Jorge Mira: «Si mantenemos el horario de verano en Galicia amanecerá a las diez»

Prefiere que todo siga igual, no como los «homeópatas del huso, que creen que cambiándolo te mejorará la vida»


redacción / la voz

Jorge Mira (Baio, 1968), catedrático del departamento de Física Aplicada de la USC, es crítico con la nueva propuesta de Juncker de cambio de hora, al que acusa de haber abierto la caja de Pandora por hacer caso a una encuesta aprobada solo por el 1 % de los europeos. «Toda una irresponsabilidad», en su opinión, que ha hecho que afloren los «homeópatas del huso, aquellos que te dicen que cambiando el huso horario te va a mejorar la vida». Mira aún no sabe si formará parte del comité de expertos que asesorará al Gobierno en este tema: «De momento no me han llamado, pero hay posibilidad de que esté, no depende de mí».

-¿Es partidario de que haya horario de verano y de invierno?

-Sí, porque el verano no es lo mismo que el invierno, porque la duración del día en el verano no es la misma que la duración del día en el invierno, porque en el solsticio de verano en Galicia el día dura 6 horas y 45 minutos más que la noche. Dentro de nada la diferencia entre el día y la noche será de cero horas; en cambio, tres meses después, en Navidad, la diferencia entre la noche y el día será de 6 horas y 45 minutos a favor de la noche.

-Este debate no es reciente.

-No, ya hace más de un siglo las sociedades hacían las cosas a distintas horas en verano y en invierno. Cuando uno mira los horarios laborales de la incipiente industria española del siglo XX, ve que la entrada de los trabajadores cambiaba. Había unos horarios de abril a septiembre, y otros de octubre a marzo. Es decir, la sociedad se intentaba adaptar a la luz solar. Por tanto, o cambias de hora o cambias de horario.

-Hay muchos partidarios del horario de verano: que se alargue la tarde y no nos coma ahora la noche.

-Sí. Yo, si finalmente esta eliminación se perpetrare (y uso el futuro de subjuntivo), porque tal vez aún el Parlamento Europeo tenga que decir algo, también escogería el de verano, pero con la boca pequeña.

-¿Por qué?

-Porque hay que ver más allá del día del cambio. Cuando lleguemos a Navidad, en la Costa da Morte, el extremo occidental de la zona horaria europea, amaneceríamos a las diez de la mañana. Por eso entiendo las pegas que le pondría la gente que no quiere ese horario. Esto es como si tienes un vestido, y tú engordas en el invierno y te quedas flaca en verano.

-Si el Gobierno le pide opinión, en caso de que haya que elegir, ¿usted -insisto- apostará por el de verano?

-Sí, pero sin mucha pasión.

-En el Mediterráneo no sufrirían tanto, ¿no?

-No sería tan grave, porque van una hora antes, entonces el horario de verano a ellos no les vendría tan mal. Los Parlamentos balear y valenciano ya hace dos años le pidieron al Gobierno que promoviese el mantenimiento del horario de verano todo el año.

«En todos los países en que se eliminó el cambio estacional se fue al horario de verano»

-¿Diría que la mayoría prefiere que haya más luz por la tarde?

-Sí, las sociedades modernas tienden al ocio, valoran cada vez más el espacio familiar, estar con los amigos... Por eso la gente en Europa suele preferir entrar a trabajar con oscuridad y tener tiempo con luz por la tarde. De hecho, en todos los países del mundo en que se eliminó el cambio estacional se fue al horario de verano.

-¿Cómo se reflejaría en Galicia?

-En el peor momento, en el invierno, amanecería a las diez y anochecería a las siete. Y en verano estaríamos como ahora, amanecería a las 7.00 y se pondría el Sol en la Costa da Morte a las 22.20. El Sol no se cambia con el BOE, sale y se pone por el mismo sitio de toda la vida, la cuestión es cómo nos organizamos.

-Hay quienes dicen que estos cambios de horario nos afectan.

-Bueno, también hay gente que dice que el síndrome posvacacional es una enfermedad. Antiguamente no se cambiaba de hora, sino de horario, y entonces también tendrían ese problema los trabajadores a los que en 1903 les modificaban la hora de entrada en la fábrica. La gente a la que le afecta no tiene que pensar a corto plazo, sino dentro de dos meses.

-El BNG propone que Galicia tenga el mismo horario que Portugal, ¿qué opina?

-Yo pongo siempre el mismo ejemplo: pensemos en una carretera en la que hay un kilómetro cero (en nuestro caso Madrid), pero de pronto te viene alguien y te dice que hay que correrlo porque vamos a tener mejor vida, se van a evitar accidentes, etcétera. Cambias el huso, cambias los postes, y entonces los camioneros cuando se citen en el kilómetro 37,6, ¿qué harán? Unos irán con el huso viejo y otros con el nuevo, y no se encontrarán.

-Sería una adaptación...

-Sí, pero es igual, al final tienes la misma carretera, y solo has ganado caos. Tú si cambias la referencia horaria y la igualas a Portugal, la noche se te va a venir encima antes, y ¿qué va a hacer la sociedad gallega entonces? Va a correrse para atrás para escapar de la noche. Si en invierno el Sol se pone a las 18.00, y coges el huso de Portugal, se pondría a las 17.00. y en Levante a las 16.00. Con lo cual, el Telediario del mediodía no podría empezar a las 15.00, casi de noche. Esto al final es como un juego de trileros: mueves los números, pero la situación solar es la misma. El tema es que España no tiene ningún problema con su huso horario. Igual que esto de que los españoles dormimos una hora menos es falso.

-¿Por qué?

-La encuesta Hetus (Harmonized European Time Use Surveys), de Eurostat, que mira lo que hacen los europeos a lo largo del día, lo confirma. Comparas los usos de tiempo de los españoles y los italianos, por ejemplo, y ves que la posición del Sol cuando hacemos las cosas (dormir, trabajar, comer...) es la misma: cuando los italianos y los españoles comemos tenemos igual posición del Sol. Ellos comen a las 12.30 y yo, en la Costa da Morte, a las 14.30, pero la posición del Sol es igual. La hora es un detalle estético.

-Si cada país se pone un horario sería un caos.

-Claro, la estabilidad horaria es un bien, es un valor. Imagínate que Alemania se quede con el de verano y Francia con el de invierno, que Bélgica con el de verano... Europa quedaría destrozada en su homogeneidad horaria, y las sociedades ya están adaptadas. Los gallegos, que estamos en la zona más occidental, ya fuimos aprendiendo por prueba error a qué hora tenemos que comer. No comemos a la misma hora que un italiano, pero lo hacemos en el mismo momento: cuando el Sol está más alto en el horizonte.

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