«Soy médico por culpa de Franco»

José Antonio, Pepe, Castillo es una de las referencias científicas de Galicia, pero, sobre todo, es un conversador excepcional


José Antonio, Pepe, Castillo (A Coruña, 1947) es una de las referencias científicas de Galicia pero, sobre todo, es un conversador excepcional y un personaje al que la bonhomía le desborda. En el despacho desde el que dirige el laboratorio de investigación neurológica conversamos sobre la mística del cerebro, la idea de Dios y otras cosas complejas que no lo parecen cuando las cuenta él.

-¿Por qué se hizo médico?

-Yo soy médico por culpa de Franco. En 1962 me fui a estudiar Ciencias a Madrid, donde Aranguren y Tierno Galván habían formado el Sindicato Libre de Estudiantes. Yo tenía pocos años y el culo inquieto. Así es que me metí en todo lo que pude. Y mi padre, visto lo visto, después del primer año consideró que era mejor que volviera a la universidad más cercana a casa. Así que me puse a estudiar Medicina.

-No tiene entonces médicos en la familia.

-No. Ni por arriba, ni por abajo, porque mis hijos tampoco han elegido esta profesión.

-¿Tiene nietos?

-No. Y eso que mis hijos están en edad de merecer, ja, ja. Antes se lo decía: «¡A ver si me dais nietos!», pero ahora les digo que no, porque yo quiero nietos para achucharlos y malcriarlos y mis hijos están en China y en Brasil. Sería muy difícil.

-Volvió a estudiar a Galicia, pero imagino que no perdería esa vocación contestataria.

-Seguí siendo un protestón y lo seguiré siendo toda la vida. Mire, yo soy una mosca cojonera. No me callo porque soy apasionado. En las cosas que me meto, me implico porque me importan mucho. Prefiero también tener alumnos cabreados, porque eso demuestra que están interesados. Le contaré una anécdota: una vez en clase me parecía que me hacían poco caso. Estaba hablando del ictus y expliqué que se trataba con antibióticos, que es una chorrada como la copa de un pino. Acabó la clase y dije: «¿alguna pregunta?». Ni Dios abrió la boca. Cuando llegué a casa le confesé a mi mujer, «Creo que no sirvo ya para esto». Al día siguiente, en clase les insulté: «No filtráis, estáis como borregos». Pero ni así reaccionaron. En este momento, la sociedad tiene poca vida y excesiva profesión.

-Cuarenta años estudiando el cerebro ¿Le sigue sorprendiendo?

-Sí. Es lo más maravilloso que tenemos, la capacidad de pensar, de llevarnos la contraria a nosotros mismos en poco tiempo. Es tan plástico que lo que opinas hoy, mañana dejas de opinarlo.

-¿En serio? Yo diría que cambiamos poco.

-Cambiamos poco porque pensamos poco.

-¿Está Dios en el cerebro, es una idea que se podrá llegar a aislar?

-Hay dos preguntas fundamentales que siempre se ha hecho el ser humano: de dónde venimos y a dónde vamos. La segunda es la que nos hace pensar en la idea de Dios. Estamos sacando toda espiritualidad a la función del cerebro y la espiritualidad sin ciencia es magia y superstición, pero al revés... ¿qué es? La idea de Dios es una necesidad de explicarnos nuestro futuro. En el cerebro no está, está en el conectoma. Y no sé si sería posible que existiese un conectoma universal.

-¿Y nos queda mucho por descubrir en el cerebro?

-Todo. Es un órgano inexplorado. Pero el conocimiento del cerebro produce pavor. Cuando sepamos cómo funciona, sabremos cómo manipularlo y llegaremos a poder controlar el comportamiento del ser humano.

-Dejemos de ser tan cerebrales. ¿En qué emplea su ocio?

-Yo tengo pánico a no tener nada que hacer. Eso es algo que me angustia extraordinariamente. Así que intento estar siempre ocupado.

-Pero había leído que le gusta pintar.

-Me encanta, pero lo hago muy mal. Antes pintaba más. Cuando nacieron mis hijos lo dejé y hace cuatro o cinco años, mi hija me regaló de nuevo todos los útiles. Pero me cabreé muchísimo porque me di cuenta de que había perdido mano. También me gusta mucho charlar, ya se está dando cuenta. Y la Historia también me apasiona.

-¿Le hubiera gustado ser otra cosa?

-Sí. Físico. Soy un físico frustrado.

-¿Qué tal cocina?

-Muy bien. Y mire, yo soy de esos que se cabrean cuando ven un cocinero delgado. Si no le ves la cara de lujuria mientras cocina... malo. Disfruto cocinando y comiendo. Fregando, no.

-Defínase en cuatro palabras.

-Apasionado, leal, trabajador y muy optimista.

-Defina Galicia.

-Galicia es un sentimiento. Y me cabrea que no percibamos el orgullo de ser gallegos.

-¿Celta o Dépor?

-No me gusta el fútbol. Cómo máximo me gusta la oportunidad de tomar una cerveza con unos amigos.

-Una canción.

-Al Alba, de Aute. Me hace llorar. Soy muy emotivo.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Tener una familia en la que te sientas querido. Que sea tu refugio.

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