«Con un cáncer en estadio IV me dice el funcionario que hay que aguantarse»

Una vecina de Oleiros con incapacidad absoluta espera desde hace un año a que se acredite su minusvalía

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a coruña / la voz

Guadalupe Romero se considera una «afortunada». Lupe tiene 49 años, es madre de dos gemelos a los que adora y, por mala suerte en el azar estadístico, desde hace dos años y medio tiene cáncer. Un cáncer que le han diagnosticado como crónico, es la tercera vez que va a quimioterapia tras afectarle a varios órganos. Con una incapacidad laboral absoluta reconocida por el Instituto Nacional de la Seguridad Social, lleva un año esperando a que la Consellería de Política Social se pronuncie.

El organismo autonómico es el que decide el grado de discapacidad con el que podría optar a beneficios sociales. «Presenté la solicitud hace un año. Como pasaban los meses, llamé. Ni me preguntaron mi nombre ni mi número de expediente. Me dijeron que mis papeles estarían en el montón y que ahora aún estaban viendo los del 2016. Tengo cáncer en estadio IV, el más grave, y el funcionario me dice que hay que aguantarse y esperar a que llegue mi turno. Yo pienso: ¿Cuándo será mi turno? ¿Cuando muera?». Aunque relata el episodio indignada, no se viene abajo. «No estoy preocupada por mí. Soy afortunada. Tengo una pensión por mi trabajo y estoy muy arropada por mi marido y mi familia. Pero también tengo dos hijos de 13 años que quiero que estudien, una hipoteca y la enfermedad, que sigue ahí», expone.

«Me responden que llamadas como la mía reciben 20 al día, que vaya a la Justicia si quiero»

Incapacidad y discapacidad, aunque próximos, son términos diferentes y los tramitan administraciones distintas. «Con una discapacidad igual o superior al 65 % -continúa Lupe?, seríamos reconocidos como familia numerosa y tendríamos bonificaciones en la luz o en el colegio. No me va la vida en esto, nos arreglamos, pero yo no elegí tener esta enfermedad». Lupe busca la orden publicada en el DOG en el 2015. La tiene a mano. Dice: «El reconocimiento del grado de discapacidad se resolverá en el plazo máximo de tres meses». Ella es una de las 17.000 personas que, admite la Xunta, están pendientes de que se tramite su minusvalía. «Hablan de 200 días como mucho de espera. Van 365 y hay gente que lleva más de dos años», critica. «Hay enfermedades que son obvias, pero hay otras que no se ven. Ves mi rostro y no se nota. Pero...». Lupe levanta la camiseta para mostrar su vientre. Ha pasado por cuatro operaciones, «tres enormes, en un año. Mi único tratamiento ahora es la quimio». Volvió a llamar. «Me responden que puedo ir a la Justicia o manifestarme. Que llamadas como la mía hay 20 al día. No estoy para eso. Pero lo que más me indigna, y por eso saco fuerzas para hablar, es por la gente que está en una situación peor, mucho peor, para la que sí es imprescindible este trámite. ¿Cómo puede tardar en resolverse más de dos años?». Ella no se rinde porque: «¡Aún no estoy desahuciada!», bromea mientras se señala.

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