«El problema es que la felicidad hoy en día depende de un iPhone»

Para el psiquiatra Alexandre García Caballero, la solución al aumento de la tasa de depresión en Galicia pasa por acciones colectivas

García apuesta por el aumento de personal en psiquiatría
García apuesta por el aumento de personal en psiquiatría

redacción / agencia

El consumo de antidepresivos en Galicia ha aumentado un 50 % en cinco años. Casi 230.000 gallegos están medicados con este fármaco. Un fenómeno que va en aumento, según el psiquiatra e investigador del Complejo Hospitalario Universitario de Ourense (CHOU) Alexandre García Caballero.

-¿Es alarmante el aumento de la depresión en Galicia?

-El aumento no es solo en Galicia. En España, un estudio hecho en Atención Primaria confirma que la prevalencia de quejas de tipo depresivo en España aumentó un 20 % desde el 2010. Aumentó la depresión, aumentaron los trastornos de somatización, las consultas por alcoholismo... El aumento de la prescripción va paralelo a toda esta demanda.

-Pero en Galicia, el envejecimiento de la población y la dispersión ¿pueden contribuir a un mayor consumo de antidepresivos?

-Tenemos una población más envejecida y muy dispersa. Muchos de ellos están viviendo solos, un escenario común a países del norte de Europa, como Japón, y, efectivamente, es un problema grave desde el punto de vista social.

-¿Todos los casos de depresión se curan con medicación o la falta de recursos obliga a los médicos de cabecera a recetar por sistema?

-La respuesta depende de a lo que estemos llamando depresión. Entre el 15 y el 25 % son perfiles de depresión melancólica, que responden mejor a fármacos y no a psicoterapia. Hay otra parte que sufre depresión atípica, caracterizada por una gran sensibilidad al rechazo, mucha dificultad para frustrase, una clínica más ansiosa, predominio del cansancio y la falta de energía... pero el humor es reactivo. Aquí desde el punto de vista de la psicoterapia ya se pueden hacer muchas más cosas.

-Entonces los psicólogos sí que nos hacen falta.

-Los psicólogos claro que pintan mucho, porque hay un alto porcentaje de pacientes que pueden mejorar con atención psicológica. Y necesitamos mucho personal, porque en Galicia estamos en una situación precaria en comparación con otras comunidades. Pero esta demanda enorme, al mismo tiempo, diluye la atención de los que si se benefician por la atención psiquiátrica y psicológica.

-¿Por dónde viene la solución?

-La solución no tiene que ver con lo individual, porque el modelo de terapia individual lo que hace es reatribuirle la culpa al individuo. Es como cuando con la crisis nos echaron la culpa a todos por gastar más dinero del que debíamos. Puede ser, pero es cierto que eso se favoreció socialmente de manera enorme: los bancos hicieron mucha presión para vender hipotecas a gente a la que no se la podían vender. Es irresponsable.

-¿Pero cómo es eso de la solución colectiva?

-La prevención de la depresión tiene que ver más con el tejido civil; a lo mejor hace más para la depresión en el anciano una asociación rural que organice un curso de pandereta o de encaje de camariñas dos días a la semana, que un dispositivo de salud mental.

-¿Hay una crisis de valores detrás de todo esto?

-El problema es que antes le preguntabas a una madre que esperaba de su hijo y te hacía una hoja de ruta: que fuera honrado, trabajador que no tuviera vicios y que trajera el sobre a fin de mes. Y si era una mujer, que fuese limpia, obediente, cuidadora, que se casase bien.... A partir de los años 80 las madres solo te dicen una cosa: «quiero que sea feliz». Pero nadie nos dice por dónde tenemos que ir para alcanzar la felicidad, no hay hoja de ruta que te diga cómo carajo ser feliz, es la sociedad de consumo la que nos lo está marcando. Ahora la felicidad depende de un iPhone. Y si no alcanzas los objetivos y te quedas excluido, viene la frustración. Eso no quiere decir que la gente no sufra, porque esto genera mucho sufrimiento y malestar. Pero es que la vida es malestar, no solo genera felicidad. El Estado tiene una mano derecha con la que te coloca en un modelo y con la izquierda (servicios sociales, de salud mental...) hace que nos estemos calladitos y aplaca las frustraciones que genera el propio modelo social.

Una mujer con depresión crónica: «El infierno estaba dentro de mí»

r. romar

Eva, en fase de superar su depresión, tocó fondo hace tres años: «Mi vida estaba en el filo de la navaja»

En la quiniela de la vida a Eva le tocaron la mayoría de las papeletas para ser feliz. Buena estudiante, criada en una familia estable y acomodada, con un buen trabajo en la empresa familiar, amigos, un marido y una hija a la que adora. Era una privilegiada. Pero bajo el cielo aparente se escondía un infierno en su interior. El enemigo estaba dentro. Era ella misma. Ella y su depresión, con la que ha convivido buena parte de su vida sin decir nada a nadie. «Durante muchos años sufrí la enfermedad en silencio», reconoce. Tiene 42 años y le diagnosticaron el trastorno a los 32, aunque todo había empezado mucho antes. Fue ya en la universidad cuando algo, sin aviso, empezó a cambiar. Cansancio, agotamiento, desánimo, la autoestima por los suelos, dolores en la espalda, problemas cognitivos... Y empezó un largo peregrinaje por los médicos que se convirtió en una pesadilla. «Tú tienes anemia, tú no tienes nada o tus dolores son medio inventados, me decían». Fue el mensaje machacón que recibió durante mucho tiempo, sin que nadie llegara a atisbar su mal.

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«No hay más mujeres con depresión: ellas piden ayuda, ellos van a los bares»

Los datos de consumo de fármacos sitúan a las mujeres muy por encima de los hombres en este tipo de tratamiento.

-¿Es la depresión un problema de mujeres?

-No lo creo. Es una cuestión de rol social: las mujeres están desde siempre educadas para pedir ayuda y los hombres hasta ahora no. Por eso ellas llenan las consultas de salud mental y ellos llenan los bares, con la consiguiente tasa de alcoholismo, claro.

-¿La soledad es el mal del futuro?

-Todas las personas que están solas en el rural no están deprimidas, hay gente que es exitosa, pero, como especie, somos una especie social. Cuando te haces mayor te vas desapegando del grupo porque haces tu duelo: el de la pérdida de poder físico, el del desinterés. El tener un vecindario genera unas cohesiones vitales y unas solidaridades que aportan mucho valor, pero cada vez hay menos población y los pueblos se van quedando desiertos.

-Y las cosas han cambiado mucho...

-Antes el valor estaba en la casa: era aquello de «¿e ti de quen ves sendo?». El proyecto de cada uno quedaba subyugado a eso. Hoy las casas esmorecen y tu te esfuerzas toda tu vida por darle unos estudios a tus hijos y eso a ti ¿en qué te redunda? Tus hijos viven a 2.000 kilómetros y tu estás solo la mayor parte del tiempo haciendo nada. Se pierde el sentido.

-¿Es el mundo conectado el también más solitario?

-El otro día llegó a urgencias una señora de 68 años que intentó suicidarse por una relación nueva de pareja que le rechazó por Whatsapp. Me parece una situación social nueva, con mucha dificultad para sostener los duelos, y sucede con unas edades en las que no deberíamos tener estos problemas.

El consumo de antidepresivos creció un 50 % en Galicia en cinco años

marta otero

Unas 230.000 personas los consumen y otras 400.000 toman tranquilizantes

Las cifras de la última Encuesta Nacional de Salud son rotundas y demoledoras: 226.100 gallegos consumen antidepresivos, un 50 % más que hace cinco años. Esto quiere decir que, con un 9,56 % de la población medicada contra la depresión, Galicia casi duplica la cifra española (5,59 %). Y algo parecido pasa con los tranquilizantes y pastillas para dormir, que son el pan de cada día para unos 400.000 gallegos, el 15 % de la población (frente al 10 % de media nacional)

Carlos Losada López, psicólogo clínico, asegura que los estudios epidemiológicos confirman los datos de la Encuesta Nacional de Salud. «Los que se han hecho recientemente hablan de que uno de cada cinco gallegos tendrá a lo largo de su vida problemas de salud mental y casi un 10 por ciento sufre depresión». Sobre la necesidad del tratamiento psicológico, el experto asegura que depende un poco del tipo de depresión. «Con la leve parece que está bastante claro que habría que dar tratamiento psicológico. En la moderada habría que equilibrarla con fármacos, o darle a la persona libertad para elegir entre ambas opciones». En la grave se recomiendan ambas cosas, medicación y terapia: trabajo en equipo.

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