«Mi hijo no empezó a decir 'mamá' hasta los cuatro años»

La madre de un niño con Trastorno Específico del Lenguaje describe cómo darse cuenta


redacción / la voz

«Xa falará» no es una opción. No lo fue para Marta Casal. Cuando su hijo tenía 18 meses, se dio cuenta de que le pasaba algo: «No era que no hablase, era como una dificultad de conexión en la comunicación. A toro pasado vas dándote cuenta de cosas... Es como una alerta que salta y dice ‘aquí hay algo’». Fue entonces cuando pidió ayuda al pediatra. Tuvo suerte porque lo normal, como apunta, «es que las familias cuando sus hijos han cumplido ya los tres años continúen peleando para que los deriven a un especialista». Lo bueno fue que su pediatra no aguardó: «Me dijo ‘vamos a derivarlo a Atención Temprana’. Y allí ya puso distinguir entre Trastorno Específico del Lenguaje (TEL) y Trastorno del Espectro Autista (TEA)». Resultó que su hijo fue diagnosticado más tarde con el primero y Marta es ahora la presidenta de la Asociación TEL Galicia, que hoy celebra el Día Internacional dedicado a dar a conocer este trastorno. Su objetivo es que la gente sepa que existe y que hay un colectivo que puede arropar y ayudar a aquellos que tengan un afectado en casa. Porque, según dice Marta, afecta a entre el 2 y el 7 % de la población infantil.

«Hay mucho conocimiento del TEA o del TDH, cuando la incidencia es mucho menor. Lo que ocurre es que con el TEL, por una parte hay una tolerancia muy grande y, por otra, que no solo la familia o la gente que encuentras en el parque no saben qué es, a veces también ocurre en el ámbito sanitario o educativo».

El problema es que muchas veces no se identifica y, como apunta esta madre, «identificar el problema cuanto antes, a una edad temprana, resulta fundamental». De hecho, en un primer momento Marta pensó que su hijo sufría un Trastorno del Espectro Autista. «Es lo más conocido, entonces comienzas a pensar que puede tener algo de eso porque no te hace caso. Le llamas, te mira, pero no hay una interacción que se corresponda con la edad que tiene», dice. Esas sospechas se prolongaron durante bastante tiempo. Ocurre en muchas familias.

Llegar a Atención Temprana ya es un paso. El problema, añade, es que «una vez que llegan ahí, como es un trastorno del desarrollo inespecífico no acaba de encajarles, la estrategia es entonces esperar. Esperamos, esperamos, pero no hay tratamiento. Lo hay que buscar por fuera».

Ella tuvo que hacerlo. Leyó por su cuenta, investigó y dio con una logopeda experta en un tema que afecta a «la comprensión y a la expresión», pero también hay que trabajar a nivel neuronal y con todos los aspectos que interfieren en el día a día. Porque como apunta Marta Casal «decir que es un trastorno específico del lenguaje es un poco engañoso porque es como decir que solo afecta al lenguaje. Pero en realidad el lenguaje es algo que afecta a otras áreas del desarrollo».

Lo que ocurre a estos niños, entre otras cosas, es que tienen problemas para adquirir de forma natural el idioma. Marta usa una metáfora: «Tienen que aprender su idioma como una lengua extranjera». Porque ellos quieren expresarse, pero no pueden. Y recuerda un día que escuchó a su hijo hacer ruido en la cocina. Aún no tenía dos años, cogió una sartén y un cazo y se plantó delante suya con una sartén y unos huevos. Quería tortilla de patata: «Le encanta, no hablaba, pero buscó el modo de decírmelo».

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