La fuente de partículas fantasma en el cosmos lejano, al descubierto

La detección de un neutrino desvela el origen de los rayos cósmicos


redacción / la voz

No tienen carga, ni apenas masa, ni interactúan con el electromagnetismo, ni con la gravedad. Viajan por el universo casi a la velocidad de la luz y atraviesan en línea recta estrellas, planetas y galaxias, sin nada que las desvíe. Incluso cada día bombardean masivamente nuestros cuerpos sin que lo advirtamos. Son los neutrinos, las partículas fantasma que a la Tierra llegan producidas fundamentalmente por nuestro Sol, a relativamente bajas energías. Pero nunca hasta ahora se habían detectado en las profundidades del cosmos, más allá de la Vía Láctea, y con un enorme poder energético. Es lo que ha hecho ahora el observatorio IceCube de la Antártida, que detectó un neutrino de este tipo el pasado año y que gracias a la colaboración de otros veinte observatorios situados en la tierra y en el espacio, entre ellos el Magic, localizado en Canarias, ha podido rastrear su origen. Y aquí es donde ha saltado la sorpresa y un premio añadido: proviene de un blazar, una gigantesca galaxia en espiral con un agujero negro supermasivo en el centro y un chorro de partículas apuntando hacia la Tierra, a 4.000 millones de años luz de distancia.

¿Por qué es importante? Porque el neutrino detectado sitúa a los astrónomos en el origen, o al menos en uno de ellos, de los rayos cósmicos, partículas ultraenergéticas que bombardean continuamente la Tierra desde el espacio, cuya procedencia es un misterio desde que fueran descubiertas en 1912. Es un nuevo hito para la física de partículas, como así se ha destacado en dos artículos científicos publicados en Science y anunciado por la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos.

«El neutrino que se ha detectado es de muy alta energía, unas 40 veces superior a la generada en el acelerador de partículas LHC», explica Enrique Zas, del Instituto Galego de Física de Altas Enerxías (IGFAE) y experto en neutrinos, aunque en esta ocasión no ha participado en el hallazgo.

Los fogonazos de rayos cósmicos están formadas de protones y núcleos atómicos acelerados a altísimas energías, pero que son desviados en su camino a la Tierra. No ocurre lo mismo con las partículas fantasma, que también son un subproducto de este proceso. Por eso son la pista que conduce a lo que aún sigue siendo uno de los grandes misterios del universo, aunque desde ayer un poco menos. Con la nueva información al alcance de los observatorios, los científicos han abierto también una nueva ventana para la comprensión del cosmos, en lo que ya se ha denominado como astronomía multimensajero, que se inició el pasado año con la detección simultánea de un choque de estrellas de neutrones mediante ondas gravitacionales y electromagnéticas. Ahora habrá que añadir también los neutrinos como un nuevo instrumento de búsqueda hacia lo desconocido.

«Nos está dando una información totalmente nueva. Es un conocimiento básico que nos permitirá avanzar hacia un nuevo conocimiento que ahora aún no nos imaginamos adonde nos podrá llevar», destaca un entusiasmado Enrique Zas.

«Esta es la primera evidencia que tenemos de una galaxia activa emitiendo neutrinos, lo que significa que pronto podremos empezar a observar el cosmos usando los neutrinos para aprender más sobre estos objetos en formas que serían imposibles solo con la luz», aclara Marcos Santander, profesor de la Universidad de Alabama y participante en el hallazgo.

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