Galicia, contra los cicerone sin carné

La comunidad cuenta con 683 guías turísticos acreditados por la Xunta, pero aplica la normativa que permite ejercer aquí a personal avalado en otra autonomía

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redacción / la voz

Galicia recibió 5.103.883 viajeros durante el 2017, una cantidad récord producto de la constante evolución que ha experimentado el turismo en los últimos años. Bajo ese paraguas, aprovechando la oportunidad, son muchos los negocios que han florecido en torno a un sector que aporta el 12 % del PIB gallego. Más allá de los directamente relacionados con la hostelería son muchas las empresas de servicios -desde las que transportan la mochila a los peregrinos hasta las que organizan viajes en barco a las Cíes- que han ido surgiendo.

Las compañías que ofrecen Free Tours son parte de esa nueva oferta que busca satisfacer la demanda de ese creciente ejército de turistas que toma la comunidad. El problema es que se han topado con una norma autonómica del 2015 que regula la figura de guía turístico.

No vale cualquiera para ejercer, por mucho que conozca una ciudad o un Bien de Interés Cultural (BIC). Ha de tener carné. De ahí que como ha hecho el Gobierno valenciano y como reclama el gremio de guías oficiales, la Xunta, a través de Turismo de Galicia, también velará por el interés de los cicerones homologados frente a los que quieran mostrar la ciudad obviando el detalle de haber tenido que pasar un examen previo para obtener la tarjeta que acredita sus conocimientos. No se trata, por tanto, de arremeter de modo generalizado contra las compañías de Free Tour porque las hay que cumplen con todo lo que marca la ley.

«No caso de recibir unha denuncia por exercer de guía de turismo oficial sen a debida habilitación, desde Turismo de Galicia procederíase igualmente a estudar o caso e, de confirmarse, aplicaríase a sanción correspondente porque velamos por salvagardar o importante labor dos guías oficiais de Galicia, en contra do intrusismo nesta profesión regulada no decreto 73/2015», apuntan desde ese departamento de la Xunta. Según la Ley de Turismo de Galicia no tener carné oficial para ejercer esta actividad es una infracción grave, lo que implica multas de entre 901 y 9.000 euros.

La proporción

Pero mientras el número de turistas aumenta, la convocatoria para acceder al carné de guía está estancada desde el 2015, fecha de la última como indica la Xunta. Actualmente, en Galicia hay 683 guías oficiales que pueden ejercer su labor en la comunidad. La proporción en el 2015 era de uno por cada 5.972 turistas. Ahora no es la misma. Es de uno por cada 7.472.

Con todo, desde Turismo asumen la «normativa Bolkestein europea que en el 2009 foi aprobada e liberaliza os servizos dentro da UE». Hasta el 2015 un guía llegado de otra comunidad a Galicia en un bus turístico no podía bajarse en A Coruña y explicar quién era María Pita. Ahora puede hacerlo y no tiene por qué inscribirse en el registro de la Xunta. También pueden explicar eso mismo guías acreditados en otro país, pero en ese caso tienen que inscribirse.

Una salida laboral para diplomados en turismo, que no han de pasar un examen

El decreto que regula a los guías turísticos en Galicia desde el 2015 supuso un avance de cara a abrir el abanico de acceso a este campo. Por ejemplo, junto con los que han de pasar un examen para obtener el carné que acredite su conocimiento para poder luego ofrecer un servicio de calidad, los diplomados en turismo o aquellos que tengan una titulación de técnico superior en guía, información y asistencia turística pueden ser habilitados como para poder ejercer el trabajo de modo directo.

Una vez obtenido el carné, todos podrían trabajar en las compañías de Free Tour. Porque no todas las que hay se saltan la normativa. Las hay como Free Tours Célticos que pagan impuestos correspondientes a las «propinas» que ingresan y trabajan solo con guías acreditados.

Turismo de Galicia lo tiene claro: «As novas tecnoloxías facilitan o traballo dos profesionais, pero aqueles que operen ao marxe da normativa non deben verse favorecidos. Estamos do lado dos profesionais “con carné” fronte ao intrusismo laboral, a economía sumerxida e a falta de garantía dun servizo de calidade». Muchas de las empresas que ofrecen un tour donde el que los contrata es libre de abonar la cantidad que crea conveniente tras recibir el servicio usan distintas plataformas como intermediarias para llegar al público objetivo.

Otros países

Estados Unidos

El modelo de propinas, para grupos pequeños

a. rey

En Estados Unidos, la legislación que regula a los guías de turismo varía en función de cada estado. En el caso de la ciudad de Nueva York (uno de los puntos turísticos más importantes del mundo), la ley obliga a quien quiera ser guía oficial, a sacarse una licencia que viene precedida por un examen de 150 preguntas sobre la historia de la ciudad y otras cuestiones prácticas.

En la actualidad existen plataformas turísticas que ofertan sus servicios gratis y dejan a voluntad del cliente la propina que este le quiera dejar. Pero este sistema solo se aplica en grupos que no superen las seis personas. El sistema de propinas en Estados Unidos no es un problema, ya que es un modelo que se aplica en la mayoría de trabajos que son de cara al público y cuyos salarios son muy bajos. Por ejemplo, resulta muy habitual en hostelería. Estas dependen del Estado en el que esté cada empresa y de quién les contrate.

Alemania

Una alternativa asentada que no tiene críticas

p. baelo

En Alemania, hay ya decenas de compañías que organizan recorridos turísticos en varios idiomas y en los que el usuario solo paga lo que considera a modo de propina. Una de las primeras en asentarse fue Sandemans New Europe, con representación en 19 ciudades del mundo.

No existe ninguna legislación especial al respecto, ni tampoco ningún conflicto directo con las empresas de tours tradicionales. La razón es el elevado número de turistas, especialmente en la capital alemana. De un lado, uno puede elegir entre una serie de recorridos básicos que todas las agencias ofrecen, sean gratuitas o no: el Tercer Reich, el Muro de Berlín, el campo de concentración de Sachsenhausen, y hasta el llamado pub crawl, que explora los bares y la vida nocturna de la ciudad que corresponda. Paralelamente, las agencias tradicionales llevan años consiguiendo desmarcarse de esta oferta, especializándose en tours alternativos para hacerles la competencia.

reino unido

El sector reclama una mayor regulación

r. á. de tudela

Este verano en Irlanda del Norte un guía turístico con más de tres décadas de experiencia pidió que la industria esté mejor regulada. Billy Dickson, hizo estos comentarios tras leer que una turista estadounidense mostraba su sorpresa por el «fanatismo antiprotestante» y el «sesgo político revisionista» que había observado durante un tour en taxi por los alrededores de Belfast. Para Dickson el desafío para todos los que trabajan en el sector es encontrar el «equilibrio» y contar la verdad. Actualmente, conviven en el país guías que ejercen tras obtener un certificado oficial, pero otros lo hacen sin ningún tipo de cualificación con el único objetivo de sacarse un dinero extra. De ahí que Dickson y otros profesionales reclamen una regulación para que solo los profesionales puedan ofertar estas visitas. Dicen que de ese modo los turistas evitarían las sorpresas al escuchar cosas que no son verdad o no cuentan todo.

Italia

Gran competencia desleal, pero pocas multas

m. signo

El caso italiano es parecido al español. Desde el 2015, para ejercer de guía turístico en uno de los países con más monumentos del mundo hay que pasar un examen que organiza cada provincia y donde el candidato ha de acreditar sus conocimientos. No todo el mundo puede presentarse. Es necesario ser licenciado y saber, al menos, dos idiomas. El examen cultural es bastante duro.

Pero Roma, con el mayor parque arqueológico y artístico del mundo, es el lugar ideal para el desembarco de guías que no actúan dentro de la legalidad al carecer de carné. Estos operan, sobre todo, en el área adyacente al estado Vaticano. Ahí es donde atrapan clientes porque ofrecen precios más económicos que las agencias tradicionales. Los guías profesionales llevan años denunciando el fenómeno, pero la dificultad para poder multar también al turista que contrata sus servicios hace que las sanciones queden en nada.

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