El arca de Noé para animales y niños en Muimenta

Una casa de acogida se apoya en ejemplares de razas autóctonas en su trabajo con chavales

El arca de Noé para animales y niños Una casa de acogida del Muimenta se apoya en ejemplares de razas autóctonas en su trabajo con los chavales

LUGO / LA VOZ

Carlos Montero, arquitecto; Sabela Núñez, matemática y José Barreira, que estudió Artes, fundaron hace 30 años Fogares Lar, una casa de acogida en Muimenta (Cospeito), con ocho plazas y otra en Ourense. Siempre tuvieron claro el apoyo que podrían prestarles los animales en su trabajo diario como educadores, a la hora de explicar determinados comportamientos humanos. Las ovejas les facilitaron bastante esta labor ya que los chicos pudieron comprobar cómo algunas madres no le prestan atención a sus crías al nacer y las dejan a su suerte. Los recién nacidos, sin embargo, siempre encuentran otra hembra del mismo rebaño que los acoge, alimenta y protege. También recurren a las cerdas para hablar de comportamientos agresivos esporádicos de algunas madres y a las gallinas cluecas para explicar las adopciones.

Empezaron con perros y gatos. «Moitas veces -explicó Barreira- cando había algún problema ou diferenza, os pequenos buscaban neles o que nós non lles podiamos dar nese momento e abrazábanos». Estos comportamientos y la idea de suministrar a los habitantes de la casa una comida lo más sana y natural posible, les dieron pistas para ir ampliando el número de animales y especializarse en las razas autóctonas en peligro de extinción. Tienen de todas, salvo las de bovino porque no disponen de espacio, ni de tiempo suficiente.

Ahora en la Casa Verde de Muimenta, como la llaman los vecinos, que también se implican con los chavales, han conseguido reunir a lo que podría considerarse un arca de Noé a la gallega. La mayor parte de los animales están emparejados y aquellos que se van a quedar un tiempo prolongado tienen nombre, al resto ya no se lo ponen. «Decidimos facer iso -señaló Barreira- porque nalgunha ocasión que cociñamos algún dos animais que tiña un nome, despois ninguén quería comelo».

Los animales sirven para hablar con los niños de malos tratos, abandonos y adopciones En las dos hectáreas de terreno que rodean la casa están Leona, la cabra galega, que llegó hace mes y medio de Becerreá, que tiene una cría a la que todavía no bautizaron. Los nombres los eligen los habitantes de la casa entre una lista consensuada de propuestas. En el mismo recinto que Leona se crían 40 ejemplares de gallina de Mos, cuyos huevos incuban las ikas, que tienen un instinto maternal más desarrollado y que han sacado adelante en estas semanas 65 polluelos.

Mariloli, una donación de Puraga, es la yegua gallega, preñada, que parirá en agosto, que pasta cerca de los 10 ejemplares de porco celta que se bañan en las pozas de agua del prado.

Ejemplares casi únicos

De los animales que más orgulloso está Barreira es de Pinga y Toffe, la pareja de guichos o quisquelos, una raza autóctona de perros de la que existen muy pocos ejemplares y que son muy buenos para la caza, en particular de conejo porque se introducen en las cuevas.

En la casa hay diez ejemplares de porco celta
En la casa hay diez ejemplares de porco celta

Una terapia natural para la convivencia

Pinga y Toffe conviven con el can de palleiro, de los que en la casa hay seis ejemplares, cinco alobados, que es la capa de pelo menos común. Entre ellos están Pepa, donada por una veterinaria gallega trasladada a Zamora, que necesitaba desprenderse de ella, y Aturuxo, que procede de Merca.

En el hogar esperaran ahora la llegada de otra ovella galega, para que se una a Perula, que está acompañada en el prado por otras cabezas de la raza suffolk, originaria de Inglaterra. Este año también se incorporaron cinco colmenas. Sin contar las abejas, el número de ejemplares a los que tienen acceso los niños y chavales acogidos suman 122.

«Nos animais -dice Barreira- vimos unha terapia natural para a convivencia diaria, un sistema para o consumo de carne natural e tamén unha aprendizaxe de cara ao momento en que os rapaces se incorporen ao mercado laboral». Esta es la fase más dura. Los chavales pueden permanecer en la casa hasta los 18 años, después, salvo alguna prórroga circunstancial, tienen que buscarse la vida fuera, con escasas o nulas ayudas de la administración, después de todo el esfuerzo realizado con ellos. «En certas cousas -confiesa- rompemos moldes. Non coñecemos ningunha casa de acollida como a nosa, sobre todo nuns momentos nos que a burocracia está facendo perder a naturalidade á hora de educar».

Aquí viven 40 galiñas de Mos, con sus 65 polluelos
Aquí viven 40 galiñas de Mos, con sus 65 polluelos

Por la casa pasaron en estos 30 años unos 80 niños, de 0 a 17 años. Siguen en contacto con el 90 % de ellos. A veces reciben sorpresas como la de una joven, que fue dada en adopción y de la que no volvieron a saber nada hasta ahora, por deseo expreso de su nueva familia. Regresó porque quería compartir con ellos una excelente noticia: iba a ser madre. La mejor prueba de que el sistema funciona fue la llegada para las fiestas de Muimenta de uno de los antiguos acogidos. Se bajó del coche con su esposa y sus dos hijos y se fundió en un abrazo con Barreira, mientras lo saludaba con un «Hola papá».

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