Por qué no hay que votar a un político con abdominales

Un estudio concluye que los hombres más fuertes y musculosos prefieren una sociedad no igualitaria


Los hombres más fuertes y musculosos prefieren una sociedad no igualitaria. Y por consiguiente, cabe deducir que se alinean con -y votan a -los partidos políticos que fomentan y/o perpetúan las desigualdades sociales. Al menos es lo que concluye un estudio de la universidad de Aarhus en base a datos recabados entre 2012 y 2017 sobre más de 6000 individuos de diferentes nacionalidades, una cantidad que supera lo anecdótico y pasa a ser, sino representativa, sí al menos significativa. Una relación masa muscular-ideología que, por el contrario no se da entre las mujeres. 

La explicación aportada por los autores del estudio es que se trata de un instinto, mecanismo, o como quiera llamársele, instalado en nuestro «ancestral» cerebro de cazador-recolector-competidor por los recursos. Y que pone en evidencia, más si cabe, que no dejamos de ser una especie animal. De hecho, esa fue la hipótesis de partida para la investigación: comprobar si, al igual que sucede en el reino animal, los machos más fuertes y poderosos buscan y provocan el enfrentamiento como forma de establecer su jerarquía y ganarse así las ventajas que ello conlleva; en tanto que los más débiles lo rehúyen y prefieren refugiarse en la protección/colaboración/solidaridad del grupo.

Más allá de la conclusión alcanzada, el estudio invita a múltiples y variadas reflexiones. Por ejemplo, dar gracias por el establecimiento del sufragio universal, que garantiza el voto a las mujeres, pues gracias a ello el efecto se «diluye».

Pero, sobre todo, a mi me ha dado por pensar en si esta relación también se manifiesta en sentido inverso. Es decir, si el físico del líder del partido, escogido por las bases, se ajusta o representa la ideología -y las promesas- del partido en cuestiones sociales. Si jugamos con esta hipótesis, y restringiéndonos al panorama político nacional, parece evidente que Podemos, con Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y compañía como «tirillas» cabezas de cartel, representan la apuesta más segura para los desfavorecidos y descontentos por la falta de oportunidades. Y de los que, efectivamente, se nutre gran parte de su potencial electorado.

 Siguiendo con esta hipótesis, curiosamente el siguiente partido que «garantizaría» una política social más justa sería el PP, puesto que Pablo Casado no parece un prodigio de músculos. Como tampoco transmite esa impresión Albert Ribera -y que me perdonen si alguno se da por ofendido-. Irónicamente y atendiendo a la «percha» de Pedro Sánchez , el PSOE sería el menos proclive a combatir las desigualdades sociales. 

Y una última reflexión: tuvimos suerte; porque si ya durante sus mandatos Jose María Aznar no fue precisamente un adalid de las causas sociales, por lo menos la fiebre vigoréxica le llegó una vez ya retirado.

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