«Un mileurista no puede permitirse un cuidador para un dependiente»

Estiman que 900 gallegos dejaron el trabajo en el último año para atender a familiares


redacción / la voz

Hace unos ocho años que Dolores Rey, Loli, comenzó a hacerse cargo de su madre dependiente. Primero lo hizo después de que esta sufriera un infarto de miocardio en el 2010. Pero sus cuidados comenzaron a ser permanentes cuando comenzó a quedar atrapada bajo la sombra del alzhéimer en el 2015. Loli dice que tiene suerte. Trabaja en Navantia, con un horario de seis menos cuarto de la mañana a dos y media, aunque a veces se lleva trabajo para casa. Su marido también tiene un buen empleo. Además les han concedido plaza en el centro de día de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer de Ferrol (Afal). Entre sus sueldos, más la ayuda de jubilación de su madre, pueden pagar a una cuidadora externa que cubre las horas que ella está en el trabajo o las pocas que ella misma se toma para respirar porque, como le han aconsejado en Afal, «el cuidador tiene que cuidarse».

Por eso, dice que dentro de lo que cabe es afortunada. Porque, como apunta, alguien que «tenga un salario de mileurista no puede permitirse un cuidador externo, a menos que lo paguen entre varios». Cuidar a un dependiente es «bastante caro», incluso aunque haya ayudas públicas. Un total de 13.105 personas son beneficiarias en Galicia de ayudas para el cuidado de algún familiar. No hay lista de espera, según Política Social.

Esa es justo la razón por la que, como apunta una investigación realizada por la Fundación Adecco y Previsora Bilbaína basándose en datos de la Encuesta de Población activa (EPA) con motivo del Día Internacional de la Familia que se celebra cada 15 de mayo, unos 900 gallegos han tenido que dejar su empleo para cuidar a sus familiares dependientes durante el último año. También apunta que el número de inactivos que no buscan empleo por cuidar a familiares ha crecido un 27 % en Galicia en el último año, pasando de 3.300 en el 2016 a 4.200 el año pasado. El informe añade que un 35 % de los trabajadores con familiares dependientes han tenido que rechazar empleos, un 20 % decir no a una promoción. La mayor parte son mujeres mayores de 45 años. En Galicia, como muestran los datos del Imserso a los que alude la Consellería de Política Social, había a 31 de marzo de este año 67.195 personas dependientes con derecho a prestación, de las que 55.293 la están recibiendo. De ahí que haya 11.902 aguardando por ella.

«Más ayudas»

Aunque no es el caso de Loli, que no ha tenido que dejar el trabajo para cuidar a su madre, entiende que haya personas que tengan que haber tomado esa alternativa. Por eso reivindica más ayudas para que los cuidadores no se tengan que hacerlo y, además, tengan un momento para respirar «También sería bueno que ahora que dicen que nos estamos recuperando de la crisis aumentaran las ayudas sociales o levantaran residencias más cerca de los hogares», dice.

Ahí la conciliación familiar y laboral también es clave. Pese a que no es una reivindicación nueva, las Asociaciones de Familias que hay por todo el territorio español volvieron este lunes a pedir mejoras en este campo, además de fomentar la corresponsabilidad en el hogar para acabar con las «devastadoras» cifras de natalidad que hay en España, como adelantó Europa Press. Desde colectivos como el Foro Español de la Familia, la Federación de Familias Numerosas o The Family Watch creen que habría que aprobar un Acuerdo de Estado por la Maternidad y una Ley Integral de la Familia que «acabe implicada en su protección y promueva la conciliación».

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Ve casos cada día. Por eso, Rita Touza, psicóloga clínica de la asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Ferrol (Afal), sabe lo complicado que es para la gran mayoría de los cuidadores compatibilizar la vida laboral con la responsabilidad que supone atender a una persona dependiente. Tanto que, como dice, «requiere mucha ayuda externa y cuando no la hay puede acabar llevando a tener que dejar de lado las responsabilidades laborales o pedir una reducción de jornada. Además muchas veces pueden presentarse imprevistos que acaban repercutiendo en el rendimiento laboral». En los dos centros donde trabaja hay casos que han tenido que hacerlo al no poder combinar ambas ocupaciones.

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