Los lobos usan como despensa un rebaño de cabras de Guntín

En lo que va de año Cabuxa Natur ha tenido 44 bajas, la mayor parte de ellas en terrenos cercados


lugo / la voz

Gemma Sampedro, ingeniera forestal que puso en marcha una explotación de cabras en ecológico en el lugar de Borreiques, en Guntín, está pensando en tirar la toalla, después de 8 años. En caso de que no le den una solución, asegura que no podrá resistir más tiempo. Su explotación es modélica, dentro del sistema de pastoreo que practica y es un ejemplo para el grupo de investigación europeo Afinet, que busca soluciones para el cambio climático. Pero, los cada vez más frecuentes ataques del lobo, que en este año ha mermado su rebaño en 44 animales, son la razón de que piense en abandonar su forma de vida y su negocio, Cabuxa Natur. «Se en vez de dedicarme ás cabras plantase eucaliptos, a miña situación a día de hoxe non sería esta. Necesito unha solución xa, porque se non quedo sen animais»

Cabuxa Natur ha perdido en lo que va de año 44 reses
Cabuxa Natur ha perdido en lo que va de año 44 reses

Hasta el año 2016 no sufrió ningún ataque en su explotación, de una superficie de 54 hectáreas, que completa con el pastoreo en el monte comunal. A partir de enero se sucedieron y la verdadera sangría se concentró en este año. El último fue hace unos días, en que los lobos mataron a diez de sus animales dentro del cercado, en una zona muy próxima a las casas.

«Asumo que se pastoreo polo monte podo ter algunha baixa, porque me estou metendo no terreo do lobo, pero o que non pode ser é que veñan matar as miñas cabras a unha leira que está rodeada de pastor eléctrico». Invirtió en esta medida de protección, que ahora no le sirve para nada, 30.000 euros.

Dos ataques en directo

La pastora está convencida de que los lobos -ella ha visto dos y en dos ocasiones diferentes- la vigilan y controlan todos sus movimientos. «Son moi listos e teñen deseñadas as súas estratexias, e saben que teñen comida fácil e non lles fai falta buscar fauna salvaxe, que sería o seu». La pasada semana, según explicó, estaba con las cabras en el monte -las lleva todos los días y permanece con ellas todo el tiempo porque es su sistema de trabajo, y está convencida de que si no lo hace, enfermarían, y los cabritos que vende no sería iguales- y vio saltar una liebre. «Ao segundo oín berrar as cabras e no medio delas vin un lobo. Tireille pedras e o caxato, pero non se inmutou. Desafioume e, mentres eu estaba atenta ao que facía, outro lobo aproveitou e marchoume cunha cabra».

El lobo -Sampedro no tiene ninguna duda de que fuera este depredador- solamente salió huyendo cuando aparecieron los mastines. «Non lle teño medo porque habendo tanta cabra non se vai meter comigo. Teño máis ben rabia que medo», añade.

Tenía, según asegura, un sistema de trabajo muy cómodo para manejar su rebaño de 240 animales adultos y de recría, según el último recuento efectuado estos días y que llegó a rondar los 300. Tuvo que cambiarlo porque necesitaría seis mastines para tener protegido a todo su ganado, uno por cada 50 animales. Esto, hoy por hoy, según la ganadera, es inviable porque no sería asumible la alimentación y los cuidados sanitarios de tantos perros. En Francia la subvenciona la Administración. Está esperando que le lleguen dos mastines de Benavente y un perro de montaña de los Pirineos, pero mientras los adiestra para que cuiden el ganado va a transcurrir más de un año y, en tanto, clama por una solución urgente.

Ahora las cabras y los cabritos duermen en un cercado frente a la casa, con los perros. Antes quedaban sueltos en la parcela que rodea un pastor eléctrico que abarca siete kilómetros. Sampedro duerme con la ventana abierta para escuchar los ruidos y posibles señales de alerta, temerosa de un nuevo ataque. «Se teño que encerralos e crialos en intensivo para que non os coma o lobo, deixo todo», asegura.

La ganadera ha expuesto su caso en la Xunta. «Non sei cal é a solución. Se son os mastíns, debería haber axudas para mantelos, non para mercalos». Se queja de que las existentes por los daños no cubren ni una mínima parte. Además se encuentra con otro inconveniente, que si aparecen restos del cadáver recibe la ayuda, en caso contrario no.

Indemnizaciones ridículas

Según sus cálculos, menos de 1.300 euros por animal no le cubre. Se basa en que la vida productiva de una cabra es de 10 años de media. Por cada una cobraría en ese tiempo 300 euros por las ayudas de raza galega e ingresaría 1.000 euros por los cabritos, que vende a 100 euros.

«Eu non teño ningún interese en que maten os lobos -señala la responsable de Cabuxa Natur-, pero si en que deixen de atacar ao meu gando. Que cambien de zona!».

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