Conciliar se conjuga en femenino

Un estudio de la Universidade de Santiago refleja que son las mujeres las que tienen que adaptar su horario laboral cuando hay hijos en edad escolar

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Santiago / La Voz

Seis de cada diez familias gallegas han tenido que utilizar medidas de conciliación en el trabajo para poder cuidar a sus hijos. Jornada intensiva, horarios flexibles de entrada y salida, reducciones de jornada o elección de vacaciones por motivos familiares. Medidas positivas que permiten muchas empresas y administraciones, pero que tienen una lectura negativa: la mayoría deben asumirlas las mujeres. Porque la conciliación, con los datos en la mano, es un asunto de ellas mayoritariamente.

Rita Gradaílle y Laura Varela, ambas investigadores en la Facultade de Ciencias da Educación de la USC, han realizado un estudio sobre recursos comunitarios y medidas de conciliación de las familias gallegas con hijos en educación primaria, y los resultados son claros. Primero, son las mujeres las que concilian; y segundo, el apoyo familiar es la principal alternativa, muy por encima de los recursos municipales, del centro educativo, de las empresas o de asociaciones.

El estudio incluyó más de 2.000 encuestas a los progenitores. Podían contestar padres o madres, pero curiosamente en más del 78 % de los cuestionarios fueron las mujeres las que respondieron, «un dato que nos sitúa ante la feminización de los cuidados, presentándose el problema de la conciliación como un eje central en la vida de las mujeres», apuntan las autoras. Si bien casi el 60 % de las familias usaron o usan medidas de conciliación -entre ellas permisos de paternidad y maternidad, reducción o adaptación de jornada o incluso excedencia-, en el 87,5 % de los casos son ellas las que reducen u optan por la excedencia. También hay hogares que no necesitan adoptar este tipo de medidas, bien porque pueden adaptar sus horarios, tienen familia que les ayuda con los niños o directamente porque algún miembro de la pareja está en paro. De más del 40 % de los entrevistados que no optaron por ninguna medida de reducción o excedencia, un 38 % aseguran que no lo hacen sencillamente porque no pueden renunciar a una parte de su salario.

Está claro que la conciliación es cosa de mujeres a la hora de reducir o renunciar al trabajo para cuidar a los hijos, pero hay otra realidad muy evidente en Galicia: sin la familia pocos podrían salir adelante. La encuesta recoge la frecuencia con la que recurren los padres a alternativas que ofrecen los ayuntamientos, el propio colegio, asociaciones, empresas, familia, amigos o vecinos, o incluso a la contratación de una persona. El 62 % recurren bastante o mucho al apoyo familiar. Le siguen los programas del centro educativo -madrugadores, comedores, actividades extraescolares-, recurrentes para el 31 %. Y en tercer lugar aparecen los amigos y vecinos, por delante de los recursos municipales, la oferta del sector empresarial o de las asociaciones.

Lógicamente, el hecho de recurrir a uno u otro servicio depende de la situación profesional del padre o de la madre. Por ejemplo, los que más se apoyan en abuelos u otro tipo de familiares son los que únicamente reducen su jornada en vacaciones, mientras que los que menos precisan esta ayuda son los que o bien no trabajan, o tienen flexibilidad en la hora de entrada y salida.

Las conclusiones del estudio no son halagüeñas. Los cambios son muy necesarios. Hay que redefinir los recursos y equipamientos del contexto comunitario, y poner en marcha una serie de medidas estratégicas que posibiliten una adecuación de las jornadas laborales a los tiempos escolares y familiares «en aras de conseguir un óptimo desarrollo y el máximo bienestar tanto de la infancia como de sus padres y madres», concluye.

«Hay servicios, pero no se adecúan a los horarios reales»

«Siempre decimos que la conciliación sigue siendo femenina, pero los datos acaban por confirmarlo». Rita Gradaílle, profesora de la USC y una de las autoras del estudio sobre cómo las familias con hijos en educación primaria hacen uso de la conciliación, pone un ejemplo muy básico, quién ha respondido al cuestionario que se entregó a los progenitores: «en ningún caso se decía quién debía contestar, pero prácticamente en el 80 % de los casos quien responde es la mujer», recuerda. 

Esa es ya la primera pista de un modelo que todavía deposita en ellas la responsabilidad de ajustar su trabajo a los horarios de los hijos, pues «ellas se acogen a la jornada reducida o piden excedencia, pero el problema es después la reinserción laboral. Lo que está claro es que si tienes que contratar a una persona y tu sueldo no es muy alto muchas madres piensan: ‘si se me va la mitad de mi salario, para eso lo hago yo’, por lo que quienes se acogen fundamentalmente a la jornada reducida son las mujeres», explica Gradaílle.

Otro dato a tener en cuenta es que los padres echan mano de sus familiares de forma habitual, pero no tanto de otros recursos que ofrece la sociedad. La razón es que, aunque los hay, explica esta profesora, «no se ajustan o no se acompasan a los horarios laborales; en realidad hay servicios, pero no se adecúan a los horarios reales de las familias», apunta.

¿Es imposible la conciliación efectiva o podría haber soluciones de éxito? Para la coautora del estudio sí hay alternativas, «ya que tendría que haber medidas municipales o de servicios que realmente respondan a estas necesidades. Y es que hay ayuntamientos que ni siquiera tienen guarderías públicas, por ejemplo», añade Gradaílle. 

Desajustes

La solución a la conciliación pasaría para esta investigadora por una remodelación de toda la estructura, incluyendo los horarios de trabajo, ya que en España las jornadas laborales se prolongan a lo largo del día sin que esto se traduzca en una mayor productividad. «Al final tenemos un desajuste entre lo laboral y la estructura de servicios». Los países nórdicos han ido por delante «y están mucho más avanzados en conciliación, con jornadas más flexibles», explica Rita Gradaílle. No obstante, en relación a la manida corresponsabilidad asegura que se trata de una cuestión de voluntad por parte de todos los sectores, tanto administraciones como empresas o instituciones, «cuando hay voluntad sí que es posible hacer cambios que se adapten mejor a las necesidades y a las demandas de las personas», recuerda.

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