«Mi sueño compensa 43 años de esfuerzo»

Xia Boyu es el primer doble amputado en subir al Everest por el lado nepalí


Nada es imposible para Xia Boyu. A punto de cumplir 70 años su escaso metro setenta de estatura es pura fibra y músculo. Es el fruto de 43 años de entrenamientos extremadamente exigentes para lograr la hazaña con la que el 14 de mayo sorprendió al mundo. Con sus dos piernas amputadas desde la rodilla, este alpinista chino logró coronar el techo del mundo. Recién salido del hospital atiende a La Voz en casa de su hija, en Pekín.

-El 14 de mayo se convirtió en el primer doble amputado en alcanzar la cima del Everest por el lado nepalí. Una vez allí, ¿qué es lo primero que le pasó por la mente?

-Me quedé en blanco. Es curioso porque cuando estaba en el campamento base pensaba que si conseguía ascender, gritaría, e incluso ensayé poses para hacerme fotos. Sin embargo, una vez allí arriba me quedé en shock. Sentí una felicidad plena y una paz que me dejaron sin palabras.

-Dice que coronar el Everest, la montaña más alta del mundo era su sueño. ¿Desde cuándo?

-Ponte cómoda que la historia es larga [risas]. La primera vez que intenté subir al Everest fue en 1975. Yo formaba parte del equipo nacional de alpinismo. A 8.600 metros nos sorprendió una ventisca y tuvimos que esperar durante dos días y tres noches para continuar. Se nos agotaron las provisiones y tuvimos que descender. Le presté mi saco a uno de mis compañeros que estaba en peores condiciones que yo y había perdido el suyo. Fue ahí cuando tuvieron que amputarme mis pies por congelación. Después, un cáncer obligó a amputarme las piernas desde la rodilla. Desde entonces, he estado entrenando para lograr ese sueño de subir a la montaña más alta del mundo y decidí no rendirme.

-Entre esa primera vez y la última, hubo otras tres. ¿Qué frustró esos intentos?

-Siempre hay elementos que uno no puede controlar. En el 2014, cuando estábamos en el campamento base, una avalancha sacudió la cima, mató a 16 sherpas y el Gobierno nepalí canceló las ascensiones. Después, en el 2015, nuestra expedición coincidió con el terremoto que sacudió Nepal. Un año después, en el 2016, una tormenta de nieve nos arruinó el plan a 8.750 metros, muy cerca de la cima (Everest, 8.840 metros). Hubo quienes me animaron a seguir, pero yo decidí desistir porque no solo estaba poniendo en peligro mi vida sino la de mis acompañantes, los sherpas, que tenían 20 años. Fue la elección más difícil de mi vida porque tenía 67 años y sabía que no tendría muchas más oportunidades.

-¿Ha pensado alguna vez en rendirse?

-Nunca. Durante 43 años me he levantado a las 4 de la madrugada cada día para entrenar. Hacía sentadillas cargando sacos de arena de 10 kilos, recorría 20 kilómetros en bicicleta, etc. Solo en el 2017, cuando el Gobierno nepalí prohibió a los discapacitados subir al Everest, pensé que nunca lo conseguiría. Puse una denuncia porque me parecía una discriminación injusta, gané y sin pensarlo me lancé de nuevo al reto. Ahora ya puedo descansar.

-¿De verdad va a descansar?

-Bueno, seguiré entrenando pero con más calma. Ahora tengo otros retos más asequibles como dar la vuelta al mundo en coche o caminar por rutas ancestrales.

-¿Ya está totalmente recuperado tras alcanzar la cima del Everest?

-He estado una semana en el hospital y aún tengo congelaciones en la cara y en los dedos. Las piernas están hinchadas y las prótesis me hacen daño. Aún necesitaré unos días para volver a la acción, pero puedo decir que cumplir mi sueño compensa los 43 años de dolor y esfuerzo.

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