La generación que lo quiere todo ya

Psicólogos, sociólogos y profesores hablan de la juventud que llega: chicos marcados por la inmediatez de Internet que desafían a la autoridad y la cultura del esfuerzo


redacción / la voz

Asomarse a la generación que este año cumple los 18 años genera en muchos cierto vértigo. La sensación de ruptura es total. Semeja que llega una nueva manera de ser y estar el mundo. Y todo se reconduce al mismo sitio. Aunque las generaciones anteriores hayan visto transformada su vida con Internet, en este caso la Red marca una diferencia radical. «Afecta totalmente á forma de vivir e de comportarse», dice Antonio Valle Arias, catedrático de Psicoloxía Evolutiva e da Educación da UDC. «Para estos jóvenes ya no hay diferencia entre la vida on-line y off-line», opina Antonio Rial, doctor en Psicología Social y profesor de la USC.

Frente a ello hay expertos que tiran de freno de mano. El catedrático en Sociología de la UDC Antonio Izquierdo resulta tajante: «No creo que haya una ruptura generacional. Estos jóvenes nacen en ese contexto tecnológico, pero no es una burbuja. Siguen creciendo en el seno de familias, de barrios y amigos. Por mucho que manejen las redes sociales siguen teniendo contacto humano con otras personas. Esa interpretación creo que es más un deseo que una realidad».

El mundo universitario recibirá a parte de estos chicos en el próximo curso. Según sus profesores actuales, se trata de una generación con cierta conciencia social en temas como el ecologismo y el feminismo, con el eco de la crisis económica retumbando en los oídos y, por supuesto, con esa dependencia total de la tecnología. «É un cambio tremendo e ás veces atopamos situacións límite e patolóxicas», advierte Xabier Camba, profesor del IES Luis Dieguez de A Estrada. «Están muy metidos en lo del móvil. Me dicen que hasta estudian con música porque les ayuda a concentrase», dice Amparo Vázquez que da clase en el IES As Lagoas de Ourense.

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Ellos son los primeros gallegos mayores de edad del milenio Nacieron en el 2000, con Internet en el hogar, llegaron a la adolescencia con los «smartphones» y este año cumplen 18

Esta profesora pone el acento en el «sorprendente» compromiso con el feminismo: «Vas a la manifestación del 8M y ves a tus alumnas en primera fila. Incluso esas que en clase son calladas y no llaman la atención aparecen ahí. Es algo muy nuevo». En ese sentido, la visión sociológica de Antonio Izquierdo habla de la mezcla de todo ese espíritu con el crac económico: «Estos jóvenes han respirado la quiebra de la antigua jefatura del hogar. La crisis afectó sobre todo a la construcción y sectores anexos, con mayoría masculina. Ellos han crecido en ese clima».

Desde la psicología, Antonio Valle advierte que existe un fondo muy negro tras ese fervor igualitario: «Temos estudios científicos e empíricos que indican un aumento de comportamentos machistas alarmantes, con actitudes de control dos mozos sobre as mozas». Además, habla de un cierto abrazo a los llamados valores finalistas: «Queremos ser moi todo. Moi ecoloxistas, moi pacifistas, moi feministas... Pero na práctica existen outros valores máis instrumentais en retroceso, que son o medio para lograr iso. Vense moitas incoherencias. Está a responsabilidade, o traballo ben feito e o esforzo. Ocupan un lugar illado. Creo que seguen tendo os mesmos pequenos fallos que antes».

Ahí aparece otro de los rasgos distintivos: la inmediatez y la sensación, aupada por la tecnología, de que todo se puede conseguir con un clic. «Impera esa mentalidad de «tengo un problema y lo resuelvo en Internet.» Se pierde todo el proceso, generando una escasa resiliencia cuando aparecen las dificultades. Falta una cultura del esfuerzo que se está perdiendo», apunta Antonio Rial.

Esta actitud repercute en las relaciones humanas. «Predominan nestes rapaces as relacións que algún sociólogos chaman de microondas: breves, ás veces intensas, pero non duradeiras -advierte Antonio Valle-. Cando antes existían outro tipo de relacións estas tiñan unha carga emocional maior. É un reflexo do que hai no mundo de Internet. É esa especie de picoteo informativo, que se traduce nun picoteo a nivel de relacións sociais, de non implicarse moito non vaia ser que dea problemas».

Ellos son los primeros gallegos mayores de edad del milenio

Javier becerra
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Ellos son los primeros gallegos mayores de edad del milenio Nacieron en el 2000, con Internet en el hogar, llegaron a la adolescencia con los «smartphones» y este año cumplen 18

Nacieron en el 2000, con Internet en el hogar, llegaron a la adolescencia con los «smartphones» y este año cumplen 18 años

Esta generación es muy diferente a las anteriores. Mientras la X (nacidos entre 1965 y 1978) y la Y (de 1979 a 1996) repudiaban la etiqueta que les endosaba la sociología, aquí se acepta sin problemas. Son la Generación Z, marcada por el hecho de haber nacido en una cuna digital. «Sí, yo creo que toda esa tecnología nos ha marcado», dice el pontevedrés José María Carrera, que estudia 2.º de bachillerato en Los Sauces. «La tecnología está en todas partes, en nuestras relaciones, en nuestro entretenimiento, en todo», opina Guillermo Madriñán, estudiante compostelano del IES Rosalía de Castro. «Creo que nos diferenciamos más nosotros respecto de la gente del siglo anterior que ellos comparados con alguien de la Edad Media», apunta su compañera Sara Pietro.

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«Dominan as ferramentas de comunicación, pero dunha maneira moi inconsciente»

La omnipresencia de la tecnología en esta generación crea mucha preocupación entre los especialistas. Pese a las campañas de información en los colegios e institutos (con presencia de la Policía Nacional y la Guardia Civil, incluso) advirtiendo de los riesgos que pueden tener sus actos en las redes sociales, las conductas temerarias se encuentran a la orden del día. Lo dice Antonio Rial. «Es cierto que tienen una percepción del riesgo de esas conductas, pero a muchos les compensa asumirlo, porque logran a cambio notoriedad», afirma. «Dominan as ferramentas de comunicación, pero dunha maneira moi inconsciente», corrobora Xabier Camba.

Por otra parte, aparecen una serie de certezas («la salida de la crisis ha sido por abajo y saben que no tendrán salarios altos», dice Antonio Izquierdo) e incertidumbres («no hay seguridad laboral, ni trayectoria», añade) que condicionan totalmente su futuro. O al menos la borrosa imagen que tienen de cómo va a ser. «Gozan dunha serie de vantaxes moi grandes que non tivo ningunha outra xeración anterior, pero todo se desenvolve nun mundo que é tan cambiante que o que vai vir é imprevisible para eles. Ninguén pode facer una previsión a medio prazo. É unha sensación de desconcerto», apunta Antonio Valle.

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