Trituradoras de papel, nazis y Guerra Fría

El alemán que ideó la máquina para destruir papeles lo hizo para deshacerse de material comprometedor


Gracias a la feliz ocurrencia del pequeño Leo Belnap de destrozar los ahorros sus padres con una trituradora de papel, y a la no menos feliz de sus progenitores de compartir en las redes sociales la travesura de su retoño, dicha máquina ha alcanzado una efímera notoriedad. Lo que me brinda la ocasión de dar a conocer la llamativa historia y leyenda de la invención de este aparato, hoy omnipresente en cualquier oficina que se precie. Y, por lo visto, también en muchas casas.

Al parecer la primera patente de una máquina ideada para destruir el papel corresponde al inventor estadounidense Abbot Augustus Low quien en 1908 registraba su waste-paper receptable (receptáculo para papel desechable). Un ingenio que empleaba un sistema de cuchillas que cortaban el papel conforme éste era empujado a deslizarse a través de ellas antes de caer al contenedor.

No obstante, Low nunca llegó a comercializar su invento. Por lo que hubo que esperar hasta 1935, cuando el alemán Adolf Ehinger fabricaba -éste sí- y patentaba su trituradora de papel. Basándose en el diseño de las procesadoras de pasta de papel de la época y echando mano de utensilios de cocina fabricaba un prototipo al que posteriormente añadiría un motor eléctrico. Y es aquí donde irrumpe la leyenda, por cuanto se afirma que Ehinger construyó la máquina a fin de destruir la publicidad anti-nazi que había impreso, tras haber sido denunciado por un vecino.

Sea como fuere, Ehinger sí supo ver el potencial del artilugio como método seguro para destruir material sensible y comprometedor. Y además se encontró con el nicho de mercado perfecto en el mejor momento. Así, durante la Segunda Guerra Mundial comenzó a vender con notorio éxito su máquina a agencias gubernamentales y embajadas, instituciones financieras y centros militares. Un nicho de mercado que no hizo sino ampliarse durante las siguientes décadas, de la mano de la guerra fría, y cuando destruir el material secreto y clasificado resultaba fundamental para evitar el espionaje.

Además, en 1959, y en una clara demostración de visión de futuro, Ehinger desarrollaba la primera cortadora transversal de papel, esto es, que corta el papel en varias direcciones en lugar de en tiras rectas. Con lo que reconstruir los documentos así destruidos resulta mucho más difícil. Una modificación que se convirtió en indispensable a raíz de que en 1979 la embajada estadounidense en Teherán, donde operaba una trituradora de papel clásica, fuese tomada por militares iraníes que pudieron reconstruir los documentos destruidos tras recurrir a fabricantes de alfombras locales para que cosiesen las distintas tiras.

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