Cáncer y sexualidad, dos conceptos que se entienden bastante mejor de lo que parece

El Hospital Público da Mariña, en Burela, imparte talleres para ayudar a los pacientes oncológicos a romper con los tabúes


BURELA / LA VOZ

«En nuestra cultura, las personas que no están en edad reproductiva están como sacrificadas a no tener sexualidad. Si son ancianos, decimos que son ‘viejos verdes’ o ‘viejas verdes’. Y lo mismo pasa con quien está enfermo de cáncer o de cualquier otra cosa, que ya no es una persona sexual». Quien así se expresa es la matrona y sexóloga Beni Martínez, que ayer, en la víspera del Día Internacional del Cáncer de mama, el tumor maligno más frecuente entre las mujeres, impartió un taller dirigido a pacientes oncológicos en el Hospital Público da Mariña, en Burela.

Su objetivo era «desmitificar la idea que tiene todo el mundo de la sexualidad». Y es que hablar de sexo cuando la palabra cáncer aparece por el medio sigue siendo tabú en nuestra sociedad, como señala la especialista mariñana, que destaca que «el placer» abarca mucho más que el coito. «Culturalmente la sexualidad siempre se ha centrado en los genitales, la gente tiene metido en la cabeza que solo se puede sentir placer a través de los genitales cuando todo el cuerpo es sexuado, susceptible de segregar hormonas para pasarlo bien», indica Martínez.

En su opinión, para cualquier persona, y más aún para quien está enfermo, son importantes la cercanía, las caricias, las sensaciones, la imaginación... «Sentirse importante para la otra persona y no centrarse únicamente en los órganos que se utilizan para la reproducción, que son una parte más», indica. «Tenemos mucho que aprovechar de nuestro cuerpo y de nuestra comunicación para sentirnos bien, que es para lo que somos sexuados», agrega.

El área de Humanización del hospital impulsará otro taller a principios del 2019. «Son importantes para que la gente entienda otras ideas y para que sepa cuidarse en todos los sentidos», abunda Martínez. Y ahí, el disparo va directo al cáncer. «La cosa no es ir al hospital, que te pongan el tratamiento y volver fastidiada a casa, donde está todo el mundo pendiente de ti, pero teniéndote lástima. Realmente el rato que estás allí estás mal, pero después tienes vida. Ya desde que nacemos necesitamos el contacto con la piel, las caricias. Vamos a disfrutar de lo que tenemos, sea mucho o poco, porque al cáncer se le tiene un miedo terrible que parece que ya ni tienes manos, ni pies, ni ojos, ni boca, ni capacidad de disfrute cuando, si tú no te sientes una víctima, puedes pasarlo todo lo bien que puedas con las capacidades que tienes», señala.

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