La UE: «Ha llegado el momento de terminar con el cambio de hora»

Bruselas propone acabar con el baile de manecillas en marzo del 2019 e insiste en que los Estados se coordinen


bruselas / corresponsal

«Ha llegado el momento de terminar con el cambio de hora», declaró tajante ayer la comisaria de Transportes, Violeta Bulc. Bruselas ha dictado sentencia. No quiere continuar con el baile bianual de manecillas. Los relojes de todos los europeos no sufrirán más adelantos ni retrasos por un supuesto ahorro energético. «Se encargaron varios informes y estudios de impacto y lo que se desprende es que el objetivo que se perseguía con el cambio de hora ha dejado de ser pertinente», aseguró la eslovena antes de pedir públicamente a los Gobiernos europeos que «estén a la altura» y aceleren los trámites para acabar con una práctica que, según los expertos, tiene efectos nocivos en la salud de los ciudadanos.

¿Por qué cambiamos la hora dos veces al año?

Se trata de una práctica que se remonta a la época de la Gran Guerra y la Segunda Guerra Mundial. El cambio horario se utilizaba como herramienta de ahorro energético para mejorar el esfuerzo de guerra. Entonces la economía funcionaba con carbón. También en los años 70 se recurrió a esta práctica en plena Crisis del Petróleo. La UE de hoy es muy diferente a la del siglo pasado. Bruselas cree que la modernización energética ha desprovisto de utilidad a esta práctica. «Nos hemos esforzado mucho en mejorar la eficiencia energética en casas, lugares de trabajo, industria y transporte público así que el cambio de hora carece de sentido», aseguró ayer Bulc. Los informes de los expertos le dan la razón. Los márgenes de ahorro son insignificantes (0,5-2,5 %) en comparación con los trastornos que provoca en una parte de la población cuadros depresivos y dolencias.

¿Qué cambio propone la Comisión?

Amparándose en que el 84 % de los 4.6 millones de personas que participaron en su encuesta pública apoyaron desterrar el cambio de hora, Bruselas propuso ayer a las cancillerías europeas actuar coordinadas para terminar con el adelanto horario de marzo y el retraso de las manecillas en octubre. «No proponemos que toda la UE pase a uno y otro horario sino que proponemos hacerlo conjuntamente», aclararon ayer las autoridades comunitarias que mantendrán abierta la puerta a que países como España puedan cambiar de zona horaria si así lo desean.

¿Por qué ningún país podrá seguir cambiando la hora de forma bianual?

Bruselas quiere evitar fragmentaciones en el mercado único, bajada de la productividad, desajustes en los horarios de las operaciones de transporte, problemas en el funcionamiento de los sistemas de información y comunicaciones y los incrementos de los precios en el comercio transfronterizo. 

¿Horario de verano o de invierno?

Eso dependerá de la preferencia de cada país. Bruselas insta a los Estados miembros a abrir un debate público entre sus ciudadanos para decantarse por una u otra opción. Los países nórdicos y bálticos están presionando para acelerar el cambio. Muchos de ellos optan por el horario de invierno, que les permitiría amanecer con más luz. Es el caso de Finlandia, pero también de los Países Bajos. Por el contrario, Portugal, Chipre y Polonia son los países donde un mayor porcentaje de ciudadanos han votado a favor del horario de verano, según reveló Bulc. Alemania, Francia, Italia y España piden más tiempo para analizar todos los pros y contras. El caso español es especial. El país va una hora por delante de lo que le correspondería por su situación geográfica. Esto se debe a una anomalía histórica: El dictador Franco ajustó los relojes de los españoles al horario Continental, el del Eje. De escoger el horario de verano, regiones occidentales como Galicia notarían mucho más la ausencia de luz en las primeras horas de la jornada laboral que las regiones orientales como Cataluña, donde el sol sale antes. La medida también amenaza con levantar polémica en Bélgica, donde es probable que flamencos y valones no se pongan de acuerdo sobre qué huso horario prefieren. Flandes siempre ha estado más ligada cultural y económicamente a Holanda mientras Valonia está más escorada hacia Francia. Bruselas pide a las capitales que hablen entre ellas y acuerden, por regiones, el horario al que se atendrán. Bulc pidió ayer sensatez: «¿Que si es posible que Bélgica cuente con un huso horario diferente al de los Países Bajos? Hay muchas soluciones posibles, no puedo hacer conjeturas, pero sí, eso sería posible», admitió. Y es que lo que pretende ser una iniciativa para simplificar la vida de los europeos podría desatar guerras políticas.

¿Cuándo entraría en vigor?

La Comisión Europea quiere que las capitales que se adhieran al horario de verano (una hora por delante) muevan por última vez las manecillas del reloj el domingo 31 de marzo del 2019. Quienes escojan el horario de invierno lo harán el domingo 27 de octubre del 2019.

¿Qué impacto tendrá la supresión del cambio horario?

Bulc insiste en que «dejar de cambiar la hora supone un beneficio económico que supera los costes de estas correcciones en las redes logísticas y el transporte», pero más allá del ahorro evidente de molestias que provoca mover la manecilla del reloj dos veces al año, la eslovena no es capaz de detallar sus beneficios. Es más, no parece que la Comisión haya valorado el impacto que puede acarrear que dos países de la misma región en Europa adopten unos horarios diferentes. Con las prisas por aprobar esta propuesta, Bruselas tampoco ha dado explicaciones sobre el coste que tendrá para la industria electrónica reprogramar todos los dispositivos, como los móviles inteligentes o los relojes, que cambian la hora de forma automática cada vez que cambian de país. También el sector de la aviación deberá adaptarse en función del horario que elija cada país de origen o destino. Eso hará que tengan que ajustar sus calendarios. «El tejido económico e industrial y el sector de la aviación son conscientes, saben cómo hacerlo y podrán ajustarse una vez más», resumió Bulc.

¿Hay intereses políticos detrás?

No cabe duda de que el equipo de Jean Claude Juncker ha encontrado en esta iniciativa un filón para recabar apoyo popular de cara a las elecciones europeas (mayo del 2019), marcadas por el auge del euroescepticismo y de quienes creen que la UE genera y no soluciona problemas reales.

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