Un equipo gallego probará la relación entre la obesidad y el alzhéimer

Europa financia el proyecto con 10 millones, el primer Sinergy Grant concedido a Galicia


redacción / la voz

Un adulto obeso o con diabetes presenta un mayor riesgo de sufrir alzhéimer en la vejez. Es lo que advierten los especialistas y lo que indican los estudios epidemiológicos, pero en realidad no se sabe por qué. Se desconoce por completo si verdaderamente existe un proceso fisiológico que ligue a estas dolencias aparentemente tan dispares. Probar esta relación, identificar los mecanismos moleculares implicados y plantear posibles terapias es el objeto de un ambicioso proyecto financiado con diez millones de euros por el Consejo Europeo de Investigación (ERC) a tres grupos punteros que unirán talento y esfuerzos para tratar de responder a un enorme desafío que se sitúa en la frontera del conocimiento. Y esta es, precisamente, la filosofía del programa Synergy Grant, la de apostar por ideas rompedoras que abran un conocimiento nuevo y que, por primera vez, se ha concedido a un equipo científico de Galicia. Se trata del grupo liderado por Rubén Nogueiras en el Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular e Enfermidades Crónicas (Cimus) de la Universidade de Santiago, que asumirá el reto en colaboración con los liderados por Vicent Prevot, en el Instituto Nacional de la Salud de Francia, y Markus Schwaninger, de la Universidad de Lübeck (Alemania).

«Estamos muy ilusionados porque este trabajo puede abrir un nuevo concepto para entender la relación entre la obesidad y las enfermedades neurodegenerativas, porque se trata de un proyecto de alto riesgo con capacidad de cambiar el área en la que trabajamos», destaca Rubén Nogueiras, que hace años también recibió una beca Starting Grant del ERC.

Los tres equipos parten de una hipótesis que tiene como protagonista a los tanicitos, células del sistema nervioso diferentes a las neuronas y de las que se sabe más bien poco, pero que se cree que son importantes en la comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo. O, lo que es lo mismo, modulan el transporte de sustancias -hormonas, nutrientes o metabolitos- entre el cerebro y otros órganos. «Nuestra hipótesis -a punta Nogueiras- es que esta comunicación es fundamental para mantener el equilibrio del organismo, regulando así tanto el peso corporal como muchas otras funciones biológicas».

En el caso de la obesidad existe una hormona, la leptina, que secreta la grasa blanca. Cuanta más grasa blanca, más leptina pasa a la sangre y llega al cerebro. «En pacientes obesos -explica el investigador- este transporte por la sangre de la leptina al cerebro no funciona. Los tanicitos son una especie de puerta entre el cerebro y el resto de órganos, por lo que si somos capaces de modificar su actividad e identificar los mecanismos que la abran para facilitar el transporte de esta hormona se produciría una bajada de peso». Con el alzhéimer, que algunos expertos ya denominan como la diabetes tipo III porque es una forma de resistencia de la insulina en el cerebro, ocurriría algo parecido. «La insulina se fabrica en el páncreas y si producimos cambios en los tanicitos mejoraremos la acción de la insulina en el cerebro, lo que puede ayudar a que los efectos del alzhéimer no sean tan graves».

Pero queda un camino muy largo. Hay que analizar previamente en detalle las poblaciones de tanicitos, determinar cómo funcionan, identificar los mecanismos que participan en el intercambio de sustancias entre el cerebro, averiguar cómo modularlos para plantear posibles dianas terapéuticas... El proyecto europeo es a seis años. Y es solo el principio.

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