La huella gallega del submarino nazi

Dos nietos y la nuera del capitán de la nave que se hundió hace 75 años en aguas de Bares son vecinos de la zona

Dirk Simón, Jennifer María y Pilar, en la playa de Esteiro, cerca de donde se hundió la nave
Dirk Simón, Jennifer María y Pilar, en la playa de Esteiro, cerca de donde se hundió la nave

MAÑÓN / LA VOZ

Dentro del Chiringuito de Esteiro, en la playa del que tomó el nombre, se escucha hablar alemán. La que lleva la voz cantante es Pilar Díaz, que conversa con sus hijos, Dirk Simón y Jennifer María, de apellido Wolf. Es una mezcla entre lo germano y lo gallego. Y allí, en la zona de O Barqueiro, municipio de Mañón, lleva siendo así desde hace casi 75 años. «Cuando mi suegro venía aquí de vacaciones, íbamos a la playa y él estaba sentado siempre en el agua, nunca nadaba. Por eso, le pregunté a mi marido si su padre no sabía nadar, cuando había sido profesional de waterpolo. Me contestó que desde que ocurrió lo del submarino y le tocó nadar siete horas seguidas, nunca más volvió a nadar», narra Pilar. El submarino del que habla es el de origen nazi que volvieron a localizar la semana pasada dos buzos y un arqueólogo gallegos, el U 966 Gut Golz. Y su suegro es Eckehard Wolf, el capitán, que vivió el 10 de noviembre de 1943 el peor día de su vida, con el hundimiento de la nave en plena Segunda Guerra Mundial.

A las cuatro y media de la mañana, el submarino fue detectado por los aliados y lo dejaron tocado. Tanto, que Wolf decidió detonar su propia nave en las cercanías de punta Maeda (Estaca de Bares). Varias embarcaciones de la zona salieron en busca de los náufragos. Aunque muchos fallecen en el mar, se contabilizaron hasta 39 supervivientes. Uno de los rescatadores, José Armada, le preguntó a Reinhard Pelz, de la nave, si era alemán, vocablo que en su idioma suena a una palabra que significa «todos los hombres». Así que Pelz, le contestó: «No, todos no, aún vienen más detrás».

Es una de las anécdotas que rememora Dirk de su abuelo, aunque «no hablaba mucho de aquello», cuenta Pilar. «Había que preguntarle para que te contase algo del hundimiento, se explayaban más los amigos», comenta la nuera del capitán, que asegura que en el submarino «lo querían como si fuera un hermano». «Era muy inteligente y humilde», añade.

Vínculo irrompible

Desde el rescate, el vínculo entre los alemanes y los locales fue irrompible. Después de unos días en la zona, en los que se organizaron los entierros, los supervivientes fueron llevados a Ferrol, como cuenta Dirk y también la publicación Lobos acosados, de José Antonio Tojo Ramallo, que la familia muestra como referencia de la historia. Sin embargo, Eckehard Wolf fue requerido por Alemania y, para llevarlo hasta allí, dado que no se podía saber de su salida de España, fue dado por fallecido en Madrid, en 1944. Voló hacia su país y no regresó a O Barqueiro hasta 1972.

Antes de marcharse, Eckhard le había dicho a su novia ferrolana, Carmen, una hija de un almirante, que volvería a verla. Sin embargo, en Alemania conoció a Anneliese, su futura esposa, y aquel noviazgo surgido en Ferrol se quedó en nada. Eso sí, no en el olvido, porque en el regreso del capitán a Galicia, él y su mujer fueron a verla, y se acabaron haciendo amigos.

Eckhard empezó a veranear entonces en O Barqueiro. Y un año después, en 1973, trajo a su hijo Yan. Este no tardó en enamorarse de otra gallega, Pilar que, con su madre emigrada en Suiza, no se pensó mucho lo de irse para Alemania. «Lo conocí en una fiesta en O Vicedo, porque mi hermano hablaba alemán y me traducía. Nos casamos en 1975 sin yo saber su idioma ni el saber el mío», relata.

En 1978, falleció Eckehard con un deseo. «Cuando yo me muera, quiero que me entierren donde está el submarino con mis colegas», les dijo a sus familiares. Así que las cenizas viajaron de Hamburgo a Galicia, donde el cura de O Barqueiro se encargó de ir a buscarlo al aeropuerto. Oficialmente está enterrado en el cementerio, pero realmente descansa en el mar. Varios barcos participaron en una emotiva ceremonia para esparcir su recuerdo en el agua.

Dos hijos de vuelta

Un año antes había nacido el primer hijo de Pilar y Yan, Jörn, que como Lukas Benjamin, vive en Alemania. El amor, como a su padre, dejó a los otros dos en Mañón. Dirk lleva aquí desde el 2007, cuando decidió quedarse con Paula, con la que acaba de tener mellizos. Jennifer decidió quedarse la Navidad del 2009, cuando se decantó por permanecer junto a Óscar, su marido, con el que ahora tiene dos hijos. Los dos hermanos Wolf se casaron en el 2013.

Pilar volvió hace apenas dos años, después de vender su casa de Hamburgo. Su marido, Yan, falleció hace siete años y su suegra, Anneliese, hace cuatro. Ellos también tuvieron el deseo de que sus cenizas estuvieran con el submarino, protagonista del suceso que acabaría marcando sus vidas y su unión, hasta hoy, con O Barqueiro.

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