Las bodas ante notario en Galicia se multiplican por diez en solo dos años

La cifra se disparó desde las 23 parejas que eligieron este método en el 2015 a las 231 que lo hicieron en el 2017


redacción / la voz

Los primeros en darse el sí quiero ante notario en Galicia lo hicieron porque no querían que los casase «ni un político ni un cura». Después, decenas de parejas les siguieron y la cifra se disparó: de las 23 parejas que eligieron este método en el 2015, se ha pasado a 231 en el 2017. En el conjunto del país la tendencia aún es más llamativa ya que se incrementaron desde las 458 del 2015 a las 8.235 del año pasado.

Para Isabel Louro, decana del Colegio de Notarios de Galicia, «después de que la Ley de Jurisdicción Voluntaria atribuyera a los notarios esta competencia, que antes no teníamos, los ciudadanos han empezado a valorarlo como una posibilidad que, en determinados casos, puede resultarles útil y conveniente, por su agilidad o privacidad, por ejemplo». Se trata, al fin, de tramitar el expediente matrimonial en la notaría, en un acto en el que el notario lee los artículos 66, 67 y 68 del Código Civil en presencia de dos testigos. Los contrayentes se dan el «sí quiero» firmando la escritura pública de matrimonio.

Aunque la mayoría son ventajas, hay que tener en cuenta también que el notario solo puede casar dentro de su jurisdicción, así que la boda debe ser en su despacho o, en su defecto, el lugar debe estar próximo a este o en su territorio de competencia, siempre que se pacte con él previamente. Según explica Louro, «la Dirección General de los Registros y del Notariado ha fijado el criterio de que los matrimonios ante notario, deben celebrarse en el despacho del autorizante salvo que concurra alguna circunstancia que determine la necesidad o conveniencia de su autorización fuera; en tal supuesto, edad o enfermedad de alguno de los otorgantes o testigos por ejemplo, el notario, como en cualquier otra escritura o acta en que concurran tales circunstancias, se desplaza e interviene fuera de la oficina notarial».

Además de la posibilidad de ahorrar tiempo, la elección de la notaría para una boda tiene también algo de moda o tendencia, ya que son varios los famosos que han elegido esta opción en los últimos años. Ortega Cano y Ana María Aldón, Cristina Pedroche y Daviz Muñoz o Iker Casillas y Sara Carbonero fueron algunos de los personajes que eligieron esta opción que, para la decana del colegio gallego, resulta adecuada para cualquier situación. «La celebración del matrimonio ante notario es una de las opciones que concede la ley y que resulta adecuada para cualquier circunstancia, igual que ocurre cuando se celebra ante el alcalde, el Letrado de la Administración de Justicia o el Juez encargado del Registro Civil», asegura.

En algunas webs que ofrecen información sobre el tema, las personas interesadas preguntan si esta elección facilita de algún modo la separación en el futuro, algo que desmiente rotundamente la experta. «En absoluto. La celebración del matrimonio ante notario produce exactamente los mismos efectos que la celebración ante cualquier otra autoridad o funcionario; los que se imponen para la separación y la disolución por divorcio son también idénticos cualquiera que sea la forma en la que se celebre».

Para un notario, el matrimonio no es un simple trámite más. «Evidentemente la ilusión de los contrayentes se traslada de alguna manera al autorizante -asegura Isabel Louro- pero lo cierto es que esa implicación personal del notario se da también en muchos otros actos; la intimidad que se produce cuando cualquier persona consulta o decide sobre otras cuestiones trascendentes y busca el consejo del notario, determina que nos impliquemos en sus ilusiones y en sus preocupaciones». Hasta el momento, la notaria no ha tenido ningún caso que no se haya podido celebrar la boda. «Tengo más experiencia de divorcios que de matrimonios. ¡Y todavía nadie se ha arrepentido en el último momento!», concluye Louro.

«Nos casamos y nos fuimos a tomar unas cañas»

La comodidad llevó a Iris y a su pareja a darse el sí quiero ante notario: «No nos hicimos ni una foto»

rosa estévez

La de Iris no fue una boda convencional. Esta vilagarciana y su pareja lo decidieron así. «Nos casamos porque tenemos una hija juntos, y cualquier gestión o trámite que quieras hacer es más complicado estando solteros, parece que hay como más incertidumbre», relata. Así que ellos, que nunca creyeron en la necesidad de papeles para compartir su vida, decidieron oficializar su convivencia mediante un contrato nupcial que les hiciese las cosas más fáciles. Pero eso no significaba que quisiesen una ceremonia al uso. Todo lo contrario. La idea de una boda por todo lo alto no les gustaba nada. «Nos informamos de las opciones que había y, finalmente, elegimos la del notario».

Fue una la razón que los empujó hacia ese camino. «Era la solución más cómoda, la más flexible», cuenta. «Pensamos en casarnos por el juzgado, o en el Concello, pero claro, nos ponían ellos las horas». En la notaría, sin embargo, podían escoger día y hora, «y eso para nosotros era importante, para que los testigos -dos primos del novio- no tuviesen que faltar a trabajar». Así que un miércoles 28 de marzo, a las cuatro y media de la tarde, Iris abandonó la soltería y se convirtió en una mujer casada. «Fue muy rápido y muy cómodo». Y muy íntimo, porque a la ceremonia solo acudieron los imprescindibles: los novios y los testigos. «Luego nos fuimos a tomar unas cañas, más que nada para agradecerles que nos hubiesen acompañado».

«Ni siquiera nos llevamos a la niña», la razón de un matrimonio oficializado tras más de cinco años de relación. La pequeña se quedó con los abuelos, que sin duda hubiesen preferido asistir a la boda.

Porque Iris reconoce que, a las familias, su ceremonia discreta y silenciosa no les ha gustado mucho. «A ver, nunca se han quejado, no nos han dicho nunca nada... Pero se nota que les hubiese gustado algo más. Sobre todo, que les hubiese gustado estar en ese momento con nosotros». Se han tenido que conformar. Y han tenido que hacerlo sin contar, siquiera, con una foto. «La verdad es que no nos hicimos ni una».

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