La muerte asistida, legal en seis países del mundo y cinco estados de EE. UU.

Brittany Maynard se mudó a Oregón para poder acogerse al suicidio asistido y el científico David Goodall viajó a Suiza para poner fin a su vida con ayuda médica


redacción / la voz

La polémica de la muerte asistida lleva décadas sobre la mesa, y su debate está hoy más candente que nunca. En la actualidad solo hay seis países y cinco estados americanos que permiten esta posibilidad en alguna de las dos modalidades utilizadas: eutanasia o suicidio asistido. La diferencia entre ambas es que, en el primer caso, la muerte se produce por la intervención de un profesional sanitario; mientras que en el suicidio asistido tiene que ser la propia persona la que ejerza el papel de tomarse el medicamento o realizar la acción que le lleve a quitarse la vida, tras una prescripción médica y, habitualmente, con ayuda de miembros de las oenegés.

La eutanasia actualmente está permitida en Holanda (2002), Bélgica (2002), Luxemburgo (2009), Colombia (2015) y Canadá (2017). El suicido asistido se practica en Suiza desde los años 40, y con el paso del tiempo han adoptado esta opción también cinco estados de EE. UU.: Oregón, Montana, Vermont, Washington y California. En el caso de este último, la decisión estuvo fuertemente unida al mediático caso de la joven Brittany Maynard, una mujer de 29 años con cáncer cerebral que residía en este estado y, tras luchar por la aprobación de la ley, acabó mudándose a Oregón para poder llevar a cabo su último deseo.

Recientemente, el científico australiano David Goodall, de 104, se trasladaba a Suiza para poner fin a su vida mediante el suicido asistido. Se quejaba de no poder hacerlo en su país, Australia, a pesar de haber sido aprobado en el estado de Victoria, pero solo a partir de junio del 2019 y para pacientes en fase terminal con una esperanza de vida de menos de seis meses. «No soy feliz. Quiero morirme, -aseguraba-. No es particularmente triste. Lo que es triste es que me lo impidan. Mi sentimiento es que una persona mayor como yo debe beneficiarse de sus plenos derechos de ciudadano, incluido el derecho al suicidio asistido».

Otro de los casos que más atrajo la atención de los medios fue el de la atleta paralímpica belga Marieke Vervoort, que poco antes de competir en Río de Janeiro ya anunció su intención de solicitar la eutanasia. Vervoort, que sufre una paraplejia progresiva desde los 14 años, anunció a principios de este año que buscaba fecha para este 2018. «No estoy asustada. Para mi morir es como dormirse y no volver a despertar nunca. Dormir y no volver a sentir dolor nunca más».

Este año se cumplen 20 años de la muerte de Ramón Sampedro, el primer español que reclamó ante los tribunales el derecho a una muerte digna. Una lucha sobre la que el gallego dijo en su día: «Solo el tiempo y la evolución de las conciencias decidirán si mi petición era razonable o no».

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