Galicia inicia la liberación de 790.000 depredadores de la avispilla del castaño

La plaga avanza sin control y se ha extendido por prácticamente toda la comunidad


redacción / la voz

«É coma se houbese un grande incendio en todos os soutos de Galicia». Jesús Quintás, presidente de la Indicación Xeográfica Protexida (IXP) Castaña de Galicia, explica de forma gráfica los devastadores efectos de la avispilla del castaño (Dryocosmus kuriphilus), la plaga más temida por los productores. Desde que apareciera en la comunidad en el 2014 en focos aislados de Lugo y Ourense, después de que dos años antes llegase a España por Cataluña y afectase posteriormente a Cantabria y Andalucía, la expansión del insecto originario de China ha sido meteórica. Mucho peor incluso de lo que se había vaticinado, hasta el punto de que a día de hoy ha invadido prácticamente toda Galicia. «Avanza a unha velocidade terrible e o que hoxe é excepcional son as plantacións de castiñeiros onde aínda non chegou», constata Quintáns, quien recuerda que desde hace ya siete años los productores habían pedido al Ministerio de Medio Ambiente que extremaran las precauciones y que se prepararan para lucha biológica, tal y como se hace en otros países europeos, por si la plaga acababa irrumpiendo. «Logo, hai tres ou catro anos, cando xa a tiñamos encima e advertimos dos riscos, dicíannos que eramos uns esaxerados. E agora están asustados ante o que se lles vén enriba», añade.

 

Galicia, por contra, fue la comunidad que antes reaccionó ante la plaga con la suelta experimental, ya en el 2015, de 1.500 ejemplares de Torymus sinensis, que parasita las puestas de huevos de la avispilla del castaño y se come sus larvas, con lo que de esta forma se convierte en el antídoto natural contra su avance. Al año siguiente se liberaron otros 65.000 ejemplares y en el 2017 otros 133.000. Pero era una cantidad prácticamente simbólica para hacer frente a un enemigo muy poderoso y que, según las estimaciones de Medio Rural, se ha extendido ya por prácticamente toda la comunidad. La gran ofensiva empezó esta primavera, hace poco más de una semana, con la dispersión en las poblaciones de castaños de 790.000 individuos del insecto parasitoide, de los que ya se han lanzado 513.000. Es un número importante, pero muy por debajo del millón y medio que estaba previsto que se esparciesen en el entorno.

Galicia fue la primera comunidad en utilizar la plaga biológica contra la avispilla, pero ahora también se han sumado a la iniciativa Andalucía, Asturias y Castilla y León. Esta práctica también es recurrente en otros países europeos que llevan años con la plaga, por lo que el problema radica en que no hay un número suficiente de Torymus sinensis, que se importan principalmente de Italia, para abastecer las necesidades del mercado.

«Este ano non puidemos conseguir máis parasitoides porque non hai en stock, pero manteremos o programa nos próximos anos», confirman desde la Consellería de Medio Rural. La liberación del depredador natural solo se puede hacer en unos días determinados de primavera, justo en el período en el que están a punto de eclosionar los huevos de la avispilla, por lo que también será necesario esperar hasta la próxima primavera para realizar nuevas sueltas. 

«Vai ser algo terrible»

Solo si se continúa de forma sistemática con las liberaciones se puede hacer frente a una plaga que este año ha atacado a municipios productores tan emblemáticos como Viana do Bolo, A Gudiña, Riós o Cervantes. Esta temporada, sin embargo, no está previsto que se produzca una merma importante en la producción de este fruto en Galicia, la comunidad que más castañas exporta en un negocio que mueve en torno a 40 millones de euros al año. Los efectos más perjudiciales, que llevan incluso a la muerte del árbol, se notan más a largo plazo, al cabo de tres o cuatro años, de ahí también la importancia de atacar cuanto antes a la avispilla para frenar su puesta incontrolada de larvas y salvar a los castaños. «Se non conseguimos parala, en Galicia vainos afectar moito, vai ser algo terrible para as zonas do interior, onde miles de familias viven das castañas», advierte Jesús Quintáns.

Una solución a la escasez de depredadores del minúsculo insecto, de entre 2 y 3 centímetros, pasa por su cría en cautividad. Es lo que se está intentando de forma pionera en España en el vivero de Tragsa en Ourense, en un proyecto encargado por la Xunta. Ya han surgido los primeros ejemplares, pero aún son muy insuficientes. Habrá que esperar de dos a tres años para lograrlo.

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