante el debate sobre el reglamento del 2011, los colegios de nutricionistas, al igual que asociaciones de pacientes o consumidores, defendieron ya que fuera obligatorio, pero la adopción del Nutri-Score ahora en España, a juicio de este líder de salud pública de la EFAD, es precipitada, porque en breve estará elaborado el informe guía. «No estoy contra esta fórmula que puede contribuir a una elección más saludable de los alimentos, pero creo que es apresurado mostrar una preferencia hacia un determinado modelo cuando aún no ha habido un consenso a nivel europeo sobre este tema», dice.

El Nutri-Score

Pero dado el reto para la salud pública que supone el sobrepeso y todo lo que parece estarse dilatando el debate del etiquetado de productos alimenticios en la UE, España no quiere continuar esperando. «La información permitirá que la ciudadanía pueda comprar con otros productos semejantes de forma sencilla y tomar una decisión informada y motivada para seguir una dieta saludable», dijo la ministra Carcedo. Y parece que para lograrlo el Nutri-Score, avalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), es la fórmula que le ha parecido más adecuada. ¿Cómo funciona? Reparte los alimentos en una escala de niveles que se corresponden con las letras A, B, C, D, E, calculados con un algoritmo en base a la cantidad de nutrientes que favorecen la salud (fibra, proteínas, fruta, verdura, frutos secos, legumbres) y los que es recomendable reducir (sal, azúcar añadido o grasas saturadas) por cada cien gramos.

El anuncio del nuevo etiquetado obligatorio por parte del Ejecutivo llega tan solo unos días después de que un grupo de grandes multinacionales del sector de la distribución (Coca-Cola, Mondelez, Pepsico, Nestlè y Unilever) presentaran en España su propio modelo de etiquetas. En su caso eligieron un modelo más sencillo que el Nutri-Score basado en los tres colores de un semáforo.

Pero con la medida obligatoria del Gobierno podrían tener que dar marcha atrás. De hecho, fuentes de otra industria alimentaria comentaron que la implantación de un modelo obligatorio para el que no hay consenso a nivel europeo supone un importante gasto para la industria, porque tienen que cambiar todas sus etiquetas para adaptarlas.

Una cuestión de salud

Pero frente al interés económico, lo que debe primar en el debate es la salud. Ahí también hay debate sobre la información que aporta y cómo lo hace el modelo elegido por el Ejecutivo. Para la tecnóloga de alimentos Sabela Oca, ni este modelo, ni el del semáforo resuelven el problema porque «non teñen en conta o valor nutricional dun alimento no seu conxunto». Por eso apuesta por la educación nutricional en el aula porque en las etiquetas actuales «xa vén toda a información». En este sentido, Moñino dice que «es muy urgente» ahondar en la educación en esta materia y no solo para descifrar lo que dice la letra pequeña que acompaña los productos, también para «hacer un consumo responsable en el contexto de un patrón alimentario saludable acorde con las pautas de la dieta mediterránea».

«Hay que tomar medidas legislativas contundentes para luchar contra la obesidad, como se hizo con el tabaco»

Una madre lleva a su hija al colegio. Antes para en la panadería y le compra un cruasán para el recreo. No es lo ideal. Lo dicen los endocrinos, que ven como, pese a las campañas de información llevadas a cabo desde hace años, las cifras de sobrepeso no llegan a revertirse en España. Esa es una de las razones por las que ayer la ministra de Sanidad incidió en la implementación de medidas de las que lleva años hablándose, pero que están pendientes de regulación. Un ejemplo es la prohibición de la comercialización de alimentos o bebidas con alto contenido en azúcar, ácidos grasos saturados o trans, sal o calorías vacías en los centros escolares.

Para ello, dentro del plan para reforzar la estrategia Naos avanzó el desarrollo reglamentario de la ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición para avanzar en esa línea. Esas medidas, añadió el ministerio en un comunicado, han de tomarse en colaboración con las comunidades autónomas, además de otros departamentos del Gobierno. Esto supone un paso de la «información a la acción» que aplaude el presidente de la Sociedad Española de Obesidad e investigador del Ciberobn, Francisco Tinahones. A su juicio, «hay que tomar medidas legislativas contundentes para luchar contra la obesidad como se hizo con el tabaco, porque hasta ahora no se ha llegado a regular ni legislar realmente».

En este sentido, añade que en todo el tiempo que se ha invertido en realizar campañas de información para frenar este importante problema de salud pública «hemos logrado relativamente poco porque, pese a que es verdad que no se produce un incremento tan espectacular de la obesidad, no hemos logrado revertir la curva de ascenso».

Otra de las medidas anunciadas ayer por el Ejecutivo central es el desarrollo de pautas para la contratación de menús, cáterings o máquinas expendedoras en colegios o centros públicos (desde hospitales a universidades). De ahí que los productos de las máquinas de vending deban cumplir unos valores nutricionales.

Adiós a poder comprar bollería industrial en los centros escolares

La publicidad de productos poco saludables para menores de 15 años quedará limitada

Limitar la publicidad de los alimentos poco saludables dirigida a los menores de quince años fue otra de las medidas estrella avanzadas ayer por la ministra de Sanidad. Lo hará mediante el código PAOS de autorregulación de publicidad. De momento es lo que ha trascendido sobre la medida.

Por eso, Félix Morales, periodista y sanitario investigador en publicidad alimentaria, prefiere ser discreto. Dice que en España la publicidad alimentaria es «manifiestamente mejorable». De ahí que cualquier paso para mejorarla es bueno. Lo que no sabe es qué criterio aplicará el Gobierno para restringirla. Una buena medida, como avanza, es la recomendación de la OMS para Europa: todo alimento que supere el umbral saludable de cantidad de un nutriente no podrá anunciarse ante menores.

Relacionan la obesidad con un mayor riesgo de padecer trastornos psicológicos

Nunca hasta ahora se habían vinculado científicamente, pero parece que tienen que ver. La Sociedad Española de la Obesidad (SEEDO-SEO) y la de Endocrinología y Nutrición (SEEN) coincidieron ayer a la hora de relacionar la obesidad con la mayor probabilidad de padecer trastornos psicológicos. Pero no solo eso. Además, avanzaron que estos pueden presentarse antes o después de desarrollar la enfermedad. Entre las alteraciones asociadas están desde trastornos de conducta alimentaria como los atracones o la bulimia a la ansiedad o la depresión.

Teniendo en cuenta que un informe del 2016 habla de que el 39,3 % de la población española tiene sobrepeso y un 21,6 % obesidad, ambas entidades reclaman a la sanidad pública que aborde la obesidad desde el punto de vista de la psicología. «Es la base necesaria para que el paciente se comprometa a realizar el tratamiento y cambiar sus hábitos de vida», dijeron en un comunicado.

Los datos dados a conocer ayer por ambas entidades hablan de que un 30 % de las personas obesas que acuden a terapia tienen rasgos de bulimia, mientras que un 50 % de los pacientes con impulsos bulímicos también tienen depresión.

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