La depresión tiene nombre de mujer

Un alto grado de autoexigencia, sumado a factores biológicos, contribuye a que la incidencia de esta enfermedad sea mayor entre el sexo femenino que el masculino


Ibiza / EnviadA ESPECIAL la voz

«La primera vez que caí coincidió con que me cambiaron el horario de trabajo. Tenía jornada reducida y me obligaron a trabajar a jornada completa. Eso descuadró mi vida. El mundo se me cayó encima. Me empecé a sentir muy agobiada pensando que no podría cumplir bien con mi trabajo y cuidar a mis hijos, cuando en realidad ese no era el problema». Rosa sufre depresión. Tuvo un primer brote, tardaron en diagnosticarla prácticamente dos años, probó terapias alternativas que no le dieron frutos, lo superó con ayuda de medicación y luego volvió a caer. Está mejor, aunque aún no se ha recuperado de ese segundo golpe. Pero el viernes fue valiente al contar su historia en el 17.º Seminario Lundbeck para hablar de la depresión invisible y de cómo esta enfermedad, todavía muy estigmatizada, afecta a los millennials o generación Z. Porque aunque ella no pertenece a esa generación pone cara a una estadística que dice que el Trastorno Depresivo Mayor (TDM) presenta una prevalencia anual estimada en España del 4 % y el riesgo de sufrir al menos un episodio de estas características es del 10,6 %.

Además tiene una especial incidencia entre las mujeres. Una de cada cinco la sufren frente a uno de cada diez hombres. La presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid y jefa de la sección de psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos, Marina Díaz Marsá, desgranó algunos de los factores que explican por qué «la depresión es más cosa de mujeres». Durante su intervención habló de cómo las mujeres tienden a «experimentar más síntomas depresivos cognitivos y somáticos en comparación con los varones». Entre otras cosas, añadió, por la influencia de las hormonas gonadales sobre los neurotransmisores cerebrales que provocan trastornos depresivos específicamente ligados al ciclo reproductivo. No solo eso. También son más sensibles, pero además la sobrecarga a la que se ven sometidas al tener que cumplir unas expectativas en el trabajo, en casa... contribuyen a esa diferencia en la incidencia.

Lo que no saben descifrar aún los expertos es por qué tanta gente la sufre. El director del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del Hospital del Mar y coordinador del Programa de investigación en depresión y prevención del suicidio del Centro de Investigación en Salud Mental, Víctor Pérez Solá, habla de factores como el genético -que tiene entre un 30 % y un 40 % de influencia-, el entorno en el que nace una persona, las relaciones con la familia o las vivencias de la primera infancia. Todos son ingredientes que contribuyen a la aparición de la patología. Por eso, resulta muy importante hacer un diagnóstico y un tratamiento precoz para evitar consecuencias que van desde los problemas de atención a las dificultades académicas o laborales.

Pero a la hora de detectarla hay un gran obstáculo: «El diagnóstico se retrasa porque los adultos jóvenes no suelen acudir a los centros de salud». Ahí juega un papel importante el médico de familia. La especialista en esta materia y secretaria del grupo de salud mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, Silvia López Chamón, apela al trato cercano con las familias que atienden estos facultativos para poder detectarla y actuar. Pero al mismo tiempo reconoce las limitaciones de tiempo y recursos que tienen para poder realizar esta importante labor preventiva.

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