El observatorio médico contra las seudociencias recibió 500 denuncias

Entre ellas figuran casos de afectados, de mala praxis o de realización de cursos


Santiago / La Voz

Hace año y medio la Organización Médica Colegial (OMC) puso en marcha el Observatorio contra las seudociencias, seudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias. Lo hizo para poner freno a este tipo de prácticas, casi inocuas en algún caso, muy peligrosas en otros. Además de realizar un completo informe sobre cuáles son y cómo se clasifican, también habilitó una herramienta para comunicar a la OMC cualquier tipo de denuncia, testimonio o información sobre la realidad de estas actividades en España. Durante este tiempo se han recibido unas quinientas notificaciones de diverso tipo, desde casos de afectados que cuentan su experiencia, pasando por denuncias de cursos o seminarios sobre estas seudociencias, hasta quejas de mala praxis.

Jerónimo Fernández, coordinador de este observatorio, asegura que la mayoría se tramitan y se derivan al colegio médico que corresponda -hay 52 en España- y a partir de ahí se siguen procedimientos diferentes. La propia entidad colegial valora si cabe la apertura de un expediente -como acaba de ocurrir en el caso de Jaén-, sanción, o incluso la posibilidad de interponer denuncia. Este observatorio está abierto a toda la sociedad, no solo a profesionales médicos, «y a veces llegan comunicaciones de denuncia y otras solo para dar información. Intentamos que las más relevantes tengan una respuesta y sobre todo la derivación correspondiente a cada colegio», explica Fernández.

El documento elaborado por la OMC recoge unas 170 prácticas, no todas seudoterapias y no todas peligrosas, con información detallada sobre cada una. Y por supuesto hay bastante diferencia entre unas y otras. Desde algunas que ya están consideradas como sectáreas, como la bioneuroemoción, la nueva medicina germánica o la biodescodificación, todas con un mismo entronque y que parten de que no hay enfermedades, sino que son el resultado de conflictos emocionales; hasta otras que la OMC recoge que tienen evidencia científica, como la hidroterapia o el drenaje linfático manual. En medio, un abanico que incluye medicamentos ayurvédicos, homeopatía, ozonoterapia, kinesiología, osteopatía, reiki o terapia de renovación de memoria celular, esta última también con riesgo sectáreo.

Países proclives a la homeopatía como Inglaterra o Francia empiezan a cuestionarla

La homeopatía es una de las seudociencias que más ha calado en Europa, hasta el punto de que hay países que la financian. La OMC asegura en su informe que «puede aparentar ser inocua», sin embargo, el problema surge cuando aparecen víctimas «por factores como el abandono o retraso de un tratamiento adecuado». Manuel Herrador, profesor de la Universidade de A Coruña y miembro del Círculo Escéptico, una asociación de científicos dedicada a combatir la seudociencia, asegura que se han hecho estudios que reflejan que la gente que usa la homeopatía como tratamiento complementario tiene menos adherencia al convencional.

No obstante, es más que optimista sobre el avance en la lucha contra este tipo de prácticas y pone dos ejemplos. Países en los que la homeopatía tiene mucha difusión, como Francia o Reino Unido, empiezan a levantar la voz de alarma. En agosto, el Gobierno francés ordenó una evaluación de su eficacia y el servicio nacional de salud del Reino Unido ha retirado su financiación a un método que defendió hasta el príncipe Carlos de Inglaterra.

Herrador detalla que hay un amplio abanico de prácticas, entre las que figuran algunas muy peligrosas en sí mismas, como la solución mineral milagrosa (MMS); aquellas invasivas como la quiropraxia, que implica manipulación del cuerpo; y sobre todo la medicina germánica «en la que lo primero que se hace es apartar al enfermo del tratamiento convencional». Otras, con productos inocuos, como la homeopatía o las flores de Bach, acarrean riesgos al abandonar el tratamiento ordinario.

«Le di veneno de escorpión a mi madre, pero creo que era agua»

xosé carreira

Tenía un tumor en la cabeza que era imposible de operar. Juliana, desesperada, se agarró a un clavo ardiendo para intentar salvarla

La madre de Juliana, una vecina de Portomarín que trabaja en Lugo, empezó a tener problemas de visión extraños. La llevó a un oculista y no le vio nada anormal, pero seguía empeorando. Buscó información y le recomendaron uno con consulta en A Coruña que, tras un primer análisis, decidió pedirle un TAC porque no le vio buena pinta al asunto. La prueba determinó que la mujer, que había cumplido no hacía mucho los 70 años, tenía un tumor en la cabeza. El oftalmólogo la derivó a los neurocirujanos y estos coincidieron en dar noticias fatales: no había posibilidad de operación por la ubicación del bulto. Era preciso probar con la radiocirugía. No funcionó.

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